EL ÚLTIMO DE LA FILA

De Sanguinetti a Vázquez: las crisis de Estado que le toco vivir a expresidentes uruguayos

Desde el año 1985 a la fecha todos los mandatarios han padecido al menos uno de esos momentos de altísima intensidad institucional.

Sanguinetti, Lacalle, Batlle, Vázquez y Mujica. Foto: Archivo El País
Sanguinetti, Lacalle, Batlle, Vázquez y Mujica. Foto: Archivo El País

"El presidente es el último de la fila, cuando mira para atrás no hay nadie”, decía Jorge Batlle. La palabra crisis lo acompañó durante todo su período y muchas veces miró para atrás y estaba solo.

Desde el año 1985 a la fecha todos los mandatarios han padecido al menos uno de esos momentos de altísima intensidad institucional. Es cuando una circunstancia económica, comercial o sanitaria obliga a poner toda la atención del Estado en una situación o acontecimiento. Un paso en falso y las consecuencias pueden ser terribles para la economía, la salud pública o el sistema republicano de gobierno.

Tras una trabajosa salida, el retorno al camino democrático estaría empedrado de ilusiones y reclamos. El país no había resuelto del todo el “crac” de la crisis de la “tablita”.

Tampoco tenía una solución acordada para las responsabilidades legales de quienes se habían enfrentado antes y durante la dictadura. De un lado, había varios miles de presos vinculados a organizaciones políticas y armadas. Del otro, los militares que dejaban el poder. Primero fue la amnistía “general e irrestricta” para los presos políticos. Después el reclamo de llevar a los militares ante la Justicia. La tensión iba en aumento y el aire se hacía irrespirable.

En agosto del año 1986 el presidente Julio María Sanguinetti invitó al líder del Frente Amplio, Líber Seregni, y al candidato más votado del Partido Nacional, Alberto Zumarán, a realizar una visita de Estado a Brasil. A bordo de un avión de línea alguien le informó que en la noche anterior se había producido una asonada frente al Centro Militar. Bajo la consigna “juicio y castigo” se habían convocado frente a la sede social militar. No hubo heridos pero faltó poco para que la manifestación pasara a mayores.

Julio María Sanguinetti asume como presidente en 1985. Foto: Archivo El País
Julio María Sanguinetti asume como presidente en 1985. Foto: Archivo El País

En ese momento Sanguinetti anunció a Seregni y a Zumarán su intención de aprobar una “amnistía general” que incluyera a los militares. A la vuelta del viaje llamó a una cadena de radio y televisión para informar su propósito a la población. La historia fue narrada en el libro “El temor y la impaciencia”, publicado en el año 1991.

Todo el resto del período transcurrió en ese debate que tuvo uno de sus puntos más altos cuando el comandante del Ejército, Hugo Medina, guardó en un cofre fort las citaciones judiciales a un número importante de militares. En el referéndum del 16 de abril de 1989 se aprobó la iniciativa presidencial.

La elección de 1989 fue ganada por Luis Alberto Lacalle Herrera. Se encontró con un país que venía saliendo de la crisis institucional y una economía en problemas. El déficit fiscal llegaba al 7%, el Banco Hipotecario atravesaba serias dificultades, problemas en el mundo financiero estatal y la izquierda política mostraba ánimo de combate callejero.

Una huelga policial comenzó el 16 de noviembre de 1992. El Poder Ejecutivo pidió apoyo a la Fuerzas Armadas para patrullar las calles. La negociación, realizada bajo presión, culminó con un acuerdo económico con los policías.

Luis Alberto Lacalle y Gonzalo Aguirre celebran el triunfo electoral la noche del 26 de noviembre de 1989. Foto: Archivo El País
Luis Alberto Lacalle y Gonzalo Aguirre celebran el triunfo electoral la noche del 26 de noviembre de 1989. Foto: Archivo El País

El 24 de agosto del año 1994 se produjo el mayor enfrentamiento callejero de la etapa democrática. Ante el entonces Hospital Filtro los principales líderes del Frente Amplio se presentaron a defender a tres activistas de la banda terrorista ETA que se encontraban en huelga de hambre. En horas de la noche se produjo el enfrentamiento. Terminó con un muerto y decenas de heridos y los etarras fueron extraditados.

Marzo del año 1995 trajo la asunción por segunda vez como presidente de Julio María Sanguinetti. Los primeros años de su gobierno se caracterizaron por un duro enfrentamiento con la izquierda que encontró en las reformas, en particular la de la enseñanza, un escenario para movilizarse.

Sobre el final del período, en enero del año 1999, Brasil decidió devaluar su moneda y complicó a la economía de la región y de Uruguay.

Carminatti y Batalla levantan los brazos de Sanguinetti la noche de las elecciones. Foto: Archivo El País
Carminatti y Batalla levantan los brazos de Sanguinetti la noche de las elecciones. Foto: Archivo El País

Ya en abril del año 2001 el presidente Jorge Batlle tuvo que hacer frente a una crisis. Un brote de fiebre aftosa quebró la industria cárnica, el principal rubro de exportación del país. Como un fatídico tobogán los acontecimientos se precipitaron. Otra vez crisis. Esta vez fue bancaria, llegó desde Argentina y se llevó al Banco Comercial. La corrida se llevó todo por delante. Cayeron los bancos Montevideo, Caja Obrera y De Crédito. El Banco Central perdió el 80% de las reservas.

La izquierda exigió ir al default. Batlle y su equipo resolvieron buscar una vuelta al drama y lograron una reprogramación de las deudas. Las consecuencias de aquel período fueron terribles en términos sociales y económicos. Todos los indicadores cayeron de manera estrepitosa. Sin embargo, la historia recuerda que todo aquello podría haber sido mucho más grave si no se daba un combate radical al drama.

Jorge Batlle. Foto: Archivo El País
Jorge Batlle. Foto: Archivo El País

Ya en el año 2004 se notó un crecimiento en la economía, el PIB creció un 3,2% y en el año 2005 se elevó un 26,5% como efecto de recuperación y rebote. Había ganado las elecciones el Frente Amplio. Así comenzó la era de la izquierda en Uruguay. El nuevo presidente Tabaré Vázquez debió manejar el quiebre del banco cooperativo Cofac. Lo ayudó Venezuela y el presidente Hugo Chávez. El banco Bandes absorbió a la cooperativa quebrada.

El mundo se alineó a la oferta uruguaya. Por primera vez no había una guerra que llevara a un aumento de los valores de la producción nacional. China pagó como nunca. La crisis había desaparecido y la bonanza se había instalado.

Un choque regional complicó el ambiente. En diciembre del año 2005 comenzó el bloqueo de los puentes sobre el Río Uruguay. Un grupo de activistas argentinos exigía que no se instalara la pastera Botnia. La medida se prolongó durante cinco años.

El gobierno argentino se negó a desalojar a los piqueteros y recurrió a la Corte Internacional de Justicia de La Haya donde perdió. Durante el conflicto se produjeron dificultades en materia comercial y provocó un enfrentamiento entre gobiernos del mismo signo político, uno conducido por Néstor Kirchner y el otro por Vázquez.

El guerrillero retirado José Mujica ganó las elecciones en el año 2009. La bonanza siguió y el Estado gastó como nunca. El expresidente Jorge Batlle declaró en ese entonces que Mujica le dejaría “varias granadas” al próximo gobierno. En efecto, tras su retorno a la Presidencia, Tabaré Vázquez debió hacerse cargo de un “caos” administrativo que le llevó más de seis meses ordenar, según han dicho funcionarios vazquistas.

Una de las “granadas” advertidas por Batlle lleva nombre propio: Raúl Sendic. Mujica lo hijo presidente de Ancap y luego presionó para que fuera su representante en la fórmula presidencial del partido de gobierno. En mayo del año 2018 Sendic fue procesado por los delitos de peculado y abuso de funciones por su gestión en Ancap. Renunció al segundo cargo más importante del país y Vázquez perdió su vicepresidente, una situación sin antecedentes en el país.

Luis Lacalle Pou, junto a una alianza de cinco partidos, ganó las elecciones del año 2019 y quebró la hegemonía de la izquierda de tres lustros. Trece días después de asumir debió decretar la emergencia sanitaria. Nunca, hasta ahora, un presidente democrático uruguayo se había enfrentado a una crisis global de esta magnitud.

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