Los expresidentes Julio María Sanguinetti y Luis Lacalle Herrera creen que en diez años el país seguirá con sus partidos políticos y su sistema democrático sólidos, pero advierten que se percibe una excesiva complacencia social y dificultades para encarar los grandes temas pendientes.
Ambos exmandatarios están en esta etapa de sus vidas encarando “constantes payadas a dúo”, como bromeó el expresidente colorado. Uno de estos encuentros fue ayer en el evento del Centro de Estudios para el Desarrollo llamado “Uruguay: los desafíos de los próximos diez años”, realizado en el hotel Hyatt Centric.
Durante su exposición, Lacalle Herrera aseguró que Uruguay “está entrando en una especie de complacencia superficial”. “Decimos: Sanguinetti, Lacalle, van juntos, viene Orsi, y van los tres y que monada, qué país bárbaro, y las elecciones son cuando corresponde.... Me parece que no alcanza y que nos estamos quedando un poco narcotizados con esa imagen idílica de un país idílico. Minga. Vamos para adentro. Porque estamos viviendo esa titulación de país fantástico, pero estamos viviendo en un país en el cual se puede estar preso tres años sin sentencia. Democráticamente es algo a tener en cuenta como peligro”, advirtió el blanco.
“Tenemos un país en el cual partidos políticos, Poder Judicial, Poder Legislativo, Poder Ejecutivo, están hiperregulados pero los que mandan mucho, que son los sindicatos, nadie sabe de dónde sale su poder”, dijo entre aplausos. “¿Quién manda más hoy: el Partido Colorado, el Partido Nacional, el Frente Amplio o (Juan) Castillo (ministro de Trabajo) o Marcelo Abdala (presidente del Pit-Cnt?”, se preguntó.
El exmandatario también se lamentó porque “el debate político es adjetivo, periférico y no se está discutiendo lo esencial”. Y entre lo esencial, sostuvo, está el funcionamiento de la Justicia, el peso del Estado y la representatividad de los sindicatos, entre otros temas.
“Los diez años tienen que ser de cambio”, advirtió porque la opción no puede ser que la economía siga creciendo al 1% anual y llamó a reducir el gasto público que no sea necesario. A nivel internacional, el expresidente blanco dijo que no le gusta hablar de que haya “una ola de derecha” a nivel continental y que lo que ve es “una ola de razonabilidad gubernativa” que apunta a “cuidar la plata del contribuyente”.
Humildad
En la conversación que fue moderada por el politólogo argentino Andrés Malamud, Sanguinetti planteó que el mundo obliga a “una formidable humildad” a la hora de hacer pronósticos aunque es “optimista” con respecto a la “vibrante” democracia uruguaya.
De todas formas, advirtió que hace “falta menos discurso y más gestión y resolver” y más “pragmatismo”. “Creo que en estos diez años el tema seguridad tiene que salir de la agenda porque si no sale de la agenda ahí sí que la democracia se va a ver afectada”, consideró Sanguinetti, a lo que Lacalle Herrera reafirmó comentando “bien”.
“Yo estos días he dicho en la radio y muchos se han enojado conmigo (...) yo no puedo concebir que la Policía no esté en un espectáculo público de 30.000 personas y diga que no podemos con 100 loquitos de Peñarol o 100 loquitos de Nacional que todos sabemos más o menos quiénes son y después decimos que vamos a combatir el narcotráfico”, dijo. Abordar esos problemas y resolverlos llevará al “rescate de la opinión pública”, sostuvo Sanguinetti.
Sanguinetti exige más gestión y la prioridad en la educación
Sanguinetti reivindicó avances de la etapa posdictadura como las escuelas de tiempo completo, el desarrollo forestal, la reforma portuaria y la implantación de los centros CAIF y llamó a tener siempre presente la necesidad de mejorar la educación “para el ejercicio permanente de las neuronas”.
Sanguinetti apuntó también que hay renuencia a evaluar las políticas públicas porque “nadie quiere medir” y advirtió que “el Mides es un barril sin fondo”. También consideró que la caída de la pobreza es “estadística” porque solo refiere a los ingresos.
El exmandatario se congratuló de la mejora obtenida en cuanto al aprendizaje de las ciencias que mostraron las pruebas Pisa, pero se mostró preocupado por los niveles de lectura y aventuró que la Inteligencia Artificial puede llevar a “desaprender”. También marcó el elevado ausentismo de los profesores de Secundaria y que “no se está debatiendo en serio” la política educativa que el país debe seguir.
En el escenario internacional, la incógnita es saber si el impacto de lo que llamó “trumpismo” será efímero o duradero y consideró que será lo primero. Con respecto a las recientes elecciones en Brasil, Sanguinetti enfatizó que ese país tiene la mayor presión fiscal de América Latina y eso incidió en las preferencias electorales de las clases media y media y baja que sufragaron en contra del Partido de los Trabajadores del presidente Lula de Silva.