Gustavo Kreiman y Camila Ferrari estrenan "Mi amiga fantasma", una obra sobre crecer y aprender a soltar

La propuesta, que llegó a Sala Verdi y combina teatro con seis canciones, explora el paso del tiempo, las contradicciones de la adultez y la dificultad de dejar atrás lo que acompañó en la infancia.

"Mi amiga fantasma".
"Mi amiga fantasma".
Foto: Lul.

Hasta hace un año, Camila Ferrari y Gustavo Kreiman solo habían intercambiado algunos mensajes por redes sociales, pero nunca habían hablado en persona. Ella es cantante, él es dramaturgo; ambos admiraban el trabajo del otro.

Un día, acordaron para tomar un café. Allí, Kreiman le hizo la propuesta que luego se transformaría en Mi amiga fantasma, una obra teatral con la música en el centro que representa el debut actoral de ella junto a Anaclara Ferreira. Este jueves se estrenó en Sala Verdi, donde tendrá funciones hasta el 26 de noviembre. Las entradas están disponibles por Tickantel entre 600 y 800 pesos.

Por ese entonces, Kreiman venía de dirigir Díptico de los padres, una obra de su autoría con carácter personal, ya que toca el vínculo con sus padres. “Hacerla me da ganas de morirme, más allá de que la quiero seguir haciendo. Necesitaba algo que me dé ganas de vivir e irradie otra luz”, dice el dramaturgo en diálogo con El País.

Mi amiga fantasma tiene dos protagonistas: Camila y su mejor amiga, una fantasma que invocó hace 20 años. El dilema es que, a diferencia de ella, su amiga no crece. Camila entiende que debería soltarla y ser adulta, pero tampoco tiene muy claro qué significa eso. Hablar con su amiga tampoco la ayuda. Sus canciones son el ritual para liberarse de ella.

En un principio, Kreiman estaba interesado en que Ferrari haga la música, pero también en incluirla en escena de manera “orgánica”.
“Es cierto que, a veces, la música se incluye de manera extraña en algunas obras, queda un poco de lado. Acá, la idea era integrarla”, explica la cantante.

El resultado fueron seis canciones, una de ellas es una versión de “Al mismo tiempo”, de Fernando Cabrera. El proceso de escritura estuvo atravesado por estas, según recuerdan, porque el cancionero se utilizó como un mapa para construir la estructura narrativa. Aunque las canciones aún no estuvieran hechas, la idea de los temas que iban a tratar estaban puestos sobre la mesa.

“En los momentos teatrales expresan su mundo interior, se pelean y juegan. En las canciones hacen música, que es un lenguaje no tan líneal, te pasan un montón de cosas al mismo tiempo. A veces el teatro es un poco más racional porque va siguiendo el texto de una manera lógica”, sostiene Kreiman.

En un principio, la pregunta del dramaturgo era: ¿Cómo hacer algo luminoso, tierno, pero sin que sea una cursileria? Que se haga cargo de la oscuridad, pero elaborar una narrativa posible. Esa pregunta lo llevó a Ferrari y su música. “Yo veía en sus recitales que puede transitar profundidades, pero devuelve luz”, recuerda.

Gustavo Kreiman.
Gustavo Kreiman.
Foto: Luisina Abreu.

Para la cantante, es la primera vez que escribe y actúa. “Estoy lidiando con mi autoxigencia, que por momentos es bastante alta. Estoy experimentando y jugando, lo que te lleva a estar frente a devoluciones de manera constante y a manejar la frustración de otra forma”, dice y explica que le recuerda a su paso por una banda, ya que “todos ponen el mismo compromiso, más allá de que aparezcan o no en escena”.

El trabajo en equipo estuvo presente desde el principio. Realizaron tres retiros distintos en Jaureguiberry, Neptunia y La Pedrera respectivamente. El primer estuvo centrado en la escritura, el segundo en la actuación, y el tercero, al que solo fueron las dos actrices y él, en la música. “Todo eso es hacer la obra, porque no se trata solamente de montarla y tomar decisiones de puesta en escena. Nos embardunamos del universo que queríamos crear conviviendo, haciéndonos amigos”, afirma el director.

Para Mi amiga fantasma, dice que sentía que debía estar a la altura del desafío, esto es “trabajar bien y ser impecable en términos de decisiones”. “Estamos programados en una sala pública que confía en nosotros y que está llena de buenos artistas como Gabriel Calderón, Josefina Trías y Vachi Gutiérrez”, explica y agrega que fue importante contar con el espacio durante estos meses para poder ensayar y trabajar.
Otro desafío también fue poder explayar de manera correcta las preguntas que plantea la obra: ¿Qué es crecer? ¿Qué sentido tiene hacerlo en un mundo apocalíptico?

Ferrari agrega que también tiene que ver con sentir el paso del tiempo y no solo crecer, sino también cómo uno desea hacerlo. “Se trata sobre lo horrible y lo bello de ser adulto. Tal vez no se llega a una respuesta, pero se complejiza sobre sus contradicciones”, dice.

"Mi amiga fantasma".
"Mi amiga fantasma".
Foto: Luisina Abreu.

El hecho de que esos pensamientos dejen de ser individuales y pasen a un plano colectivo, construido entre elenco y público, también hace una diferencia, según ella. “Probablemente hay un montón de cosas que van a seguir siendo espantosas, pero la posibilidad de construir belleza la tenemos”, acota Kreiman.

Además de Díptico de los padres, el dramaturgo viene de reestrenar Tocar un monstruo en Sala Hugo Balzo. En ese caso, el texto era de la autoría de Gabriel Calderón. “Tocar un monstruo es una obra difícil, pero está bien escrita y además no dirigí solo. Pero cuando inventás algo y generás las condiciones del proceso, estás enamorado de este. En el arte te enamorás de cosas, pero también encontrás maneras para que los demás se enamoren”, concluye.

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