Hay series que no inventan nada, pero que ejecutan la fórmula con precisión. El agente nocturno de Netflix es una de ellas. Tiene acción sostenida, persecuciones bien coreografiadas, tiroteos y una trama de intriga que dosifica la información en cada episodio. Esta semana llegó la tercera tanda de episodios a la plataforma; como siempre son 10 capítulos de una hora.
Desde su estreno, se convirtió en un fenómeno. De acuerdo a Netflix, fue la serie en inglés más vista de 2023 y hoy se ubica en el puesto 10 del ranking histórico global con más de 98 millones de visualizaciones.
Creada por Shawn Ryan, nombre fuerte de la televisión y responsable de éxitos como The Shield, que a inicios del 2000 ya exploraba la corrupción en el gobierno y las zonas grises del poder. Ahora, la trama se basa en la novela de Matthew Quirk, publicada en 2019 y convertida en best seller. La misma sigue a Peter Sutherland (Gabriel Basso), un agente del FBI que, tras frustrar un atentado en un tren, es asignado al programa secreto Night Action. Su tarea parece absurda y muy aburrida: esperar en un subsuelo de la Casa Blanca que suene un teléfono negro. Hasta que suena.
Del otro lado está Rose (Luciane Buchanan), analista informática cuya familia es asesinada después de revelarle información sensible. Ese llamado activa una cadena de conspiraciones, traiciones y encubrimientos que escalan hasta la cúpula del poder político. Y, como suele ocurrir en este tipo de relatos, entre la paranoia y el peligro también surge una historia de amor.
El éxito inicial garantizó una segunda temporada, que amplió la escala y sacó a la serie del encierro de Washington. La acción comienza en Tailandia, con Peter siguiendo a un presunto terrorista. Cuando la operación fracasa, sospecha de una traición interna y desaparece. Ni sus superiores —encabezados por Catherine (Amanda Warren)— ni su novia/protegida Rose saben dónde está. La búsqueda los conduce a nuevas capas de conspiración: un misterioso “broker” que trafica secretos de Estado, tensiones diplomáticas con Irán y una campaña presidencial que, sin nombrar a nadie, dialoga con la actualidad.
La segunda entrega apostó a la expansión internacional y a multiplicar subtramas, lo que no entusiasmó demasiado al público. A veces esa ambición dispersa la trama central, pero también refuerza su idea de base: en este universo nadie es completamente confiable. Y Peter sigue moviéndose en un mundo donde la lealtad es frágil y el poder, opaco.
El cierre de esa temporada elevó la apuesta: Peter y Rose frustran un ataque químico contra la ONU en Nueva York. Para lograrlo, él hace un pacto con el millonario Jacob Monroe (Louis Herthum), decisión que salva miles de vidas pero compromete su futuro. El precio es alto: Rose queda fuera de su vida mientras él continúa dentro del engranaje del programa.
La tercera temporada, ya disponible, se anima a cambiar el tablero. Arranca con el ataque a un avión comercial sobre Venezuela y pronto traslada la acción a Turquía, donde Peter se asocia con Isabel (Génesis Rodríguez), una periodista especializada en finanzas (e hija distanciada del propio Monroe). De esa forma el enemigo ya no es solo el terrorista clásico: es el dinero; y como decían en Todos los hombres del presidente, hay que seguir el dinero. Así, la serie se mete en el terreno de las instituciones financieras como cómplices silenciosas de operaciones oscuras, un enfoque que le da un tono más contemporáneo.
Ryan explicó que necesitaban explorar ese universo económico porque muchas de las peores decisiones globales no se concretan sin respaldo financiero. La idea no es menor: el espionaje ya no depende solo de armas y agentes encubiertos, sino de transferencias invisibles y acuerdos secretos.
Además, la temporada profundiza en las consecuencias del trato que Peter hizo con Monroe, una decisión que podría haber influido incluso en una elección presidencial, favoreciendo al gobernador Richard Hagan (Ward Horton).
En el plano más físico aparece un nuevo antagonista, “The Father”, un asesino que captura a Peter y lo somete a un interrogatorio con suero de la verdad. Según Ryan, la escena del interrogatorio es el mejor trabajo actoral de Basso en la serie.
Con más escenas de acción —incluida una secuencia rodada en un gigantesco tanque de agua en República Dominicana— la tercera temporada confirma que la serie entiende su ADN: mantener la tensión constante, amenazas cruzadas y una sensación permanente de que el enemigo puede estar en cualquier oficina con acceso a un archivo clasificado.
El agente nocturno no cambia la fórmula, pero brinda una sensación de adrenalina constante. Y en un panorama saturado de estrenos en los servicios de streaming, el thriller político, cuando está bien hecho, siempre encuentra adeptos.
-
De la peor a la mejor: el ranking de la saga "Jurassic Park" ante la llegada de la última película al streaming
"En el barro 2": el monstruo de Verónica Llinás que fascina al público, el éxito y qué se sabe de la temporada 3
La película de Netflix que arrasó en los Spirit Awards y toma impulso de cara a los premios Oscar 2026