El nombre de Sebastián Marset fue un verdadero dolor de cabeza para las autoridades políticas y policiales del Uruguay de los últimos siete años. Comenzó tímidamente como un apodo ordinario ("El Seba") que estaba en boca de los funcionarios de la Brigada Antidrogas a fines de 2019. Por entonces, de manera algo confusa, los investigadores contra el narcotráfico identificaban que un uruguayo que no llegaba a los 30 años tenía una seria incidencia en los envíos de droga que recalaban en Montevideo y que motivaban las primeras grandes incautaciones de cocaína en el puerto de la capital o en otras terminales a donde llegaban buques que habían zarpado desde Uruguay.
Se sabía en aquel momento que la base de operaciones de ese hombre estaba situada en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) —aunque a lo largo de los años su paradero fue cambiando por distintas zonas de Sudamérica, e incluso llegó a pisar Emiratos Árabes Unidos—, pero todavía faltaba que su figura se fuera haciéndose cada vez más nítida en las sucesivas investigaciones policiales, aunque en realidad el delincuente ya tenía un prontuario nada menor en Uruguay: dos procesamientos en causas vinculadas al narcotráfico, y otra por una investigación por homicidio de la que luego fue sobreseído —debido a una insólita pérdida de pruebas clave para inculparlo.
Ya para 2022, Marset era un apellido frecuente, instalado, familiar y taquillero para la prensa, porque entonces ya era público que había obtenido un pasaporte uruguayo mientras estaba detenido en Dubái. Aunque no hubo allí estricta irregularidad, esto implicó una larga tormenta política para el entonces gobierno de Luis Lacalle Pou (ver recuadro), una serie de investigaciones administrativas, intervención de la Fiscalía y cuestionamientos varios a la gestión de la coalición republicana, con coletazos que perduran aún hoy.
Fue una larga película que tuvo su final este viernes 13 de marzo, a las tres de la mañana, cuando un espectacular operativo conjunto entre la policía boliviana y la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), que se venía preparando desde hacía semanas, se ejecutó a la perfección y, sin lamentar vidas ni usar armas de fuego, terminó con la captura del tercer narco más buscado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
La influencia de la DEA fue determinante, aunque no llevaba tanto tiempo con Marset en el "radar", según recordó en diálogo con El País Nicolás Martinelli, ministro del Interior desde noviembre del 2023 hasta marzo del año pasado. En abril de 2024, rememoró el dirigente nacionalista, y tras un intenso diálogo fructífero con la embajadora norteamericana en Montevideo de la época, Heide B. Fulton, Martinelli viajó a Washington para firmar un memorándum con la DEA, y en aquel momento los estadounidenses tenían pocas referencias sobre la dimensión de Marset y el alcance de sus actividades.
Pero la tuvieron rápidamente. Casi enseguida empezaron a investigarlo por lavado de activos, ofrecieron una recompensa por US$ 2 millones —luego de unos tres meses en que procuraron, sin éxito, capturarlo en silencio— que se recordaba en grandes y varios carteles en aeropuertos como el de Asunción, y lo detuvieron donde inició la trama (la internacional) del narco uruguayo más importante —"El Rey del Sur", como se autodenominaba—: en Santa Cruz de la Sierra.
Ahora, en viaje expreso a Estados Unidos en un avión —con una parada técnica en Lima (Perú)—, al cierre de esta nota, Marset será juzgado en Washington, pese a que también estaba requerido por la Fiscalía de Paraguay.
No hubo nunca incertidumbre sobre su destino. El ministro del Interior paraguayo, Enrique Riera, despejó las dudas sin pérdida de tiempo: "Todos sabemos que cuando son pesos pesados, gente de mucho volumen, los Estados Unidos tienen leyes más duras en la sanción y más blandas para obtener información, lo que les da un margen de maniobra mayor".
La reacción del gobierno
Los chats de WhatsApp de los jerarcas y ministros del gobierno de Yamandú Orsi ya tenían varias notificaciones sobre lo ocurrido cuando agarraron su celular al despertarse. Carlos Negro, titular el Ministerio del Interior, no pudo sorprenderse con lo que leía en la penumbra de la madrugada, porque Uruguay ya portaba con información que podía ayudar a ubicar a Marset —algo que también había ocurrido durante la anterior administración— y que había sido entregada el 26 de febrero, en una reunión personal en Santiago de Chile, al viceministro de Asuntos Sociales y Control de Sustancias de Bolivia, Ernesto Justiniano.
"En esa reunión bilateral nosotros aportamos los datos y todo el conocimiento que teníamos acerca de las operaciones, investigaciones que se estaban realizando en Uruguay respecto de Marset y el eventual paradero que nosotros teníamos entendido se encontraba", precisó Negro este viernes, en conferencia de prensa.
Y allí también se enteró que el uruguayo podía tener las horas contadas. "Tuvimos la información por parte del ministro que ellos estaban muy cercanos a la captura de este narcotraficante".
El golpe, no dudó en afirmar Negro, fue importante, "duro", y dirigido "al narcotráfico de toda la región y de toda América".
El ministro también recalcó, indirectamente, la importancia que tuvo la DEA, recientemente instalada en Bolivia, algunos de cuyos agentes habían estado reunidos en Montevideo a fines de febrero con policías de la inteligencia uruguaya. Porque es sabido, y el ministro lo subrayó, que hay grandes casos sobre narcotráfico que se investigan en Uruguay y que están indudablemente relacionados con Marset. "Tenemos la certeza policial de la participación de Marset en diferentes eventos que han ocurrido en el país en fechas no tan lejanas", dijo Negro.
Es que el intercambio de información entre la agencia norteamericana y los policías uruguayos ocurre "de forma permanente y sistemática", señaló a El País una fuente del gobierno, sobre todo en relación al delincuente Luis Fernández Albín, imputado y en prisión preventiva desde el año pasado —tras ser capturado en Argentina— por contrabando y lavado de activos, pero los investigadores también están detrás de su conexión con con la incautación de 2.000 kilos de cocaína realizada en abril en una chacra ubicada en Punta Espinillo.
Pero también porque la dimensión de Marset creció aún más cuando empezó a formar parte del grupo criminal Primer Comando de la Capital (PCC), lo que cambió "sustancialmente" su incidencia en la región, dijo también a El País una fuente oficial al tanto de las investigaciones sobre el narco. Por eso la importancia de esta detención para el gobierno de Orsi, en donde tienen más que claro que con la resolución de este largo proceso Uruguay y la Administración Orsi tienen ahora "un problema menos".
Detalles del operativo y el "Escudo de las Américas"
Las fotos y videos de un operativo que implicó allanar dos viviendas en esa ciudad andina —una en donde vivía Marset, y otra donde se encontraba su equipo de seguridad—, que se ejecutó en la noche y culminó al amanecer, ya estaban en los portales de noticias de Paraguay a primera hora de la mañana
Cuando todo culminó y la imagen de Marset controlado entre los custodios recorría el mundo, llegó el clásico momento de la explicación oficial del procedimiento, que quedó a cargo, casi exclusivamente, de las autoridades boliviainas.
Marco Antonio Oviedo, ministro de Gobierno de Bolivia, detalló que detrás del operativo sorpresa hubo "tarea de inteligencia, de seguimiento, de investigación, con las unidades especializadas de la Policía" desde hacía "varias semanas atrás para proceder a la captura y posterior expulsión" del delincuente. La clave, en este trabajo conjunto con la DEA, dijo, fue la "absoluta discreción" con la que se actuó.
"Se ha establecido que este peligroso individuo, entre los narcotraficantes más grandes del mundo, hizo una base de operaciones en el departamento de Santa Cruz. Esto nos llevó a nosotros a iniciar un proceso largo, meticuloso, profesional", detalló.
El ataque a las dos viviendas fue prácticamente en simultáneo. Hubo una "diferencia de minutos", dijo el ministro boliviano. El objetivo fue, primero, "neutralizar" a los hombres encargados de la seguridad del narcotraficante.
A Marset, dijo Oviedo, se lo trató "de manera respetuosa", sin incurrir en "ninguna violencia ni física ni psicológica". No obstante, pese a que Marset salió sano del operativo, así como todos los funcionarios que participaron en el procedimiento, el ministro indicó que el narcotraficante —que fue detenido junto con su hermana y otras personas— no se entregó.
Desde Estados Unidos, aunque más lacónicas, las expresiones sobre el operativo aparecieron también sin demora.
"Capturado. El reinado de terror y caos de Sebastián Marset ha terminado. Gracias al liderazgo del presidente Rodrigo Paz y al rápido fortalecimiento de la cooperación policial entre Estados Unidos y Bolivia, el notorio narcotraficante Marset enfrentará la justicia", publicó en X la cuenta oficial del Departamento de Estado de Estados Unidos, que a continuación hizo referencia expresa al foro que se creó en Miami la semana pasada, a iniciativa del presidente Donald Trump, con una docena de países de América Latina afines ideológicamente a Washington, y con el objetivo de unir esfuerzos para luchar contra el crimen organizado y el narcotráfico.
"El Escudo de las Américas", como se llamó a este grupo —al que el gobierno de Orsi no fue invitado— "está haciendo que nuestra región sea más segura y fuerte", agregó de los norteamericanos.
La entrega del pasaporte a Sebastián Marset a fines de 2021, cuando el narco se encontraba detenido en Dubái por portar documentación apócrifa, generó un revuelo político que tuvo incómodo al gobierno de Luis Lacalle Pou durante prácticamente todo lo que quedaba del período. Las investigaciones administrativas, y la que también desarrolló la Fiscalía, concluyeron que no hubo irregularidad en el proceso ni delitos a imputar a nadie, pero eso no apagó el incendio político que complicó a la administración de la coalición republicana —enfrentó una dura interpelación al respecto por elFrente Amplio—, al menos hasta el 4 de noviembre de 2023. Ese día, luego de que la exsubsecretaria Carolina Ache declara en Fiscalía y denunciara el accionar del entonces canciller Francisco Bustillo, Lacalle Pou anunció en rueda de prensa que dejaban el cargo el ministro de Relaciones Exteriores, el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, el subsecretario de esa cartera, Guillermo Maciel, y el asesor presidencial Roberto Lafluf. Todos implicados políticamente, directa o indirectamente, en algún u otro episodio de la compleja trama de la entrega del “famoso pasaporte”, como se refirió el expresidente ante los medios.
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