Los emblemáticos palmares de butiá en el departamento de Rocha, uno de los ecosistemas más representativos de la identidad uruguaya, enfrentan una situación de vulnerabilidad extrema. Investigadores del Centro Universitario de la Región Este (CURE), el Centro Interdisciplinario en Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (CICADA) y la UTU han emitido una advertencia clara: el palmar está envejeciendo y no se está renovando. La presión de la ganadería y la expansión de la agricultura arrocera en el norte del departamento han creado un entorno donde las semillas no logran germinar o, si lo hacen, son consumidas rápidamente por el ganado, deteniendo un ciclo vital de siglos.
Sin embargo, una investigación multidisciplinaria liderada por la bióloga Matilde Alfaro, de CURE, y el investigador Matías Arim (CURE y CICADA) ha identificado un aliado fundamental para la supervivencia de estos bosques: el ñandú. El estudio, que combinó el uso de 33 cámaras trampa con análisis de datos avanzados, reveló que esta ave corredora no solo es parte del paisaje, sino un motor biológico de restauración.
Al alimentarse de los frutos del butiá, el ñandú cumple una función que ninguna otra ave del ecosistema puede replicar actualmente: la dispersión a gran escala y la estimulación de la semilla a través de su sistema digestivo.
El rol del ñandú en la dispersión de semillas de butiá
La investigación determinó que el ñandú tiene un comportamiento único al interactuar con la palmera (Butia odorata). A diferencia de otras aves más pequeñas que picotean el fruto, el ñandú lo ingiere entero. Según explicó a El País la bióloga Matilde Alfaro, este proceso es similar al de los zorros; el ave traga el fruto y luego defeca los endocarpos —conocidos popularmente como "coquitos"— a varios kilómetros de distancia de la planta madre. Este traslado es vital para que las palmeras puedan colonizar nuevas áreas y expandir los parches de bosque que hoy se encuentran aislados.
Además de la distancia, el factor biológico es determinante. El equipo científico comparó la germinación de semillas provenientes de fecas de ñandú frente a las de otros mamíferos y ganado. Los resultados fueron contundentes: las semillas procesadas por el tracto digestivo del ñandú mostraron la mayor tasa de éxito.
"El ñandú está teniendo un efecto en potenciar esa germinación", afirmó Alfaro. En un contexto donde el palmar es muy alto y el proceso de renovación natural está prácticamente detenido, el ñandú se convierte en la única especie capaz de reactivar el ciclo de vida del butiá de forma efectiva.
Impacto de la fragmentación del paisaje y biodiversidad
Por su parte, el investigador Matías Arim señaló a El País que la fragmentación del ecosistema —causada por el uso del suelo— genera parches de palmar aislados entre sí, lo que afecta directamente la biodiversidad.
Utilizando herramientas de teoría de grafos, el equipo de CICADA analizó cómo las aves responden a este aislamiento. Se observó que, en los sectores más desconectados, el consumo de frutos disminuye drásticamente, lo que debilita la capacidad de recuperación del bosque.
Las aves de mayor tamaño, especialmente el ñandú, son las más sensibles a este aislamiento, por lo que mantener la conectividad entre los montes es crucial para que estos "dispersores" sigan cumpliendo su función.
Uno de los mayores obstáculos para la restauración es el sobrepastoreo. Si bien las vacas consumen los frutos y dispersan semillas, su efecto neto es negativo: cuando la pequeña palmera brota en el pastizal, el ganado se la come de inmediato, impidiendo su crecimiento.
Para contrarrestar esto, los investigadores están explorando el uso de "plantas protectoras", como la banana de monte. Esta especie espinosa crea un microambiente donde el ganado no ingresa por temor a pincharse, permitiendo que las plántulas de butiá crezcan bajo su resguardo. Este enfoque busca diseñar estrategias de restauración que aprovechen las defensas naturales de la flora autóctona para aislar el problema de la ganadería sin necesidad de intervenciones artificiales costosas.
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