Ricardo Arjona en el Centenario: 45 mil personas, clásicos y una noche helada convertida en karaoke gigante

El guatemalteco volvió a Montevideo tras más de tres años con un show de dos horas y media en el Centenario, entre hits, nostalgia y una multitud que desafió el frío.

Ricardo Arjona en el estadio Centenario.
Ricardo Arjona en el estadio Centenario.
Foto: Marcos Harispe

Falta media hora para que empiece el show y el Estadio Centenario ya parece otra cosa. Entre la niebla, el frío y la llovizna que cayó durante todo el miércoles, miles de personas avanzan por los accesos buscando su puerta de ingreso como si fueran hacia una ceremonia conocida de memoria.

Hay mujeres con pancartas, globos, banderas y vinchas luminosas. Algunas terminan de maquillarse sentadas en la tribuna. Otras, más previsoras, llevan almohadones para sobrevivir al cemento helado de las gradas y las sillas mojadas. Nadie parece demasiado preocupado por el clima. Después de todo, pasaron 1.181 días desde la última visita de Ricardo Arjona a Montevideo, cuando presentó Blanco y negro tour.

Ni el frío ni la amenaza de lluvia evitaron que unas 45.000 personas —en su enorme mayoría mujeres, aunque también había parejas de todas las edades— se reencontraran con el guatemalteco en el Centenario. Porque un recital de Arjona no funciona solamente como un concierto: tiene algo de catarsis colectiva, de karaoke multitudinario y también de ritual compartido entre amigas, madres, hijas y parejas. En estos tres años, dos meses y 24 días que separaron esta visita de su última presentación en Uruguay, el fervor por volver a verlo se mantuvo intacto.

Ricardo Arjona en el Estadio Centenario.
Ricardo Arjona en el Estadio Centenario.
Foto: Marcos Harispe

A las 21.05 comenzó a sonar la música mientras las pantallas gigantes mostraban fachadas parisinas y “Burning Love”, de Elvis Presley, ambientaba la espera. El público seguía entrando cuando arrancaron los primeros acordes de “Iluso”. Todavía no aparecía Arjona ni había músicos sobre el escenario, pero la gente ya cantaba de pie.

Uno a uno fueron apareciendo los integrantes de la banda hasta que finalmente salió Arjona, vestido completamente de negro, con un tapado abrigado, sombrero y una bufanda blanca y negra, para abrir oficialmente la noche con “Gritos”, una de las canciones de El seco, el disco que publicó en 2025 luego de una pausa que, a fines de 2023, había sonado peligrosamente parecida a un retiro.

“¡Estoy feliz de estar acá!”, dijo Arjona en la primera pausa de la noche, antes de contar una historia familiar que parecía salida de una de sus canciones. Relató que su padre se convirtió en maestro y se enamoró de “una maestra guapa, espigada, morena, alta, que se llamaba Mimi”.

“Mi padre en automático le echó el ojo a la Mimi, y la que le echó el ojo a mi papá fue mi tía Betty”, contó entre risas. Comentó que su tía era poco inspirada para escribir cartas de amor y era su madre quien terminaba redactándolas. “Cuentan los chismes que una buena noche de luna mi madre le dio a mi padre lo que mi tía no le había querido dar y entonces nació mi hermana mayor. Así empezó todo”, comentó, provocando las primeras carcajadas de la noche.

Y como ocurrió en 2023, en el show también tuvo algunos momentos incómodos. Uno de ellos llegó cuando habló sobre la crianza actual. “Mi madre decía cosas como: ‘Mi hijo, que no se le olvide. En esta casa no tiene ni voz ni voto hasta que no aporte’. No era como los papás de hoy, culpables, nadie sabe por qué son tan culpables. Preguntan a sus hijos ¿qué va a querer de comer hoy? ¿Y de vacaciones a dónde va a querer ir?", dijo.

Ricardo Arjona en el estadio Centenario.
Ricardo Arjona en el estadio Centenario.
Foto: Marcos Harispe

Algo similar ocurrió cuando se refirió al bullying como “la materia más importante del ciclo escolar”. “¿Dónde carajo aprende uno a defenderse de los enemigos? Es ahí donde se aprende. Mírenme a mí”, dijo. Después remató: “Otros se quedaron en el camino y se hicieron diputados y hasta presidentes de países”. “El mundo se fue convirtiendo en una especie de cabaret”, lanzó antes de interpretar “El mundo se volvió un cabaret”.

El repertorio fue prácticamente el mismo de su residencia en Guatemala, la gira por Estados Unidos y Puerto Rico y las 14 fechas consecutivas en Buenos Aires: una mezcla de clásicos inevitables, segmentos más íntimos y canciones nuevas que el público ya incorporó con rapidez.

Cada tema encontraba su propio coro multitudinario, y también hubo espacio para las bromas. Antes del segmento de clásicos, Arjona comentó: “Ustedes están con unas ganas tremendas de hacer un viaje al pasado, me parece”. Los gritos fueron inmediatos. “Ya me lo sospechaba. Quiere decir que todo lo que hicimos hasta ahora estuvo fatal. Vamos a empezar de cero entonces”, bromeó.

El show alcanzó otro nivel de cercanía cuando caminó hasta la punta de la pasarela para cantar “A ti” frente a la Olímpica. Allí lo esperaban las músicas y coristas del espectáculo para uno de los momentos más celebrados de la noche: las canciones elegidas por el público mediante un código QR antes del recital.

Así aparecieron “Quiero” y “Marta”, recibidas como clásicos sagrados.

Para “Señora de las cuatro décadas”, el guatemalteco volvió a repetir una de las escenas favoritas de esta gira: elegir a una mujer del público para subir al escenario. En Montevideo la seleccionada fue Susana, una enfermera de 43 años que estaba en el primer anillo de la Olímpica con globos dorados y terminó convertida, por unos minutos, en protagonista absoluta de la noche.

También hubo lugar para “Fuiste tú”, aunque esta vez sin artistas invitados locales, como había ocurrido en otros países con Ángela Leiva o Soledad Pastorutti. En Uruguay lo acompañó Virginia, una de las cantantes de la gira.

A las 23.30, después de dos horas y media de show, Arjona cerró la noche con “Mujeres” y una ráfaga de fuegos artificiales que iluminó el Centenario. Abajo, todavía entre humo y frío, miles de personas seguían pidiendo "una más", como si el recital no fuese a terminar nunca.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar