El Hombre de Vitruvio —inspirado en el arquitecto romano Marco Vitruvio y popularizado por Leonardo da Vinci— es mucho más que un estudio de anatomía: es el símbolo definitivo de la interconexión entre el ser humano, la Tierra y el cosmos. Atraída por esta filosofía, la doctora Adriana Perla convirtió su patio trasero en un museo interactivo cuya pieza central es una figura humana de 10.000 metros cuadrados, a escala del dibujo de da Vinci.
El Museo Interactivo Vitruvio (MIVI) es el resultado de más de 10 años de trabajo. Todo empezó en un papel cuadriculado, entre cálculos y mediciones. Luego, pasó a la tierra, marcando el terreno primero con botellas y después —cuando se dio cuenta de que precisaba volumen para que la estructura adquiriera firmeza—, con ruedas de camiones que consiguió en una chatarrería.
Hoy, la estructura cuenta con 2.600 cubiertas, aproximadamente. La mano derecha, por ejemplo, es una escultura rellena de ruedas, tierra y pasto, pero también de otros desechos, desde impresoras hasta latas y botellas. Todo está representado: cabeza —que es un laberinto—, hombros, corazón, pulmones, intestino, útero, ovarios, pene, testículos, piernas, pies… Y cada parte del cuerpo contiene símbolos que conectan a los visitantes con el conocimiento universal.
Conocerse y valorar la vida
Da Vinci entendía la realidad como un todo interconectado, no como partes aisladas. Para Perla —especialista en gastroenterología y homeopatía, experta en permacultura y aficionada a la filosofía—, ese es uno de los principales mensajes del museo: “Somos uno solo. No quiero que me traten como un hígado o un páncreas, sino como la persona que soy”.
A través de símbolos y juegos, el MIVI no solo busca mostrar la conexión entre los sistemas del cuerpo, sino también entre lo físico, lo emocional y lo espiritual, y entre los seres humanos y el resto del cosmos. Perla señaló, por ejemplo, la inscripción de la tabla periódica sobre los neumáticos: “Los elementos químicos son la base de nuestra biología. La tabla periódica está en nuestro cuerpo y al mismo tiempo ordena el Universo, es maravilloso”.
Mirar hacia adentro, entonces, se transforma en una forma de ver más allá de nosotros mismos. Eso representaba el Hombre de Vitruvio para da Vinci: el cuerpo como un pequeño universo que contiene los elementos del mundo y el humano como un ser privilegiado para comprender el cosmos.
“Es cuestión de conocerse para que la vida adquiera otro valor”, sostuvo Perla. Y agregó: “Una vez, vinieron escolares y me preguntaron qué me motivó a hacer esto. Les respondí que quería que se dieran cuenta de que la vida es preciosa y que hay que ponerla en el centro. No estamos nosotros en el centro, está la vida. Es un cambio de cabeza”.
Seres conscientes y responsables
El MIVI es una gran obra de arte compuesta por pequeñas obras de arte —objetos reciclados y símbolos universales— y emplazada en medio de la obra de arte más impresionante que existe: la naturaleza. “Hay un montón de gurises que vienen y se descalzan naturalmente”, contó Perla.
El corazón es un bus antiguo reconvertido en un salón de clases creativo: almohadas en el piso, telas, una pizarra, luces. A su lado, el chakra cardíaco está representado con una hoguera, símbolo de la transmutación emocional y un punto de encuentro que fomenta la comunidad y la apertura. Más adelante en el recorrido, el estómago contiene calderas —un guiño a sus temperaturas elevadas— y la vejiga aparece como una fuente con agua en movimiento.
También hay útero —un pequeño y cálido refugio donde se puede entrar y renacer con intención—, trompas de falopio, ovarios, óvulos, pene y testículos. A través de la pierna, la rodilla y el pie, se llega al talón de aquiles, desde donde los visitantes pueden caminar hacia el otro pie —si quieren, con los ojos cerrados y tomados de una cuerda, para reflexionar sobre qué tan seguros y confiados caminan en un terreno desconocido.
El MIVI es interactivo porque “cada uno determina qué es lo que ve y cómo lo ve”, expresó Perla. “El ser humano da para todo. Hace poco vino un politólogo y le decía que la política puede verse como un organismo vivo: hay que llevar el oxígeno hasta la última célula, porque si no se isquemia, se gangrena y eso mata”, añadió.
¿Cuál es nuestra manera de estar en la vida? ¿Qué tanto nos conocemos? ¿Qué humanidad queremos? Estas son algunas de las preguntas que guían el recorrido. La premisa es clara: “Somos conscientes. Eso no nos hace mejores que otros animales, sino que nos vuelve más responsables de cuidarnos y cuidar la casa en la que vivimos”.
Acceder al Museo Interactivo Vitruvio
El Museo Interactivo Vitruvio está ubicado en la zona de Punta Espinillo, a 17 km del centro de Montevideo. Las estaciones lúdicas, los dispositivos artísticos y los recursos didácticos abordan sistemas corporales y dimensiones de la experiencia humana, articulando lo biológico, lo emocional, la historia, la geometría, el arte y el cuidado del ambiente en una experiencia vivencial.
Tanto para acceder a la visita guiada como a los juegos y al taller de reflexión y autoconocimiento —las tres modalidades en las que opera el museo—, es necesario contar con agenda previa. Hay actividades pensadas especialmente para escolares, que tratan temas desde matemática y aparatos del cuerpo humano hasta la guía básica de alimentación, siempre desde una perspectiva integral y universal.
Para agendarse, hay que contactarse al 091 652 720 o al 096 114 259. La visita guiada dura aproximadamente una hora y tiene un valor de $ 1.000 pesos por persona si vienen solas, $ 500 si vienen dos o más y $ 400 si vienen grupos de más de 6. Los niños menores de 5 años no pagan.