Hace cinco meses, cuatro chicas entusiasmadas entraron con su madre en una zona de máxima seguridad luciendo la misma camiseta negra, en la que iba estampada una foto de su padre. Unos minutos después, este salió de un edificio vigilado por el ejército, entre flashes y cámaras de televisión, y les miró con los ojos humedecidos desde el otro lado de la valla. No podía acercarse ni tocarlas. Tenía que respetar la cuarentena, porque en unas horas iba a subirse al cohete tripulado más potente de la historia y se iría a la Luna. Sin hablar, se decían todo, y el resto del mundo les entendía.
Aquel hombre era el californiano Victor Glover, que a sus 50 años se ha convertido en uno de los cuatro humanos que más lejos de la Tierra han viajado en el espacio. Es el primer astronauta en pilotar la nave Orion, y el primer astronauta negro que ha viajado a nuestro satélite. Sus ojos han observado zonas de la cara oculta que nunca antes habían sido vistas.
Tras haber llegado a lo más alto con la misión Artemis II, Glover se acaba de retirar como astronauta de la NASA en activo. De todos los empleos que podía haber elegido, ha querido volver a la Universidad Politécnica Estatal de California (Cal Poly), el centro público donde estudió la carrera y conoció a su mujer.
Capitán de la Marina, piloto de pruebas y veterano de 24 misiones de combate durante la guerra de Irak en 2006, es además el primer astronauta emérito en toda la historia de la NASA. Este nuevo estatus lo comparte con Reid Wiseman, comandante de Artemis II. Así quedan ligados a la agencia para formar a nuevos reclutas espaciales y, sobre todo, evitan el título habitual de astronauta retirado, que no les hacía gracia.
Glover viajará por primera vez a España tras su regreso de la Luna para participar en el Festival Starmus, que se celebra en octubre en la isla canaria de La Palma. Allí compartirá escenario con sus camaradas Wiseman y el canadiense Jeremy Hansen, además de importantes científicos, ingenieros y ocho premios Nobel. En esta entrevista, la primera a un medio en español desde su visita a la Luna, el astronauta revive su experiencia, habla de la carrera espacial con China y defiende la decisión del Gobierno de Donald Trump de eliminar el compromiso de que los primeros en pisar la Luna en 2028 sean una mujer y un hombre no blanco.
Pregunta. Aquella despedida…
Respuesta. Fue conmovedora. Mi parte favorita de las misiones espaciales es lo que hacen con la familia. Es mucho más importante que los cohetes, las naves. Me muero de vergüenza de ver mi cara en una camiseta, pero me encantó porque las ayudó a pasar el mal trago. Fueron momentos muy duros.
P. Tras su vuelta decía que no encontraba las palabras para describir lo que vivió. ¿Ya lo ha conseguido?
R. Aún siento que las palabras se quedan cortas. ¿Sabes esos vídeos de chimenea en YouTube, que no tienen nada que ver con sentarte al lado de un fuego de verdad? Esto es lo mismo multiplicado muchas veces. Pasamos nueve días y dos horas viviendo en la nave Orion. Fue alucinante. Cuando se encendieron los motores el 1 de abril, seis segundos antes de despegar, todos seguíamos pensando que no saldríamos y que era una pena que hubiesen tenido que encender los motores para nada. Así que cuando vimos que sí nos íbamos, nadie estaba más sorprendido que nosotros.
P. ¿Cuál fue el momento más especial?
R. Me gusta contar que fue el eclipse de Sol que vimos. Fue un momento muy poderoso, una de las vistas más únicas que haya contemplado un humano. Pero me quedo con lo que pasó el día después, el séptimo de misión, que teníamos día libre. Lo necesitábamos para asimilar todo lo que había pasado, y porque la nave estaba hecha una leonera, y había que limpiar. Ese día hicimos una conexión con la Estación Espacial Internacional, hablamos y vimos a otros astronautas, Jessica Meir, Chris Williams, Jack Hathaway, Sophie Adenot y los colegas internacionales, y sentimos como si estuviesen en la nave con nosotros. Para mí fue uno de los momentos más importantes de la misión.
P. En 2023 nos confesó que su país estaba muy dividido y que esperaba que Artemis diese un poco de luz y unidad. ¿Cree que lo han conseguido?
R. Te voy a contestar y luego te voy a hacer una pregunta a ti y a tus lectores. Lo que hicimos fue enseñarle a todo el mundo, a todo el planeta, que podemos ser humanos, todos juntos y a la vez. Cuando pasamos a la cara oculta de la Luna, fue uno de los momentos de mayor cercanía entre nosotros, a pesar de que no había comunicación con la Tierra, ni con la estación espacial, ni siquiera con los astronautas chinos de la estación Tiangong; nadie. Y aun así fue un momento de unidad de la humanidad en una escala sin precedentes. Para mí eso es lo más importante de Artemis II. Ahora pregunto a tus lectores, ¿por qué os interesó seguirnos? Si conseguimos entender por qué conseguimos estar tan unidos como una sola especie, podemos controlarlo y hacerlo de nuevo ante otros de los muchos problemas que afrontamos.
P. ¿Es posible que los que no hemos viajado al espacio veamos un poco más difícil solucionar la guerra o el cambio climático apelando a la unidad?
R. Sí, y aquí es donde viene la confianza. He viajado, junto a Christina, Reid y Jeremy, más de un millón de kilómetros para llegar a una distancia récord de 406.771 kilómetros de la Tierra. Hemos estudiado geología, ciencia y escritura creativa para describiros cómo es la Luna, como referente cultural, científico y religioso. Y cuando miramos al otro lado y vimos la Tierra desde tan lejos, nos venían a la mente las mismas palabras que usaron los astronautas del programa Apolo hace 50 años, aunque ellos no habían estudiado todo eso y en muchos casos solo supieron sacar la Biblia y leerla. Hablaban de amor, paz y esperanza, igual que nosotros. Y esto no es buenismo, ni kumbayá. El universo nos cuenta cosas cuando viajamos al espacio profundo. Pero incluso si no puedes hacerlo, escucha a quien sí lo ha hecho, porque volvemos con lo mismo: tenemos que amarnos los unos a los otros y a nuestro planeta. Hay un dicho en inglés: la familiaridad engendra desprecio [semejante al castellano la confianza da asco]. Yo creo que es peor, genera indiferencia. Podemos cometer el error de dar nuestro planeta por sentado. Nosotros estamos aquí para que os deis cuenta de que este oasis que tenemos dentro de un cosmos vasto y lleno de vacío es un milagro y deberíamos estar locamente agradecidos por él. Si podemos tener esa perspectiva, tal vez podamos cambiar nuestra forma de pensar en la guerra, el hambre, las enfermedades. Es un reto, pero piensa que nunca antes tanta gente ha sabido leer, nunca ha habido menos embarazos de menores, nunca hubo menos esclavos que ahora. No es complacencia, es un recordatorio de que hay que seguir trabajando todos juntos.
P. Es el primer negro en ir a la Luna. ¿Qué ha significado para usted?
R. Hay otro dicho: no puedes ser lo que no puedes ver. Cuando era un chaval, recuerdo sentir que nunca podría ser astronauta. No había ningún camino que yo viera para conseguirlo. Es importante que los que ahora son chavales, los de color, sí lo vean. Todos podemos hacerlo; si tienes una mentalidad de crecimiento, eres entrenable, buen jugador de equipo y aprendes allí donde vayas. Mi abuelo, que luchó en la guerra de Corea y sigue vivo, ha visto que su sacrificio sirvió para que su nieto fuese al espacio. Dicho esto, yo fui a la Luna por todos, por toda la humanidad.
P. ¿Serán una mujer y una persona no blanca los primeros en volver a pisar la Luna en 2028?
R. Este Gobierno ya no lo dice así. Algunas personas se enfadaron porque retiramos esas palabras de nuestra web. A mí tampoco me gusta decirlo así. El cuerpo de astronautas es tan diverso que no hace falta marcar objetivos como esos. A esta Administración no le gusta hablar de diversidad, igualdad, inclusión. Y no lo justifico, porque la diversidad y la inclusividad son valores fundamentales de la NASA. Pero sí hay una palabra contra la que no tienen problemas: excelencia. El cuerpo está hecho de gente que lucha cada día por ser excelente, entre ellos mujeres y negros. Por eso, la próxima tripulación que pise la Luna representará lo mejor del país y será diversa por naturaleza, no porque un líder haya dicho desde su despacho que mandemos a una mujer.
P. ¿Usted también hubiera quitado esas palabras de la web?
R. Sí, me parece bien que las quitaran. Imagínate que tienes un hijo que quiere ser titular en su equipo de fútbol. Parte de su experiencia es entender el trabajo en equipo. Si el entrenador no le saca y vas a decirle al entrenador que le meta, y le mete, y cuando tu hijo llega a casa te pregunta: “Papá, ¿me han sacado solo porque tú se lo pediste al entrenador?”. ¿Le vas a mentir? Imagina eso con una tarea tan importante como la de astronauta. Pensar que has sido elegido solo por tu sexo o por tu raza. Quitar esas palabras es un paso adelante. Es un tema de debate, claro. Mi mujer, por ejemplo, no está de acuerdo, y lo entiendo. Yo prefiero pensar que cuando suceda, todos celebraremos a esa tripulación, sean del sexo o el color que sean.
P. ¿Quién ganará esta carrera a la Luna? ¿Tiene China alguna posibilidad?
R. Por supuesto que la tiene. El programa espacial chino ha hecho cosas destacables. Debido a que no cooperamos con ellos en ciertas cosas, es difícil saber qué capacidades reales tienen. Han pasado de tener una estación no tripulada a otra tripulada y a otra continuamente habitada muy rápido. Pero estoy seguro de que será Estados Unidos el primero que aterrice en la Luna. Y estoy convencido porque sé lo bien que trabajamos. Nunca apuestes en contra de nuestra industria, nuestros emprendedores, nuestra innovación, sobre todo cuando tenemos tan buenos socios internacionales. No nos durmamos en los laureles, pero recordemos que hemos hecho cosas que ellos no han podido aún, como Artemis II. Tenemos ventaja. La carrera no consiste en ganar a China, que lo vamos a hacer, sino en llevar humanos a Marte. Y para lograrlo, ganaremos a China en la carrera al polo sur de la Luna.
P. ¿Cuándo llegarán los astronautas a Marte?
R. Cuando el Apolo 17 abandonó la Luna, en 1972, los astronautas decían que se llegaría a Marte en unos 20 años. El problema es que dejamos de explorar el espacio profundo. Cuando lanzamos Artemis I para probar el escudo térmico, el reloj ha vuelto a contar. Estamos a entre 10 y 20 años. Y te doy esa horquilla porque es posible que la NASA esté a 20 años, pero con empresas como SpaceX y Blue Origin, puede que lleguemos a Marte en apenas 10, por alguna revolución tecnológica que puedan conseguir. Así que lo vamos a ver antes de morirnos.
P. Un general estadounidense ha dicho que su país debe prepararse para la guerra en la Luna. ¿Qué le parece?
R. Fue muy triste oír eso. La guerra apesta, pero desafortunadamente la humanidad no ha encontrado la manera de prescindir de ella. Me encantaría que el espacio siga siendo un ámbito de unidad, que evoque lo mejor de la humanidad. Espero que los comentarios de un general no lo empañen.
P. Después de ir a la Luna, ha decidido ir a trabajar para una universidad pública. ¿Es una declaración de intenciones?
R. Es una declaración de intenciones. Mi objetivo nunca fue hacerme rico ni ser famoso, sino causar impacto. Y en este sitio puedo hacerlo. La gente está atacando la educación superior, y con razón. Se preguntan por qué la universidad es tan cara. Y por qué después de graduarse no pueden acceder a una buena vida de clase media. Tenemos que repensar la educación; asegurarnos de que los estudiantes están preparados para el mundo que les toca vivir, no el mundo en el que nosotros hemos crecido.
P. ¿Qué opina de los mensajes apocalípticos sobre la inteligencia artificial (IA)?
R. Lo único capaz de acabar con el género humano son los humanos. El desarrollo de la inteligencia artificial va mucho más rápido que nuestra capacidad de legislar sobre ella. ¿Esto qué nos dice? No que tengamos que rendirnos, sino asegurarnos de que esta tecnología sirve a los humanos. Para ello, todo el mundo debería leer sobre inteligencia artificial y entender cómo funciona. Si no lo conseguimos, no estaremos acabados por la IA, sino por nuestra falta de preparación.
P. Usted es una persona abiertamente religiosa. ¿Le ha cambiado el viaje a la Luna?
R. Si no hubiéramos despegado el 1 de abril, no habríamos visto las cosas que vimos. Y aun así habrían sucedido. El universo es tan vasto; imagina cuántas otras cosas dignas de asombro suceden sin que estemos ahí para contemplarlas. Lo que pensé durante el viaje es que nos equivocamos al centrarnos tanto en las respuestas. A veces lo más importante es la pregunta. Hoy en día la religión no es un tema popular y creo que es porque estamos acostumbrados a darnos la espalda los unos a los otros. La Biblia nos dice que fuimos creados a imagen de Dios. La ciencia nos dice que no hay nada igual a nosotros en el universo. Para mí son dos caras de la misma moneda. Si conectamos los unos con los otros, conectamos con ese poder superior, y así podemos salvarnos los unos a los otros.
P. ¿Cree que hay vida en el universo más allá de la Tierra?
R. El universo es tan grande que podríamos estar rodeados de vida inteligente y no saberlo, porque sus señales no han llegado, ni las nuestras les han alcanzado aún. Estadísticamente, debería haber más vida en el universo. Pero con todo el dinero e ingenio del Gobierno de Estados Unidos, que es la mayor entidad soberana del universo conocido, no la hemos encontrado. Esto nos dice, por un lado, que merece la pena seguir buscando. Y por otro, que cuando miramos a otra persona, estamos viendo un milagro. La unión más compleja de física, biología, matemática. Especialmente un recién nacido. Cuando abrazas a un bebé, sostienes la cosa más mágica que el universo ha producido nunca. En ese momento deberías sentirte inspirado por Dios y por el poder del universo. Somos capaces de dar vida. No deberíamos pensar mucho más allá de eso.
P. ¿Por qué ha decidido visitar España para asistir a Starmus?
R. Porque Garik Israelian [su director] me lo pidió. Me lo presentó Chris Hadfield [astronauta canadiense], alguien a quien respeto mucho. Vamos a Starmus a confrontarnos con nuestras mayores ideas desde el respeto. Voy con unas cuantas respuestas y también con preguntas sobre nuestra existencia. Y después cada uno volverá a su parte del mundo y continuará el diálogo.
Nuño Domínguez, El País de Madrid