Una voz que conquistó Brasil regresa a Uruguay tras diez años y cuenta por qué cantar también es tomar posición

El próximo sábado Roberta Sá celebra dos décadas de carrera en el marco del Festival Música de la Tierra. En diálogo con Domingo, la cantante brasileña habló de su evolución artística, sus encuentros con Gilberto Gil y Chico Buarque, la maternidad y su compromiso político.

ROBERTA SA
La cantante y compositora brasileña Roberta Sá.
Foto: Flora Negri

Cuando Roberta Sá grabó su primer disco, Braseiro, tenía poco más de 20 años y todavía no alcanzaba a imaginar cuánto tiempo la acompañarían aquellas canciones. Su profesor de canto le hizo entonces una advertencia que nunca olvidó: posiblemente tendría que cantarlas durante el resto de su vida. Dos décadas después, aquella observación adquirió un significado que va mucho más allá de la permanencia de un repertorio.

A los 45 años, la cantante e intérprete brasileña reconoce que su relación con la música cambió profundamente. Ya no canta solamente por el placer de hacerlo. Entiende que su voz puede acompañar momentos decisivos en la vida de otras personas, desde una celebración hasta una enfermedad o una pérdida. Y que cada canción que elige también dice algo sobre quién es.

Esa conciencia atraviesa Tudo Que Cantei Sou, el proyecto con el que celebra sus 20 años de trayectoria y que la traerá nuevamente a Uruguay, donde se presentará el sábado 31 de octubre, a las 19.00, en el Parque Villa Dolores, como parte del Festival Música de la Tierra.

En una conversación con Domingo, Sá recorre las transformaciones personales y artísticas que marcaron su carrera, desde los primeros discos hasta la libertad que encontró en Delírio. Habla de las palabras que elige cantar, de su vínculo con el samba y de encuentros que todavía la emocionan, como los que compartió con Gilberto Gil y Chico Buarque. También reflexiona sobre la maternidad, el compromiso político y la necesidad de encontrar un ritmo de vida menos vertiginoso.

—Volvés a Uruguay después de diez años. ¿Qué recuerdos guardás de tu última visita al país?

—La última vez que estuve en Uruguay fue para presentar un premio y terminé haciendo un espectáculo también. Fue muy lindo. Quedé encantada con la recepción del público. Realmente no esperaba tener un público tan grande. Agotamos las entradas del Teatro Solís, que es un teatro precioso. Recuerdo que me quedé con ganas de pasar más tiempo y conocer mejor el país. Ahora es gracioso porque, en Brasil, Uruguay se convirtió en una broma entre nuestros amigos. Después del domingo, después de las elecciones, todas las personas con las que hablé decían: "Bueno, cualquier cosa nos vamos a Uruguay". Yo decía: "Gente, vamos a superpoblar Uruguay, no va a haber espacio para todos los que quieren vivir allá". Así que Uruguay está muy valorizado en Brasil en este momento.

—Tu último disco, Tudo Que Cantei Sou, revisita tus 20 años de carrera. Al mirar hacia atrás desde el presente, ¿qué reconociste de aquella Roberta de veintipocos años que grabó Braseiro? ¿Qué cambió en tu manera de entender la música y tu propia trayectoria?

—Te confieso que cuando empecé a cantar no tenía la menor noción de la importancia de ser una voz pública. No tenía idea de que aquello que cantara me acompañaría durante el resto de mi vida. Tuve un profesor de canto, que sigue siendo mi preparador vocal hasta hoy y se convirtió en un amigo y un maestro en todos los sentidos. Cuando grabé mi primer disco, me dijo algo que nunca olvidé. Estábamos en una clase de canto, en el living de su casa, y me dijo: "lo único que tenés que recordar es que puede ser que tengas que cantar estas canciones durante el resto de tu vida". Veinte años después, cantar esas canciones y darme cuenta de que todavía tienen sentido me hizo muy feliz. Creo que aumentó mi conciencia como mujer y como artista. Empecé a comprender la importancia de mis palabras, de lo que comunico al público y de la claridad con la que eso necesita expresarse.
Me da un poco de miedo decir "misión", porque me parece una palabra arrogante, como si el mundo me necesitara. El mundo no me necesita, ni necesita mi voz. Pero creo que mi voz puede brindar consuelo a las personas. Lo percibo en los testimonios de personas que se acercan a hablar conmigo. Personas que me escuchaban durante una quimioterapia, un tratamiento largo, una etapa de duelo, de dolor, una separación. O que asocian mis canciones con historias felices, casamientos y encuentros. Entonces, aunque siempre tuve mucha responsabilidad con mis palabras y mi repertorio, hoy esa responsabilidad es todavía mayor. Porque sé que esas canciones van a formar parte de la vida de las personas, y no solamente de la mía.
Me gusta pensar mi carrera de una manera en la que, si mezclás todas las canciones y armás tu propia lista de reproducción, mi discurso va a seguir estando ahí, contundente.

—Eso está muy relacionado con el título del álbum, que es una afirmación bastante fuerte.

—Exactamente. Creo que fue una percepción que llegó con el tiempo. Tuve muchos cambios en los últimos diez años, quizás más que en los veinte años de carrera. Los últimos diez años fueron cruciales. Diría incluso los últimos cinco o seis. Es un período que comienza un poco antes de la pandemia y llega hasta ahora. Coincide con muchas cosas, incluso con haber cumplido 40 años durante la pandemia. Hasta la maternidad entra en eso. Hoy tomo mis decisiones con mucha más convicción, firmeza y seguridad. Incluso sabiendo que, en el futuro, quizás pueda arrepentirme. Pienso mucho más antes de elegir una canción para cantar, antes de decidir qué recuperar del repertorio, qué comunicar y cómo comunicarme con el público. También estuve buscando estar más presente. En los últimos años desarrollé una relación de mayor cercanía con el público a través de las redes sociales. No porque haya considerado que eso era importante para hacer espectáculos, sino porque me está gustando entender quién es ese público. Creo que eso también forma parte de madurar. Se nos va ablandando el corazón, nos empieza a gustar más el otro, el intercambio. Cuando llegan mensajes de seguidores que cuentan historias de vida, me pongo muy feliz. Eso realmente me alimenta.

—A lo largo de estos 20 años lanzaste 12 discos. ¿Hay algún álbum que represente un punto de inflexión para vos, un momento en que cambió tu percepción sobre tu propio trabajo?

—Creo que tengo varios discos que señalaría de esa manera. Que Belo Estranho Dia pra Se Ter Alegria, mi segundo disco, tiene una importancia muy grande. Fue un álbum que me abrió la cabeza a la posibilidad de que mi música llegara al mundo, porque estuvo nominado al Grammy Latino en la categoría de artista revelación. Es gracioso, y hasta duro decirlo, pero nosotras, las mujeres, a veces demoramos en percibir nuestro propio valor. Es impresionante cuánto necesitamos la mirada del otro. Eso también es algo que vengo trabajando últimamente: no necesitar tanto la mirada del otro. En realidad, no necesitarla para nada. Porque incluso cuando algo sale bien, existen los haters. Yo ni siquiera tengo tantos, pero la exposición trae eso y tenés que lidiar con esa realidad.

Aquel disco me trajo reconocimiento, una mirada externa, y terminé mirándome con un poco más de cariño. Pero creo que Delírio fue un verdadero punto de inflexión. Tenía 36 años cuando lo hice. Es un disco que va a cumplir diez años y fue el álbum que presenté ahí, en Uruguay. Fue muy importante porque empecé a liberarme de ciertas ataduras. Crecí en una familia muy conservadora y yo no soy nada conservadora. Tengo una mentalidad completamente progresista. Fui entendiendo dónde estaba atada, ¿sabés? Dónde estaban esas ataduras. En Delírio, por ejemplo, le pedí una canción a Martinho da Vila. Estaba soltera, viviendo una etapa superbohemia, y quería una canción en la que la mujer llegara a su casa después de salir de noche. Le dije eso a Martinho y él hizo Amanhã É Sábado, que coloca a la mujer en el lugar de dueña de sus propias decisiones, con autonomía sobre sus acciones y su destino. En ese mismo disco pedí Me Erra, una canción de Adriana Calcanhotto que dice: "Estoy subiendo el morro de Mangueira, reina de mi batería". Entonces, ahí empecé a ser la reina de mi propia batería. Fue en Delírio.

Roberta Sá.
La artista brasileña regresa a Uruguay tras 10 años.
Foto: Flora Negri

—Ahora que mencionás las canciones que les encargaste a Martinho da Vila y Adriana Calcanhotto. ¿Qué tiene que tener una canción para que sientas que podés apropiarte de ella y ponerla en tu voz?

—Creo que es la palabra. Hay palabras que caben en nuestra boca. Es fácil saber qué nos queda natural decir. Incluso hay insultos que no uso, ¿sabés? No caben en mi boca. En la boca de otra persona funcionan, porque es la manera en que esa persona insulta. Yo insulto de otra manera. Creo que existe una forma propia de decir, de sentir y de expresar las cosas. Eso es lo que necesito en una canción. Es algo inmediato. Sé cuándo puedo cantar determinada canción y cuándo no. Estoy muy agradecida a esa voz que me dice qué canción debo cantar y cuál no. Porque durante mucho tiempo no comprendía por qué no cantaba ciertas canciones, pero sabía que no podía cantarlas. Por ejemplo, O Canto das Três Raças es una canción que adoro. Ya la canté en espectáculos de homenaje a Clara Nunes, porque en ese contexto creo que corresponde; podés pedir permiso para cantar. Pero grabar O Canto das Três Raças en un disco mío, asumir esas palabras como propias, eso no puedo hacerlo. Siempre tuve muy clara esa idea de qué es mi discurso y qué es el discurso del otro. Como intérprete, en un homenaje a otro artista, en un contexto que considero adecuado, puedo cantar determinadas palabras. Pero no en cualquier lugar ni en cualquier momento. Siempre tuve mucho cuidado con eso. Es una conexión medio divina, pero creo que también tiene que ver con la educación. Con haberme educado y seguir educándome para entender qué es mío, no solamente en el canto, sino en la vida en general.

—No puedo dejar de preguntarte por Giros, tu trabajo con Gilberto Gil. ¿Cómo fue aquel encuentro y, después de todos estos años, qué quedó resonando de esa experiencia y de esas canciones?

—Fue una de las cosas más emocionantes que viví en mi vida. Es un disco que representa un antes y un después, porque Gil me convirtió en compositora. De verdad. Yo ya tenía colaboraciones. En mi segundo disco, Que Belo Estranho Dia pra Se Ter Alegria, tengo una canción compuesta con Pedro Luís, que es Janeiros. Maria Gadú ya había grabado una canción mía con Pedro y Renó. También había presentado composiciones propias en espectáculos. Pero siempre ocupaba ese lugar de pensar: "Ese lugar no es mío". Cuando Gil acepta ser mi compañero de composición, y no solamente escribir para que yo cante, acarició dos lados míos muy inseguros. El lado de la compositora, que es muy insegura, y el de la cantante, que está cada vez más seguro, pero que siempre será un lugar sensible. Porque la voz es inestable. Depende de tu salud, de tu vitalidad, de tu alimentación, de tu sueño, de que tu corazón esté tranquilo o intranquilo. Entonces, él me dio ese gran regalo. Y quedó solamente amor. Solamente amor. Fue una historia de amor que tuvo un hijo precioso, que es un disco. La alegría de tener ese disco en mi vida es enorme. Incluso hay una colaboración de Gil con Jorge Ben; es una realización enorme. Hay una frase de Cezar Mendes que me parece muy linda y que vengo diciendo en mis espectáculos. Es una frase que me tatuaría: "Nadie olvida el dolor sin merecer perder lo que era bueno". Y yo no pierdo lo que es bueno, ¿sabés? Lo que es bueno es bueno. Creo que eso vale para todo. Hasta para votar, para hacer cualquier cosa. No podés olvidar lo que es bueno, lo que es más importante. Y lo más importante es la música en mi vida. Principalmente en esta historia.

Roberta Sá e Gilberto Gil.
Roberta Sá e Gilberto Gil.
Foto: Difusión

—Otro registro sobre el que quería conversar es aquel video de Mambembe que grabaste con Chico Buarque hace unos 15 años y que recientemente volviste a compartir en las redes sociales. Además de la calidad musical, hay una complicidad muy linda entre ustedes, que aparece en las miradas y los gestos. ¿Percibís el cariño que el público tiene por ese video? ¿Qué sentís cuando lo volvés a ver?

—Cien por ciento. Yo era una niña, una niñita de verdad. No por la edad, sino por el alma. Y estaba ahí con el mayor ídolo de mi vida. Cuando lancé mi primer disco, las personas me preguntaban quiénes eran mis compositores favoritos. Citaba algunos nombres y, cuando llegaba a Chico, decía: "Este es Dios". Porque en mi casa todo el altar era para Chico. Creo que él me educó mucho para ser la mujer que soy, a través de sus canciones, de las letras de sus canciones. La canción brasileña me educó mucho. Y creo que eso es de suma importancia. La manera en que las canciones construyen nuestro pensamiento, nuestro sentido crítico, es muy importante. La lectura también, claro. Me encanta leer, me encanta informarme leyendo y sentirme impactada por la lectura. Pero la canción tiene algo diferente. Es un golpe, te llega directo al corazón, como una puñalada. Quizás el libro va actuando como un medicamento más lento. En cambio, la canción es como un remedio de acción rápida, va directo a la vena. Y nos trae mucha información. Entonces, yo estaba ahí con Chico, Marcelo Gonçalves también tocaba la guitarra, y estábamos muy emocionados. Fue realmente un momento único. Me encanta volver a ver esos ojitos míos, vernos mirándonos. Es muy tierno. Me gusta.

—A lo largo de estos 20 años, el samba siempre tuvo una presencia muy fuerte en tu trabajo, pero tu música también transita por otros ritmos de la MPB. ¿Dónde te encontrás hoy dentro de ese universo tan amplio que es la música popular brasileña? ¿Y cómo ves tu lugar después de dos décadas de trayectoria, considerando que antes formabas parte de una nueva generación y hoy también sos una referencia para artistas más jóvenes?

—De la nueva generación ya no puedo decir que formo parte realmente (se ríe). Aunque creo que esa idea de nueva generación dura mucho tiempo en la música brasileña, porque nuestros ídolos, gracias a Dios, son muy longevos. Y eso es maravilloso. Mientras tengamos a Chico, Caetano y Gil produciendo, todavía no voy a ser de la vieja guardia. Pero si me llaman para ocupar ese lugar, voy con energía.

Me siento muy cómoda en el samba, pero también en la bossa nova, el forró y en toda manifestación genuinamente popular brasileña. Me veo vinculada a la música popular de todas las épocas. Porque lo que era popular en 1940 no es popular hoy, y lo que es popular hoy ni siquiera existía en 1940. Me gusta escuchar a quienes están llegando, a cantantes nuevos, como Zé Ibarra, Dora Morelenbaum, toda esa gente de una generación más joven que la mía, pero que ya tiene un papel muy definido y una importancia muy grande en nuestra música. Me siento muy cómoda en esos ambientes y me gusta participar de todo. Pero, en el samba, es donde me siento más feliz. El samba es un lugar de mucha felicidad. Creo que es un lugar de resistencia, de encuentro, de ayudarse, de colaborar, de tener un amor en común. Las personas que aman el samba comparten ese amor por su escuela, por su barrio, por los amigos músicos, por la rueda de samba local, por la rueda que frecuentan. Hay un sentido de comunidad muy fuerte. Eso me encanta del samba.

La canción brasileña me educó mucho. Y creo que eso es de suma importancia.

—Sos una artista que se posiciona políticamente de manera muy clara. Hay quienes defienden que el arte y la política deben mantenerse separados, pero esa nunca fue tu postura. ¿Cómo ves el escenario político actual de Brasil y la importancia de que los artistas se manifiesten públicamente sobre estas cuestiones?

—Creo que estamos viviendo un momento mundial muy peligroso de ascenso de la extrema derecha. Ya no estamos hablando de aquello que crecí escuchando, de que existe una derecha y una izquierda. No creo que eso sea lo que estamos viviendo. Escuché a personas que son originalmente de derecha, desde hace muchos años, diciendo: "Esta vez es diferente. Realmente, esta vez es diferente". Creo que ya tenemos un problema muy grande, principalmente aquí en Río de Janeiro. Posicionarme, para mí, es un alivio, porque siento que estoy haciendo algo. ¿Sabés, Manuella? A veces tengo mucho miedo de que lo que estoy haciendo no sirva de nada. Pero lo hago igual. Porque creo que así es como tenemos que hacer las cosas en la vida. Creés y vas. Hago mis discos así, vivo mi vida así, vivo mis relaciones así. Si creo, voy. Y eso es lo que vengo haciendo. Creo que estamos viviendo un momento muy peligroso para las mujeres. Como mujer, me siento muy amenazada por lo que está pasando, por los discursos de personas que ganaron las elecciones en distintos lugares del país diciendo que no existe el feminicidio. Me parece muy grave. Y creo que los brasileños no tienen mucha noción de cómo esas cosas van a impactar realmente en la vida cotidiana de cada uno. Por eso considero muy importante hablar. Siempre, siempre que pueda. Porque forma parte de la comunicación, si en mi primer disco, a los 24 años, ya cantaba sobre ir a contramano, sobre la pérdida de la moral y la falta de vergüenza, ¿te imaginás ahora, con 46 años? ¡Solo empeoré! Quiero más, ¿sabés? (se ríe). También tengo mucho miedo por la cuestión ambiental. Considero muy grave lo que estamos viviendo. Y exponerme para intentar evitar un mal mayor es algo que hago sin el menor problema. Preferiría no tener que hacerlo. Preferiría que viviéramos en un país donde aquello que canto fuera suficiente para que las personas entendieran lo que estoy diciendo, asimilaran esos mensajes y comprendieran los cambios necesarios. Pero, como no es suficiente, creo que por lo menos tengo que intentar conversar con mi público, con las personas que me escuchan. Porque, si escuchan esas canciones, piensan de una manera parecida a la mía. No hay otro camino. Mis canciones nunca fueron simplemente canciones de amor. Siempre necesito que haya algo más. Entonces, creo que no tenía otra salida.

Preferiría que viviéramos en un país donde aquello que canto fuera suficiente para que las personas entendieran lo que estoy diciendo, asimilaran esos mensajes y comprendieran los cambios necesarios. Pero, como no es suficiente, creo que por lo menos tengo que intentar conversar con mi público.

—Después de un disco que revisita tantos años de trayectoria, ¿Cómo está la Roberta de hoy? ¿Qué estás pensando para el futuro? Al inicio mencionaste que estás preparando un nuevo álbum.

—Sí. Estoy en el estudio, pero muy lentamente, porque tengo una hija pequeña y mi vida gira mucho alrededor de esos dos grandes proyectos, que son mi hija y mi carrera. Solo entendí que mi carrera era un hijo cuando tuve una hija y me di cuenta de que necesitaba dejar un poco de lado la carrera para cuidarla. Porque la carrera también es un bebé, ¿no? La cuidás todos los días, necesitás regarla. Entonces, mi gran proyecto ahora es conseguir tener una vida más tranquila. Pero creo que eso es un proyecto a largo plazo.

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