Entraron por ser hijos de funcionarios y hoy son los últimos empleados de un Casino Parque Hotel en agonía

Pertenecen a la última generación que ingresó al casino de la IMM. Más de 30 años después, tres empleados cuentan sus historias y hablan del incierto futuro: el casino pasará a Economía

Carlos Luque, Pablo Cancela y Marcelo Attias, empleados del Casino Parque Hotel.
Carlos Luque, Pablo Cancela y Marcelo Attias, empleados del Casino Parque Hotel.
Foto: Estefanía Leal.

Por Melanie Moreira
Pablo Cancela, Marcelo Attias y Carlos Luque son funcionarios del Parque Hotel, el único casino municipal del país, administrado por la Intendencia de Montevideo (IMM). Ellos pertenecen a la última generación que ingresó al casino tras un llamado exclusivo para hijos de funcionarios municipales en la década de 1990. Por aquel entonces se necesitaba llenar 160 vacantes: 40 titulares y 40 suplentes para cada uno de los dos casinos que funcionaban bajo el mando de la IMM, Parque Hotel y Carrasco. Hicieron una prueba en el icónico Cilindro Municipal. “Éramos como 500 pero no se llenaron todos los cupos”, dice uno de ellos. “Nosotros salvamos. Al final entre enero y febrero del 93 entramos 103 a los casinos municipales”.

Esas épocas quedaron lejos. De hecho, fue la última vez que el casino tomó empleados. Ellos eran unos muchachos. Pablo tenía apenas 18 años de edad, Marcelo 22 y Carlos 25. En aquel momento la plantilla total de los dos casinos superaba las 800 personas y había ganancias. Todos los puestos eran ocupados por empleados municipales, desde la limpieza a los que cuidaban los baños.

Tres décadas y media más tarde el Casino Parque Hotel —que a fines de 2026 cumplirá 117 años— ya no funciona en su antiguo edificio, hoy sede administrativa del Mercosur y del Parlamento del Mercosur, sino en la vecina Casa de Andalucía, pilar del patrimonio uruguayo, en Joaquín de Salterain, en el Parque Rodó.

Y son muchos menos empleados, cerca de 50. Hay puestos tercerizados. Día tras día conviven con una pregunta: ¿qué pasará con su lugar de trabajo? Mientras tanto, llegan, marcan, cumplen su jornada laboral y se van, sin saber qué será de su futuro.

Se sabe que el Casino Parque Hotel da pérdidas y, según se dice, es el único en el mundo en hacerlo. En 2024 se registró una pérdida de 83 millones de pesos (ver recuadro aparte). Desde hace años se habla de su posible cierre. Durante la campaña para intendente de Montevideo, Mario Bergara propuso que el casino pasara a la órbita del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y fuese administrado por la Dirección General de Casinos. El actual intendente cree que no tiene sentido que la intendencia administre un casino: se supone que pasará al MEF en los próximos meses.

El intendente de Montevideo, Mario Bergara, presentando el balance fiscal que tuvo la intendencia capitalina en 2025
El intendente de Montevideo, Mario Bergara.
Foto: Darwin Borelli/El País.

Gajes del oficio: trabajar en el casino

Al entrar las luces parpadean sin descanso en las máquinas que dominan el paisaje. Son 249 slots. Emiten ese sonido incesante, que taladra los oídos de aquellos que no están habituados al lugar; no es el caso de los funcionarios, que ya se han acostumbrado luego de incontables días y noches de convivir con él.

En un rincón, apartadas del ruido, las mesas de juego tradicionales parecen congeladas en el tiempo, como en una suerte de penitencia. Son una reliquia viva de los años dorados del lugar, memorables para todos los funcionarios que aún trabajan acá.

Ser empleado del Parque Hotel era como entrar a otro mundo. El ambiente imponía respeto: Carlos, que ahora pisa los 60 años de edad y es el más grande de los tres, recuerda que cuando ingresaron había personas “veteranas” que ni siquiera les devolvían el saludo; los talladores —esos funcionarios que trabajan en las mesas tradicionales y levantan las fichas del pañocantaban los números de la ruleta y, en esos tiempos en que aún se podía fumar en lugares cerrados, el humo formaba una nube espesa entre las mesas y el eco del “no va más”.

Mesas de juego tradicionales, que ya no se usan, en el Casino Parque Hotel
Mesas de juego tradicionales, que ya no se usan, en el Casino Parque Hotel.
Foto: Melanie Moreira.

No había espacio para el error, el juego era rápido, el dinero pasaba de mano en mano y los clientes experimentados “sabían más que vos”, dice Pablo, mientras explica detalladamente cómo funciona la mesa de punto y banca.

“Es estresante de verdad, de ir a tu casa y no poder dormir”, dice Marcelo, y Pablo cuenta que en 30 años de trabajo nunca logró llegar a su hogar y acostarse a dormir enseguida. “Es un trabajo con sus particularidades sociales, sacrificás el sueño y el descanso, tiene muchas exigencias”, describe con los ojos entrecerrados. Refleja el cansancio que lleva: cuando charla con El País el reloj casi marca la medianoche.

Un estudio realizado en la década de 1990 había analizado las implicancias de un trabajo como este. Respecto a la salud, se registraban casos de cáncer de pulmón entre los empleados y frecuentes problemas de columna como resultado de largas jornadas inclinados frente a las mesas de juego para alcanzar las fichas. Pero esto no terminaba al salir del casino. Aquel informe, recordado muy bien por estos funcionarios, decía que siete de cada diez parejas se divorciaban, una cifra que —al menos en ese momento— se posicionaba entre las más altas asociadas a una actividad laboral. También había casos de suicidio y los problemas de adicciones al alcohol y las drogas eran “abundantes”, según exponen los funcionarios. Ellos lo admiten: son historias que rara vez se cuentan pero están allí.

Casino Parque Hotel
Persona jugando en una máquina del Casino Parque Hotel.
Foto: Santiago Magni.

Hay consecuencias incluso menos visibles, más bien sociales, como el dormir apenas unas horas y llegar con ojeras a una actividad escolar. O hacer malabares con los horarios para ir a un cumpleaños familiar. “Siempre intentan avisarme con tiempo para que yo vea si puedo arreglar”, dice Pablo.

El trabajo a la noche, el manejo del dinero, la presión y el relacionamiento con los clientes fueron factores que impactaron fuertemente en sus vidas personales más allá del casino.

En reconocimiento a esa situación, y dada la movilización del gremio, en 1994 entró en vigor un régimen de bonificación que adelantó la causal jubilatoria de los funcionarios a entre los 52 y 54 años (en función de la edad con la que entraron a trabajar), aunque muchos igual esperan a los 60. En el área “profesional”, los que trabajan en la sala, cada cuatro años computan cinco y en la administrativa cada cinco años acumulan seis.

El futuro del Casino Parque Hotel

¿Y ahora? La IMM definió que los empleados no pasarán al MEF. Los que tienen causal jubilatoria se retirarán y los que aún no la tienen serán reubicados en nuevos puestos dentro de la intendencia. Para esto, los funcionarios —que han trabajado durante toda su vida dentro del casino— debieron enviar sus currículums para que se evalúe en qué sector reacomodarlos. “Tener que empezar en otro lado en una nueva función, pesa”, dice Carlos. A sus 60 años él no será reubicado ya que se encuentra en la instancia prejubilatoria y se prepara para cerrar una etapa que formó gran parte de su vida. Lo que más “bronca” le da es perder su lugar de trabajo —y el de otros— por el cierre.

La situación de Pablo es distinta: tiene 51 años, aún le queda un camino por recorrer y todavía no tiene causal. Pero la “bronca” es la misma que la de Carlos. El cambio le pesa mucho.

Empleados del Casino Parque Hotel
Empleados del Casino Parque Hotel.
Foto: Estefanía Leal.

Aquellos funcionarios que cumplen tareas administrativas, ya sea de secretaría o contaduría entre otras, tienen la posibilidad de trasladarse y desempeñar el mismo rol dentro de la intendencia. Sin embargo, los operadores de juego no tienen un sector equivalente en el cual desarrollar su función, por lo que los destinos posibles son diversos. “No tenemos formación específica para ninguno de los otros sectores de la intendencia”, argumenta Pablo. Para él, la administración busca algo simple: “Que no quede nadie”.

Para muchos trabajadores la jubilación no resulta viable hoy. Quienes están dentro de la primera causal se estarían jubilando con entre el 50 y 60% de sus ingresos actuales, una diferencia que explica por qué muchos prefieren seguir en labor aun cuando ya podrían retirarse.

La muerte anunciada del casino

Las mesas de paño están vacías, cubiertas por el polvo. El “no va más” ya no lo dice nadie. Ahora lo marca el sonido seco y repetitivo de la máquina de ruleta. Ese ruido antes venía de un tallador rodeado de miradas. “Nada que ver”, dice Marcelo. “Antes los días se pasaban volando entre reclamos, pagos y los clientes; ahora es más tranquilo pero también más lento porque no hay tantos volúmenes de juego”, cuenta.

Las mesas de juegos tradicionales cerraron. Esto no fue una decisión repentina, sino una consecuencia anunciada. Con el envejecimiento de la plantilla se volvió imposible mantener los juegos de paño. Los funcionarios, que aún recuerdan con nostalgia las noches de punto y banca, ruleta y blackjack, cuentan que cuando se mudaron a la Casa de Andalucía “las (mesas) tradicionales estaban llenas todos los días”. Pero el público, cansado de esperar horas para jugar, empezó a buscar suerte en otros salones. “Perdimos clientela por no poder dar un buen servicio: teníamos cuatro mesas y la gente para llenarlas, pero no el personal para abrirlas”, dicen. Así, entre el desgaste y la falta de manos, se borró una parte de la identidad del casino.

En la sala ya no hay humo pero tampoco gritos, solo luces y un murmullo que se confunde con el zumbido de los slots. En más de 30 años de trabajo el casino es un lugar que ellos vieron transformarse y ahora apagarse de a poco, aunque aún resiste.

Cada jubilación deja un vacío que no se llena y donde antes había un equipo completo, ahora los mismos pocos hacen de todo.

La falta de personal se siente; “la caja está con un solo funcionario”, dicen, resignados. Además, ya no pueden devolver el dinero en dólares. Supervisores, encargados y operadores deben rotar entre las tareas de otros, de ser necesario, para que la sala no se paralice. “Terminás haciendo otro trabajo; si no está el gerente, hacés de gerente; si no hay operador, te toca bajar a la sala”.

Persona jugando en el Casino Parque Hotel
Persona jugando en una máquina del Casino Parque Hotel.
Foto: Santiago Magni.

Antes se servían comidas y entre tanto ruido era difícil escuchar al otro. Hoy sacaron hasta los caramelos que estaban para los clientes: “¿Que te sale una bolsa de caramelos? 100 pesos, los sacaron y lo peor es que los clientes preguntan por eso”, dice Marcelo, indignado. Los servicios se fueron uno a uno, como luces que se apagan sin que nadie las vuelva a encender. Lo que queda es la sala de máquinas, los sonidos metálicos y los mismos empleados que sostienen el lugar.

Esta decadencia no hizo más que beneficiar aún más a la competencia privada que de a poco desplazó del mapa al casino municipal. “Cuando reabrieron Carrasco lo que hicieron fue poner más trabajadores e instalar los servicios”, dice Pablo. Hoy esa sala recauda una buena suma de dinero y concentra grandes volúmenes de juego.

Cuando la competencia se instaló y comenzó a expandirse, el escenario cambió: el Parque Hotel no hizo más que perder público al no estar a la altura del nivel de servicio que ofrecía el privado, lo que empeoró con el cierre de los juegos tradicionales.

Aunque hoy el juego haya cambiado, las personas son las mismas. Entre esas luces intermitentes, los funcionarios reconocen sin mirar los rostros de los jugadores frecuentes, esos que forman parte del paisaje. Hace algún tiempo ya los capacitaron para detectar a quienes cruzan esa línea invisible entre el pasatiempo y la necesidad. Les enseñaron a intervenir y tender una mano cuando el juego deja de ser juego, cuando hay una adicción. Pero la contradicción brilla con la misma intensidad que las máquinas, ya que justamente esos jugadores muchas veces son quienes dejan las mayores sumas.

Sin embargo, no deben hablar con aquellos cuidacoches que al final del día cuentan las monedas y entran a probar suerte con el riesgo de perderlo todo, o con los jóvenes de 18 años que en grupo se juntan para llegar a apostar. Con ellos no hay protocolo. No hay advertencia. Solo silencio. Una doble moral que deja en el aire la pregunta: ¿cuál es entonces el verdadero objetivo?

Casino Parque Hotel
Casino Parque Hotel.
Foto: Melanie Moreira.

Pero el casino no se apagó solo. Durante más de tres décadas los funcionarios convivieron con la idea de que este desenlace podía llegar en cualquier momento. Lo que es lógico, en un trabajo de productividad lo más básico puede ser el reingreso de personal: “Yo soy el más joven y tengo 51 años; es claro, sin renovación no hay futuro”, resume Pablo.

Las promesas nunca faltaron. Año tras año les decían “en marzo entra gente”. Pero eso no pasaba.

Los funcionarios saben que cada jornada podría ser la última. Pero vuelven. Encienden las luces, caminan por la sala y saludan a quienes siempre se encuentran allí.

Cuando se les pregunta qué esperan del futuro, la respuesta es común y llega casi al unísono: que el casino siga abierto. Es una historia que se trazó a la noche, con horarios rotativos, adrenalina y clientes asiduos. “Mi padre trabajó acá, yo conozco esto desde los cinco años”, dice Marcelo con cierta emoción.

Y parece que seguirá abierto, aunque ellos tres ya no estén.

LOS NÚMEROS

El único casino que pierde dinero

En 2024 el Casino Parque Hotel tuvo un déficit de 83 millones de pesos. En contraste, el Casino Carrasco -que opera bajo gestión privada- no reporta pérdidas y además paga un canon de 96 millones de pesos anuales a la Intendencia de Montevideo (IMM).

Las cifras de 2025 se conocerán en agosto, en la Rendición de Cuentas.

Miguel Bentos, dirigente de la Asociación de Funcionarios Administrativos de Casinos Municipales, dijo en un informe publicado el año pasado en esta misma sección que en los primeros años 90 el casino “era el tercer o cuarto sector que más ingresos aportaba a la intendencia” y que desde entonces “fue perdiendo peso”. Hoy “somos únicos en el mundo en perder dinero”.

El intendente Mario Bergara viene planteando desde la campaña electoral el pasaje al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). “Nuestra visión, que es compartida con el ministro de Economía Gabriel Oddone, es que lo lógico es que el casino municipal dependa del organismo del que dependen todos los demás casinos del país”, dijo el año pasado el intendente en rueda de prensa.

Tal como publicó El País días atrás, el MEF brindó información relativa a la transición, en una respuesta a un pedido de informes realizado por el senador blanco Martín Lema. Allí se indica que, una vez que esté hecho el traspaso, el MEF destinará en una primera instancia personal de la Dirección General de Casinos a atender el Parque Hotel.

Casino Parque Hotel: está en el centro de la tormenta desde que la oposición departamental pidió su cierre
Casino.
Foto: Archivo El País

El ministerio tiene previstos dos mecanismos para hacer frente a la nueva responsabilidad. En una primera etapa se destinará trabajadores que ingresen a la cartera mediante un llamado público y abierto, bajo la modalidad de concurso de oposición y méritos, actualmente en curso, para ocupar 30 cargos presupuestados. “Dicho llamado, inicialmente previsto para cubrir necesidades de personal preexistentes, permitirá cubrir transitoriamente las necesidades adicionales de personal derivadas de la transferencia del Casino Parque Hotel”, indicó el MEF.

Ahora bien, para más adelante, en una fecha no estimada -se hace referencia a “la próxima iniciativa presupuestal de la Dirección General de Casinos”, que por ley debe presentarse antes del 31 de diciembre- también está planificado crear nuevas vacantes, “de modo de habilitar la realización de un nuevo llamado público que permita cubrir las necesidades originales de personal, que no podrán ser atendidas en el año en curso, a raíz de la transferencia del citado establecimiento”.

El equipo que se proyecta estará integrado por 15 funcionarios, según informó el MEF.

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