Enviado de El País a Asunción
"Uruguay es la última comitiva”, espetó una voz marcial por el handy de un policía formado en la principal entrada del Banco Central de Asunción. Eran las 12.17, el sol no dejaba respirar en la avenida Federación Rusa y tenía empapados a militares, periodistas y curiosos que se acercaron hasta las afueras del anfiteatro José Asunción Flores.
Envuelto en sonido de sirenas y el de un insistente helicóptero que daba vueltas en el caliente cielo paraguayo, la delegación presidida por Yamandú Orsi ingresó al recinto para, ahora sí, habilitar el inicio de un evento histórico, tal vez la palabra que más se repetiría puertas adentro, bajo el refrescante aire acondicionado, por parte de sus protagonistas: porque el Mercosur y la Unión Europea, en una jornada que por varios momentos pareció que no se materializaría nunca, ambos bloques acordaron firmar una asociación que traerá enormes implicancias económicos y consecuencias geopolíticas que todos buscaron resaltar.
Lo crucial de esta cumbre, sin embargo, no se reflejó en las salas armadas para la prensa, donde a poco de comenzar el cónclave sobraban las mesas vacías y prácticamente no se escuchó el acento brasileño en las conversaciones entre periodistas. Es que el acuerdo de asociación y de comercio firmado que fue suscrito ayer, de algún modo, ya había tenido una primera parte muy importante: un cónclave previo y paralelo que se realizó el día anterior, cuando Luiz Inácio Lula Da Silva se reunió en Río de Janeiro con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, para celebrar esto mismo.
Y como el brasileño, que dio sobradas muestras de frustración cuando los europeos anunciaron que no llegaban a tiempo con sus consensos internos para firmar el acuerdo el 22 de diciembre -momento en que Brasil ostentaba la presidencia pro tempore del bloque, y hubiera permitido a Lula protagonizar la conclusión de unas negociaciones que él empujó- decidió entonces no asistir, el cónclave dejó cierto “sabor amargo”, como admitió el presidente paraguayo, Santiago Peña (ver recuadro).
Pero eso no impidió la profusión de referencias, más o menos cargadas de retórica protocolar, a la importancia del objetivo alcanzado para ambos continentes, y con el azar del destino definiendo que eso se hiciera donde nació el Mercosur hace casi 35 años.
A su modo, todos -Peña, Orsi, Javier Milei, Vieira, Von der Leyen y Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo- destacaron este hito por lo que significará en términos económicos: se formará un mercado de más de 700 millones de personas, que concentra el 15 % del PBI mundial, y que, en sí mismo, será la zona de libre comercio más grande del mundo. Pero también por lo que implicará en términos geopolíticos: es un mensaje de unión en momentos de vertiginosa tensión diaria, con el ascendente protagonismo de Donald Trump en al menos dos conflictos que tiene tensos a los dos bloques -su intervención en Venezuela y su intención de anexionar a Groenlandia. “Vamos a unir fuerzas como nunca antes se ha visto”, dijo, por ejemplo, Von de Leyen, que habló de “dos regiones” que hablarán de “un mismo lenguaje” y que el mundo “va a escuchar”.
Desafío
En el Mercosur saben, y lo tienen bien presente en el gobierno uruguayo, que lo que se viene ahora no es nada sencillo. La ratificación parlamentaria (ver aparte) no es un mero trámite formal. Al menos no lo es en Europa- donde las resistencias a esta alianza no se apaciguan-, ni tampoco necesariamente en Argentina -pues Milei, en un discurso explosivo y con momentos de provocación, planteó que en esta etapa buscará “velar” para mantener “el espíritu de lo negociado”, ya que “la incorporación de mecanismos que restrinjan” la exportación de bienes desde el Mercosur, como anunciaron los europeos que aplicarán, “reducirá significativamente el impacto económico del acuerdo y atentará contra el objetivo esencial del mismo”.
Por lo tanto, el gobierno de Orsi y la Cancillería que lidera Lubetkin, tienen claro que estos dolores de cabeza llegarán cuando el 2026 esté bien avanzado, o sea, en el segundo semestre, cuando Uruguay presida el Mercosur.
Como adelantó El País, el plan del gobierno es para entonces liderar el proceso de “efectivización” del acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que, sobre fin de año, se estará casi a “un año” del hito forjado ayer, con lo que se buscará la organización de algo que lo celebre.
Estos temas comenzaron a ser parte de los intercambios entre Uruguay y la Unión Europea, en una primera reunión bilateral que Lubetkin mantuvo con el comisario de Comercio y Seguridad Económica de la UE, Maroš Šefovič en un espacio encontrado sobre el final del evento. Allí, dijeron a El País fuentes al tanto de lo conversado, ambos visualizaron el cronograma de este año. Lubetkin, además, trasladó la voluntad de Uruguay de ratificar cuanto antes el acuerdo en el Parlamento, y Šefovic se mostró confiado de que el Parlamento de la comunidad, hoy dividido entre quienes apoyan esta alianza y quienes buscan enterrarla, también haga lo suyo en algún momento del segundo semestre. “Vamos paso a paso. Hoy celebramos lo que pasó”, señalaron desde el gobierno, que también confían en que, para setiembre u octubre, el acuerdo puede contar con el aval del parlamento europeo.
A la espera de que el Parlamento lo ratifique
La etapa que se abre ahora, y que es arduo compleja, sobre todo en Europa, es la de la ratificación parlamentaria. Los legisladores de todos los países, en el caso del Mercosur, y del parlamento europeo en el caso del viejo continente, tienen que levantar la mano para avalar lo firmado este sábado. Lo que espera el gobierno de Orsi, tal como lo ha declarado el canciller Mario Lubetkin, es que el Parlamento uruguayo se apresure ahora a dar trámite a esa instancia para ser el primer país en confirmar el acuerdo.
Ausencia de Lula esparció “dudas” en todo el bloque
La ausencia del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, fue uno de los hechos más notorios en la cumbre la baja concurrencia de periodistas a la sede del Banco Central paraguayo. Muchos de los focos de los principales medios interesados en alumbrar el final de este largo proceso gastaron su energía en la cobertura del cónclave paralelo que se hizo 24 horas antes en Río de Janeiro, donde Lula recibió a Von der Leyen para celebrar el fin de las negociaciones. En su lugar ni siquiera estuvo su vicepresidente, Geraldo Alckmin, una posibilidad que se había manejado en la previa, sino el canciller Mauro Vieira.
Que se sintió desairado por no haber podido firmar el acuerdo en la cumbre del 22 de diciembre, también Río, cuando Brasil ostentaba la presidencia pro tempore, explicó para muchos este faltazo; para otros, la especial tirantez del vínculo que hoy mantiene con el argentino Javier Milei.
Lo cierto es que no estuvo y que esgrimió como excusa, como dijo el presidente paraguayo Santiago Peña en la posterior conferencia de prensa, una ajetreada agenda producto de las primeras actividades de campaña electoral que está comenzando, y en la que Lula buscará ser reelecto como presidente.
“Creo que todos nos quedamos con alguna duda... Más que certezas, dudas de por qué no estuvo”, lamentó Orsi en diálogo con El País y Telemundo, minutos después de terminado el evento. Estar allí, en su opinión, era “imprescindible”. “Pero también es cierto”, dijo, que la falta de Lula “no generaba ningún contratiempo”.
Peña fue otro de los que lamentó la ausencia del brasileño, a quien definió como “un grande y querido amigo” durante su discurso central, pero que “lastimosamente” no pudo acudir a la cita. Y en sus declaraciones a los medios que hizo más tarde, el paraguayo afirmó incluso que la decisión de Lula dejaba un “saber amargo”, y volvió a repetir el cargado adverbio: “Lastimosamente”.
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