La propuesta que convirtió un bar escondido en un escenario murguero vuelve a encontrarse con el público. Debido al éxito, Murga a la mesa reestrenó su experiencia de canciones a la carta, con artistas en la piel de mozos, clásicos del género y un show donde los comensales también son protagonistas. La cita son los viernes de octubre a las 20:00 y la locación es secreta.
El plan es trasladar la magia y la esencia de la murga a las tablas sin que exista el Concurso Oficial de Carnaval de por medio. Armar cantarolas y servir cual si fuera un menú esos clásicos infalibles de la marcha camión, que musicalizan asados y festejos.
Hay un público ávido de consumir este género más allá de febrero y por eso las propuestas se han multiplicado durante el año. Esta tiene algunas particularidades que la hacen especial por su originalidad.
El personal del bar de Alfredo tiene un problema. No puede vivir de lo que realmente aman: cantar murga. Por eso trabajan como mozos y mozas hasta que, una vez por semana, el dueño se retira y el equipo transforma el restaurante en El Embrollo, un particular “murga-catering” donde las canciones se sirven como platos.
Así funciona Murga a la Mesa, una propuesta que cruza murga, música y teatro dentro del universo de un restaurante.
La ubicación permanece en secreto, porque se hace a espaldas del patrón, así que solo quienes reservan -vía Instagram a @murgaalamesa, al 098 102 882- reciben las coordenadas para llegar a la función.
Una vez adentro, los mozos reciben al público, preparan las mesas y, entre guitarras y bandejas, comienza una función muy distinta a la de un tablado tradicional.
La carta funciona como programa del espectáculo e incluye clásicos de murgas históricas y de la murga canción, además de versiones y composiciones inéditas. Los espectadores pueden elegir canciones y son invitados a cantar junto al elenco, en una experiencia que combina canto, interpretación instrumental en vivo, actuación, humor y crítica social.
La cercanía es parte fundamental de la propuesta. En varias funciones, incluso los artistas se asombraban cuando algún espectador tomaba la posta y se sumaba al coro. La intención es recuperar también esa dimensión colectiva de la murga, lejos de las exigencias del Concurso Oficial.
Detrás de los mozos y mozas hay artistas con recorridos por conjuntos como Falta y Resto, La Gran Muñeca, Curtidores de Hongos, Metele que Son Pasteles y Gente Grande, además de experiencias en Murga Joven, Carnaval de las Promesas, teatro y música popular.
La dirección general está a cargo de Flor Núñez, con arreglos corales de Núñez y Leandro Castro Lazaroff, y la dirección escénica de Horacio “Tato” Suárez.
Murga a la mesa convierte así una salida a comer en una función clandestina y cercana, donde por un rato las bandejas dejan lugar a las canciones y el público pasa a formar parte del espectáculo.
Las reservas se realizan a través de Instagram, en @murgaalamesa, o por WhatsApp al 098 102 882.
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