Especialista chilena llamó a fortalecer proyectos de IA con identidad latinoamericana y habló sobre Uruguay

“Ya no queremos ser simplemente quienes entregan datos o quienes consumen productos tecnológicos; estamos empezando a preguntarnos qué podemos hacer nosotros para nosotros”, dijo Gabriela Arriagada.

Gabriela Arriagada
Gabriela Arriagada, doctora en Filosofía, Inteligencia Artificial y Ética de Datos por la Universidad de Leeds, estuvo en Uruguay.
Foto cedida a El País.

La académica chilena Gabriela Arriagada, doctora en Filosofía, Inteligencia Artificial y Ética de Datos por la Universidad de Leeds, afirmó que América Latina atraviesa un momento decisivo en su relación con las nuevas tecnologías. En diálogo con El País durante su paso por Montevideo, la investigadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile y del Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) sostuvo que la región está dejando atrás el papel de espectadora en el desarrollo tecnológico global y comienza a diseñar proyectos propios, pensados desde sus identidades y necesidades.

Arriagada participó la semana pasada en el Primer Congreso Regional CICADA: Ciencia de Datos, Aprendizaje Automático e Inteligencia Artificial, que tuvo lugar en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República (Udelar). Allí expuso sobre “Ética de los LLM (modelos de lenguaje de gran escala): el caso de Latam-GPT”, un proyecto colaborativo regional que busca construir un modelo de lenguaje entrenado con datos latinoamericanos.

La especialista explicó que, históricamente, los países de la región han tenido una relación dependiente con los grandes polos tecnológicos del norte global. “Siempre hemos estado mirando hacia el norte. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial generativa está generando un cambio profundo en cómo entendemos nuestro rol”, señaló. “Hoy hay un cambio de narrativa: ya no queremos ser simplemente quienes entregan datos o quienes consumen productos tecnológicos; estamos empezando a preguntarnos qué podemos hacer nosotros para nosotros”, agregó.

Ese giro, destacó, se percibe tanto en el ámbito académico como en la industria y en la política pública. En todos esos espacios empieza a crecer una visión más crítica sobre la dependencia tecnológica y un impulso por desarrollar capacidades locales. “Es un cambio radical que no veíamos hace mucho tiempo”, afirmó Arriagada.

Uno de los ejemplos más visibles de esa nueva mirada es el proyecto Latam-GPT, impulsado por CENIA y diversas instituciones académicas y civiles de la región. “Estamos trabajando con más de 50 alianzas latinoamericanas, desde universidades hasta organizaciones sociales. Es un proyecto que muestra el poder de la colaboración regional”, explicó.

Gabriela Arriagada
Gabriela Arriagada, doctora en Filosofía, Inteligencia Artificial y Ética de Datos por la Universidad de Leeds, estuvo en Uruguay.
Foto cedida a El País.

Según detalló, el objetivo es entrenar un modelo de lenguaje con datos propios de América Latina, muchos de los cuales ni siquiera estaban digitalizados. “Cuando entrenamos modelos con datos nuestros, no solo aportamos al desarrollo tecnológico, sino que también aprendemos sobre nuestra riqueza cultural, lingüística y social. Los modelos dominantes hoy responden a valores y perspectivas anglocéntricas, occidentales, que no reflejan nuestras realidades. Este proyecto busca cambiar eso”, sostuvo.

Arriagada definió la iniciativa como un esfuerzo por construir soberanía digital: “Queremos generar conocimiento sobre cómo hablamos en español y portugués, qué significan nuestras palabras y cuáles son las variables culturales a considerar. Es un proceso de aprendizaje colectivo, de comunidad. No somos una empresa como OpenAI; somos una red latinoamericana aprendiendo sobre sí misma y generando una IA abierta, accesible y útil para la región”.

Ética tecnológica

La especialista también reflexionó sobre las implicancias éticas del desarrollo tecnológico y subrayó la importancia de que estos temas se discutan en espacios locales como el congreso realizado en Montevideo. “Poder traer la conversación ética al contexto latinoamericano no solo es importante, sino una responsabilidad moral y profesional. En Europa, donde me formé, la pregunta no es si debemos hablar de ética, sino cómo hacerlo. En nuestra región todavía falta mucho por incorporar esa mirada”, expresó.

En ese sentido, valoró la apertura interdisciplinaria del encuentro organizado por la Udelar: “Fue una experiencia muy buena porque permitió unir ingeniería, industria, investigación y ética aplicada. La ética no tiene que ser una barrera frente a la innovación, sino una herramienta para generar procesos sostenibles y con beneficios reales para las comunidades”.

Consultada sobre la necesidad de marcos normativos, Arriagada señaló que la regulación de la inteligencia artificial es un paso inevitable, aunque debe darse con cautela y sentido propio. “La regulación nunca es la solución definitiva, pero sí un punto de partida. Es necesario proteger derechos fundamentales como la privacidad, la autonomía y la protección de los datos personales. En Chile tuvimos que actualizar nuestra normativa porque los datos hoy no se manifiestan de la misma manera”, explicó.

Gabriela Arriagada
Gabriela Arriagada, doctora en Filosofía, Inteligencia Artificial y Ética de Datos por la Universidad de Leeds, estuvo en Uruguay.
Foto cedida a El País.

No obstante, advirtió sobre el riesgo de copiar marcos regulatorios extranjeros: “No se trata de replicar lo que hace Europa o Estados Unidos, sino de pensar nuestras propias estructuras y ecosistemas. Hay que construir con una postura crítica, paso a paso, sin apuro y sin generar pánico. La regulación debe acompañar el desarrollo ético y educativo, no frenarlo ni imponerlo desde afuera”.

En su enfoque filosófico, Arriagada trabaja con el concepto de las “virtudes tecnomorales”, elaborado por la filósofa Shannon Vallor, que promueve el cultivo de nuevas virtudes frente a las tecnologías emergentes. “La prudencia y el coraje son fundamentales. Ser prudente no significa oponerse al avance tecnológico, sino entenderlo y asumirlo de forma responsable. No se trata de saltar al tren de la IA sin saber adónde va, sino de educarnos y adoptar una postura crítica”, afirmó.

Para la académica, la educación será clave para que la región pueda decidir su propio rumbo tecnológico. “Educarse tecnológicamente también es educarse éticamente. Es desde la formación cívica y técnica que podremos tomar decisiones conscientes sobre los riesgos que estamos dispuestos a asumir”, sostuvo.

Finalmente, Arriagada concluyó que el desafío de América Latina no es solo técnico, sino también cultural y ético. “Durante mucho tiempo el sur global fue tratado como un campo de prueba por las grandes compañías, sin regulación que nos protegiera. Hoy eso está cambiando. Nos estamos reconociendo como productores de conocimiento y construyendo una inteligencia artificial con acento latinoamericano”, dijo.

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