La producción forestal es uno de los sectores económicos más importantes del Uruguay. Su fuerte crecimiento en las últimas décadas responde a la demanda local y global de madera sólida y productos de la industria celulósica. Este contexto condujo a una expansión de las plantaciones forestales en zonas del país, alineándose con políticas orientadas hacia el desarrollo de la forestación comercial. Al mismo tiempo, este cambio colocó a los sectores público y privado ante el desafío de equilibrar el crecimiento económico del país con la conservación de los ecosistemas naturales, impulsando esfuerzos entre ambas partes orientados a profundizar la investigación científica para determinar los niveles adecuados de plantación.
En las últimas décadas, desde el Estado y el sector privado se han llevado adelante numerosos estudios dedicados a medir el impacto de las plantaciones forestales sobre la cantidad y calidad de los recursos hídricos, entre otros aspectos.
"Tuve la suerte de trabajar en todo el mundo, y hay cosas de Uruguay que realmente me sorprenden alegremente hoy en día", señaló Walter Baethgen, profesor emérito de la Universidad de Columbia en Nueva York, quien destacó en entrevista con El País la aplicación de determinadas "leyes que trascienden las administraciones de turno".
"Una es la creación del INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria), una estructura totalmente novedosa con participación del sector privado en financiamiento, y, por lo tanto, en la junta directiva y la toma de decisiones, eso es espectacular. La segunda cosa son los planes de uso de suelos, que terminó siendo un éxito porque simplemente el ministerio en aquella época dedicó mucho tiempo a educar a los productores que arrendaban campos, que si no se tomaban medidas para asegurarse que no hubieran pérdidas de suelos por erosión, esos campos no podrían ser explotados por sus hijos y sus nietos", continuó Baethgen: "Y el otro ejemplo es el de la Ley Forestal. En algún momento se resolvió que la forestación era un sector que podía contribuir al país con ingresos y empleos, por lo que se determinó estimular la producción forestal de una manera muy racional".
La Ley Forestal (ley Nº 15.939), aprobada en 1987, establece que los terrenos declarados de prioridad forestal son las superficies que, por sus condiciones de suelo, aptitud, clima, ubicación y demás características, son "inadecuadas para cualquier otra explotación o destino de carácter permanente y provechoso". En total, se designaron aproximadamente 3,6 millones de hectáreas en Uruguay como superficie de prioridad forestal, de las cuales 1,5 millones cuentan con árboles, teniendo en cuenta bosques nativos y cultivados.
Esta medida, según el investigador, fue clave para intentar evitar que la industria compitiera con otras actividades importantes del país, como la agricultura y la ganadería.
A su vez, la vasta investigación científica surgida de la cooperación entre los sectores público y privado también ha sido determinante para definir prácticas de manejo de la plantación de bosques con fines comerciales, sobre todo ante la preocupación por los caudales de salida de agua de las superficies forestadas y su impacto sobre las cuencas cubiertas por pastizales.
Estudios científicos para determinar los niveles adecuados de forestación en Uruguay
Baethgen catalogó como "fundamental" para el sistema de investigación que las empresas forestales del país hayan elaborado una red de experimentos con "cuencas apareadas" para cuantificar el impacto de los cambios en el uso del suelo sobre el ciclo del agua. Este tipo de estudios se realiza en la hidrología mediante la comparación de una microcuenca experimental con árboles y una cuenca cercana cubierta con pastura, midiendo la cantidad de agua que se escurre al final de cada cuenca.
"En Uruguay estamos bendecidos por tener una red de experimentos de largo plazo", aseguró, recordando que es un recurso científico que no abunda en el resto del mundo.
La importancia de esa acumulación de datos a través de estudios científicos permite desarrollar modelos que tienen en cuenta las numerosas variables que afectan el escurrimiento de agua en las cuencas del país.
La variabilidad hídrica de Uruguay dificulta sacar conclusiones generales
Un ejemplo claro de lo valioso que es contar con datos diversos es el estudio "Modelación de procesos hidrológicos asociados a la forestación con eucalyptus en el Uruguay", realizado por la ingeniera Jimena Alonso, quien estudió varias cuencas en distintas zonas del país, con diferentes tamaños, proporciones de áreas forestadas y características topográficas. El estudio de Alonso concluye que puede haber una reducción en la cantidad de agua que sale al final de las cuencas forestadas en comparación con aquellas que no tienen árboles plantados. No obstante, en su trabajo aclara que esa diferencia varía según el tamaño de la cuenca, su topografía, tipo de suelo y otras características. En otras palabras, el efecto no es una cifra fija ni universal ya que depende de varios factores.
"Es muy difícil generalizar y decir: 'En promedio, la forestación reduce un 20 % o 30 % la cantidad de agua que sale de la cuenca', porque ese porcentaje puede ser cero o puede ser 50 % o más. Depende de las características de la cuenca", explicó Baethgen, y agregó: "Para agregarle complejidad a este tema, es que Uruguay es uno de los países del mundo que tienen más variabilidad interanual de lluvia".
Esto, según el científico, hace casi imposible realizar determinaciones concluyentes que puedan generalizarse a todo el país.
El experto en ciclos hidrológicos también puntualizó que, si se produce una reducción del escurrimiento de agua al final de una cuenca forestada en comparación con un área de pastizal, es importante considerar en qué momento del año ocurre: "La pastura consume, sobre todo, mucha agua cuando está creciendo activamente, que es en los meses menos fríos, y durante el invierno no crece. Por lo tanto, tampoco consume agua. El consumo de agua del árbol es más parejo durante el año. Entonces, si bien en los picos de evapotranspiración los valores son parecidos, el árbol va tomando y evapotranspirando agua todo el año, mientras que en la pastura hay momentos que no".
Baethgen añade que es clave tener ese proceso en cuenta porque, aunque pueden darse casos en los que se observa una reducción del caudal de agua al final de una cuenca con árboles respecto a una cuenca sin forestar, esto puede ocurrir en los meses de invierno, como sucedió en un estudio realizado en La Corona, Tacuarembó. Eso es significativo porque, en Uruguay, en términos generales, durante los meses más fríos no existe un problema de falta de agua, sino que incluso hay un excedente.
La importancia de la modelación hidrológica para determinar zonas adecuadas para la forestación
El científico explica que, en lugar de extrapolar conclusiones a partir de investigaciones aisladas, lo más adecuado es reunir los datos disponibles y utilizarlos para calibrar modelos.
"No se puede medir en el campo todas las variables que existen. Entonces, la manera más inteligente para hacer una medición es agregar todos los datos que se tienen y calibrar un modelo. Y si el modelo funciona bien y representa lo que ha venido pasando hasta ahora, se puede creer que ese modelo simula bien la dinámica del agua en diferentes usos del suelo", esclareció Baethgen, quien asegura que esta es la mejor manera orientar una política pública basada en buena ciencia.
"Por ejemplo, en el caso de la forestación o en el caso del plan de uso de suelos, es lo que se hizo. En la forestación, se definieron los suelos de prioridad forestal porque, por suerte, en Uruguay había un muy buen relevamiento de suelos en todo el país, y una escala detallada permitió hacer eso", según el investigador. "En el caso de los planes de uso de suelos, se hizo en base a un modelo bien calibrado de erosión de muchos años de trabajo".
Baethgen explicó que, en el caso de la forestación comercial, la dinámica es similar: esos modelos se utilizan para determinar cuál es el tamaño razonable de las áreas destinadas a cultivar árboles, de modo que el impacto sobre las cuencas se mantenga dentro de niveles tolerables.
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