Un estudio pionero en Uruguay comenzó a descifrar la "conversación" que ocurre en el interior del cuerpo de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Nadia Riera, investigadora del Laboratorio de Genómica Microbiana del Institut Pasteur, explicó a El País que los primeros resultados del proyecto apuntan a una diferencia clara en el perfil de microorganismos intestinales: “Tal vez en el TEA hay un grupo diferente de bacterias que están dando otras señales y hablando otras conversaciones, y eso de alguna forma esté relacionado con el trastorno”, señaló la experta.
La investigación, que involucra al Institut Pasteur, la Udelar y el Hospital Pereira Rossell, analizó la microbiota de 29 niños con TEA y sus hermanos. Riera destacó que el 93% de los participantes con el trastorno presenta síntomas gastrointestinales —como diarrea, vómitos o dolor abdominal—, lo que motivó al equipo a buscar asociaciones específicas.
“Identificamos algunas bacterias que aparecen más enriquecidas en el grupo con TEA y otras en el grupo sin diagnóstico”, detalló, aclarando que, aunque se detectaron patrones, aún no se puede establecer una relación de causalidad.
El butirato y el "segundo cerebro"
Uno de los hallazgos centrales compartidos por Riera es la menor presencia de bacterias productoras de butirato (Faecalibacterium y Coprococcus) en niños con TEA. “Este es un ácido graso de cadena corta asociado a funciones beneficiosas y a la salud de la barrera intestinal”, puntualizó la investigadora.
La reducción de estos microorganismos protectores, sumada a la mayor presencia de géneros como Sellimonas, refuerza la importancia del eje intestino-cerebro. Según Riera, este sistema bidireccional permite que las bacterias envíen señales que influyen directamente en el desarrollo y el comportamiento.
Riera también puso el foco en cómo la medicación habitual en esta población afecta el ecosistema digestivo. Detectaron que el uso de fármacos como la melatonina o antipsicóticos está asociado a una menor abundancia de Akkermansia, bacteria clave para la protección de la mucosa.
“A futuro, el objetivo es desarrollar herramientas más precisas para diagnosticar el autismo mediante el estudio de la microbiota”, afirmó. Actualmente, el proceso es meramente clínico y, en Uruguay, la brecha entre las señales de alerta y el diagnóstico efectivo promedia los 20 meses.
El rol de las familias como "héroes"
Para la investigadora, el éxito del proyecto —que busca alcanzar una muestra de 120 niños— descansa sobre el compromiso de los padres. “Las familias son los verdaderos héroes del proceso”, subrayó Riera, destacando su disposición para atravesar instancias exigentes de recolección de datos y entrevistas.
Este esfuerzo multidisciplinario, que integra a psiquiatras, nutricionistas y microbiólogos, pretende no solo mejorar el diagnóstico, sino también diseñar dietas personalizadas que alivien el malestar físico crónico que afecta a gran parte de la población con TEA en el país.
El próximo jueves 2 de abril se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Un 0,7% de la población uruguaya tiene diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista, según datos del último censo.
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