El cambio climático dejó de ser únicamente un problema ambiental para convertirse en una amenaza directa para la salud pública. Esa fue una de las principales conclusiones del coloquio “Cambio Climático y Salud”, organizado por la Academia Nacional de Medicina, donde especialistas analizaron los efectos del calentamiento global sobre la población, los ecosistemas y la aparición y expansión de enfermedades.
La actividad reunió al ingeniero Walter Baethgen, profesor emérito de la Universidad de Columbia e integrante del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC); al ingeniero agrónomo y comunicador Eduardo Blasina; y al virólogo Juan Cristina, presidente de la Academia Nacional de Ciencias y decano de la Facultad de Ciencias. El encuentro fue planteado bajo el concepto de “Una Sola Salud”, que integra la salud humana, animal y ambiental.
El presidente de la Academia Nacional de Medicina, Óscar Noboa, señaló al comienzo del coloquio que el objetivo era “tratar de abrir la cabeza” y abordar la problemática desde la perspectiva de “Una Salud”, a través del intercambio entre los especialistas y la discusión posterior.
Más extremos y una menor estabilidad climática
Baethgen sostuvo que más de las tres cuartas partes de los gases de efecto invernadero provienen de la quema de combustibles fósiles y remarcó que uno de los principales problemas que enfrenta el planeta es la denominada “inercia climática”: el dióxido de carbono permanece durante siglos en la atmósfera, por lo que incluso una interrupción inmediata de las emisiones no detendría el cambio climático.
Para Uruguay, según el experto, la principal amenaza no está tanto en el aumento de la temperatura promedio como en la mayor frecuencia e intensidad de los eventos extremos. Como ejemplo, presentó datos de Treinta y Tres que muestran un aumento de 80% en el promedio de lluvias en 90 años, pero también una duplicación de la variabilidad.
Ese escenario tiene consecuencias sanitarias concretas: mayor exposición al estrés térmico, expansión de mosquitos y garrapatas hacia zonas anteriormente protegidas por las bajas temperaturas y un aumento de inundaciones capaces de afectar la calidad del agua y saturar los sistemas de salud locales.
Ante ese escenario, Baethgen planteó que Uruguay debe dejar de concentrarse exclusivamente en la respuesta frente a las emergencias y comenzar a gestionar los riesgos antes de que ocurran. Como ejemplo mencionó el protocolo “Pronto, Listo, Ya”, que supone identificar previamente las zonas vulnerables y movilizar recursos antes de la llegada de eventos extremos.
Blasina: “la fiebre” del planeta se acelera
Blasina presentó una imagen del planeta como un paciente que atraviesa una “fiebre” cada vez más intensa y propuso analizarlo como si los participantes fueran una “junta médica”. Según los datos expuestos durante el coloquio, el calentamiento global combinado con el fenómeno de El Niño configura un escenario excepcional. El experto sostuvo que "2027 podría convertirse, con una probabilidad muy alta, en el año más cálido de la historia".
También advirtió sobre la intensidad del actual fenómeno de El Niño, que calificó como inédita, y señaló que para Uruguay puede traducirse en precipitaciones muy por encima de lo normal, especialmente en la frontera con Brasil y en la zona del río Uruguay. “Vamos a tener muchos evacuados”, afirmó.
Blasina también alertó sobre posibles mecanismos de retroalimentación del cambio climático, como la liberación de metano producto del derretimiento del permafrost o los efectos de un eventual colapso del glaciar Thwaites, conocido como el “Glaciar del Juicio Final”.
Pero su exposición también tuvo un componente de optimismo. Destacó que "Uruguay cuenta con una matriz energética renovable, protege su monte nativo y tiene condiciones para diferenciar su producción en un mercado internacional que podría penalizar cada vez más la huella de carbono".
“Nosotros como país deberíamos muy enfáticamente sacar la bandera y tratar de ser el primer país postpetróleo”, planteó Blasina. Además, reclamó una mayor participación de los profesionales de la salud en la comunicación de los riesgos asociados al cambio climático.
Dengue, gripe aviar y nuevos virus
Desde una perspectiva sanitaria, Cristina advirtió que el cambio ambiental está modificando las condiciones en las que circulan los virus y favoreciendo la aparición de nuevas amenazas.
El virólogo cuestionó la idea de que las próximas emergencias sanitarias necesariamente estarán provocadas por virus desconocidos. En muchos casos, explicó, "se trata de microorganismos conocidos que encuentran nuevas oportunidades para expandirse como consecuencia de los cambios en los ecosistemas".
Como ejemplos mencionó el virus Zika, identificado desde 1948 pero capaz de provocar una epidemia décadas después, y el Ébola. También se refirió a la deforestación del Amazonas y al desplazamiento de organismos y virus que provoca la transformación de los ecosistemas.
En Uruguay, Cristina señaló al dengue como una de las amenazas más inmediatas. “El virus dengue ha crecido en la región de una manera prácticamente exponencial”, afirmó. También mencionó otros arbovirus, como Oropouche y Mayaro, como posibles futuros desafíos para el sistema sanitario.
Otro foco de preocupación es la gripe aviar H5N1. Cristina destacó que el virus ya pasó de las aves silvestres a mamíferos marinos y ganado lechero en el hemisferio norte, y que incluso alcanzó la Antártida. “Cuando ya empezamos a infectar mamíferos es como para empezar a preocuparse”, señaló.
El desafío de prepararse antes de la próxima emergencia
Cristina cuestionó que Uruguay tienda a reaccionar frente a las crisis en lugar de desarrollar una planificación estratégica permanente. “Nos organizamos más o menos más bien, tendemos a no tener una gran planificación estratégica y más bien lo hacemos tipo horda cuando hay un problema”, sostuvo.
Como alternativa, propuso crear una red integrada de laboratorios que involucre al Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el Ministerio de Ambiente y la Universidad de la República. La experiencia de la pandemia, señaló, "demostró que Uruguay tiene capacidad para integrar el conocimiento científico en la toma de decisiones".
Para el científico, el papel de la academia es proporcionar escenarios respaldados por evidencia, mientras que las decisiones corresponden a las autoridades políticas. “Nuestro compromiso es darle los mejores escenarios con una validación científica”, afirmó.
Uruguay, entre la vulnerabilidad y la oportunidad
Pese a las advertencias, los tres expositores coincidieron en que Uruguay tiene condiciones para convertirse en una “plataforma de soluciones planetarias”.
Entre sus fortalezas destacaron la matriz energética renovable, la protección del monte nativo, las leyes ambientales y la capacidad de desarrollar una producción agropecuaria con menor huella de carbono. Uruguay produce alimentos para unos 30 millones de personas y cuenta además con experiencias como el Observatorio de Ganadería Sostenible, desde donde especialistas uruguayos asesoran a otros países.
Baethgen también destacó que el país puede aprovechar la experiencia del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) durante la pandemia para desarrollar mecanismos que permitan integrar conocimiento científico, políticas públicas y gestión del riesgo.
La conclusión del coloquio fue que el cambio climático obliga a modificar la lógica de respuesta del país: pasar de “manejar crisis” a “manejar riesgos”. En ese proceso, la ciencia integrada, la anticipación y una mayor coordinación entre organismos aparecen como elementos centrales para reducir el impacto de las próximas amenazas climáticas y sanitarias.