Federico Pereyra: salir 26 años en Carnaval, actuar con lenguaje de señas y defender el título con Momosapiens

El actor y docente regresa esta noche con Momosapiens para la Liguilla del Concurso Oficial; sobre actuar con lenguaje de señas, la dupla con Rubino y la maquinaria de los parodistas, esta charla.

Federico Pereyra en Momosapiens.
Federico Pereyra en Momosapiens.
Foto: Gentileza,

Sube al Teatro de Verano desde 1999 y salvo en 2021 cuando se suspendió el Concurso Oficial del Carnaval, no se perdió ningún año en el Templo de Momo. En este tiempo, Federico Pereyra se ha dado el gusto de salir en murga, humoristas, revista y parodistas. Comenta entre risas que solo le falta salir en Sociedad de Negros y Lubolos para completar todas las categorías del Carnaval uruguayo.

En este tiempo Pereyra pasó por todo lo imaginable: no clasificar, no llegar a la Liguilla, quedar en segundo lugar, escuchar los fallos con ilusión y frustración, y recién el año pasado ganar por primera vez. Fue gracias al espectáculo “Comediantes como de antes”, compuesto por las parodias a la vida de Gerardo Matos Rodríguez y a la película Inseparables que Momosapiens se llevó el primer puesto en sus 13 años de historia. En un año marcado por la vuelta de Horacio Rubino al Carnaval, Pereyra tuvo el desafío de interpretar a un tetrapléjico en la segunda parodia; este año se sumó un desafío mayor: hablar y actuar con lenguaje de señas.

Pereyra comenzó en Los Dandys, después pasó por Casanova 2000, quedó afuera del Concurso cuando Cyranos no pasó la prueba de admisión en 2001 y siguió en el conjunto hasta 2008. Al año siguiente pasó a la revista Carambola, en 2010 a la murga Happy Long, y hasta escribió sobre Carnaval en El País. En 2012 nació Aristophanes que se convirtió en su laboratorio creativo y donde se mantuvo hasta 2023. Desde 2024 integra las filas de Momosapiens donde hoy se encarga de los textos junto a Rubino, de la puesta en escena y es parte del elenco del espectáculo.

Parodistas Momosapiens en el Carnaval 2026.
Parodistas Momosapiens en el Carnaval 2026.
Foto: Gentileza.

“Vengo de una escuela en la que intento que todo tenga un sentido interno, lo que después se cruza con el absurdo más desfachatado de Horacio Rubino, y aparece una mezcla que creo que funciona bien”, comenta Pereyra sobre la propuesta de este año de Momosapiens.

De esta forma, las parodias (historias a priori tan disímiles como El Eternauta, Robin Hood y Coda) no quedan como islas: se van enganchando y terminan construyendo una gran historia. “Si querés, hay hasta una cuarta parodia, que es el propio carnaval. Ese cierre en el que entendemos que nos salvamos entre todos. Porque sin público, sin tablados, sin ese ida y vuelta, no existimos”, agrega.

Desde la primera rueda se sintió que todo el engranaje para generar el humor estaba muy bien ensayado. Hoy, previo a su presentación (si el tiempo acompaña) en la Liguilla, entienden que ya está súper digerido y muy trabajado. “Ahora seguimos en competencia, sabiendo que los demás también juegan y que después decidirá el jurado”, comenta.

—¿Qué se siente por primera vez defender el título?
—Sinceramente, no lo vivo como una mochila. Hago lo mismo que siempre: tratar de montar el mejor espectáculo posible. Es verdad que desde afuera te presentan como “los campeones defensores” y eso genera una expectativa distinta. Pero en el trabajo concreto —escribir, dirigir, actuar— no cambia nada. No actuás mejor ni peor por tener una copa en la repisa.

—El año pasado el desafío físico era enorme ya que interpretaste a un tetrapléjico, y este año subieron la vara usando lengua de señas en la parodia de CODA. ¿Cómo fue el proceso para lograrlo?
—La idea la trajo Horacio el primer día de ensayo. Vino y dijo: “este año hacemos CODA”. Yo no había visto la película, la miré y enseguida entendí que había algo potente ahí; también sabíamos que implicaba meses de trabajo. Primero armamos las escenas habladas para entender bien qué decían los personajes sordos. Después quitamos la voz y empezamos a hacer señas provisorias, hasta que se sumó Isabel Pastor como maestra de lengua de señas. Más adelante llegaron los carteles, primero caseros y después producidos, cuidando los tiempos, la visibilidad y el ritmo. Es una parodia que depende muchísimo del compañero que sube un cartel en el momento exacto. Sin ese engranaje, no se entiende igual.

Parodistas Momosapiens en el Carnaval 2026.
Parodistas Momosapiens en el Carnaval 2026.
Foto: Gentileza.

—Y más allá de la discapacidad, la historia conecta con algo universal: dejar que los hijos tomen su propio camino.
—Exacto. Para mí no habla solo de sordera. Habla de padres que no entienden el camino que elige su hija, del miedo a que tome una decisión que uno no conoce. Eso nos atraviesa a todos. Si fuera solo un tema de discapacidad, llegaría a un público muy específico. Pero lo que conmueve es la relación familiar, el crecimiento, la aceptación.

—Además de Carnaval, en el año tenés tu grupo de teatro.
—Sí, el Grupo Texas, que significa Teatro Exalumnos Salesianos. Tenemos 26 años de historia, estamos afiliados a FUTI, y allí doy talleres todo el año. También montamos obras para adultos y niños. Además trabajo como profesor de teatro en varios colegios. Tengo la dicha que vivo de esto, y eso me mantiene entrenado todo el tiempo. Cuando llega el carnaval cambio el chip, pero en el fondo siempre estamos hablando de montar espectáculos.

—¿Cómo es la dupla creativa con Horacio Rubino?
—Un aprendizaje constante. Es un maestro del humor y, además, muy abierto. Podría imponer su estilo sin escuchar a nadie, pero no lo hace. CODA la escribí yo con aportes suyos; Robin Hood la escribió él con aportes míos. Nos dejamos contaminar por el otro. Y también por el elenco. Porque hay chistes que nacen en escena. Por ejemplo, cuando cae el tomate y dicen: “cayó Maduro” fue una ocurrencia de Maxi Azambuya en medio de un ensayo. Nuestro trabajo después es decidir qué queda y qué no. A veces hay que decir que no, y eso no siempre cae simpático, pero alguien tiene que cuidar el ritmo.

—Comparten un humor bastante familiar, sin abusar del doble sentido.
—Sí, aunque tampoco somos puritanos. Hay un momento en que a un personaje le clavan una flecha y grita “¡la puta madre!”. Lo discutimos bastante. ¿Es una mala palabra? Sí. Pero también es lo que diría cualquiera si le pasa eso, porque nadie diría “qué cosa”, o “la pucha”. Entonces entendimos que no era un recurso fácil, sino algo orgánico a la situación. El humor tiene que aparecer en su justa medida, sin forzarlo.

—En estas etapas de Teatro de Verano y tablados, ¿cómo viven la recepción del espectáculo?
—Con mucha alegría y mesura. Sabíamos por los ensayos que funcionaba, pero la devolución fue enorme. Los comentarios, el boca a boca, la emoción… todo eso nos tiene muy contentos. Después el concurso dirá lo suyo, pero lo más importante ya está: el espectáculo conecta con el público. Y eso, en Carnaval, es la verdadera victoria.

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