Ambos se turnan para reconstruir cómo se conocieron. Mateo Ottonello recuerda que tocaron juntos por primera vez en La Trastienda, en épocas de pandemia, cuando los shows eran con público sentado y aforo limitado. Luego, Luciano Supervielle dice que Ottonello lo invitó a su residencia musical en el festival Medio y Medio. En Un poco de belleza por favor, un festival multidisciplinario de la Comedia Nacional en 2024, compartieron escenario.
Pero la experiencia que les hizo darse cuenta del potencial que tenían en conjunto fue Entre rimas y riberas, una obra teatral para la que compusieron la música y viajaron a Madrid. Desde ese entonces, han colaborado en todo tipo de proyectos: desde presentarse juntos en el festival Quebrada a trabajar en la banda sonora de El tema del verano, la película de Pablo Stoll.
La carrera de Supervielle discurre entre Platano Macho, Peyote Asesino, Bajofondo, la producción musical de muchos artistas, la creación de bandas sonoras y más. Ottonello toca la batería de manera tal que le ha permitido tocar con Hugo Fattoruso, Claudio Taddei, Nicolás Ibarburu, Julieta Rada, Javier Malosetti, Coti y más, además de ser uno de los grandes nombres de la escena del jazz uruguayo. Luego de que se levantaron las primeras restricciones de la pandemia, lanzó las Residencias Ottonello, un ciclo de espectáculos con músicos invitados que, para muchos, fue un reencuentro con las presentaciones en vivo.
Mañana, Supervielle y Ottonello se reecontrarán en el lugar que tocaron por primera vez: La Trastienda. Darán un show junto a un cuarteto de cuerdas e invitados. Las entradas están a la venta por Passline desde 850 a 1200 pesos.
De cara al show, ambos conversan con El País sobre cómo su alianza solo crece con el tiempo.
—Trabajaron juntos con la Comedia Nacional y a partir de ahí no pararon, ¿qué encuentran en el otro?
Ottonello: Trabajar durante dos o tres semanas nos mostró que podíamos hacer un montón de cosas buenas juntos. En la obra no tocábamos música tradicional, era mucho más efectista, pero nos abrió un lugar de creatividad tota. Ahora el dúo va por otro lado, más allá de que están esos tintes de improvisación que vienen más de mi lado, Luciano trae esa cabeza de producción y toda la influencia más clásica.
Supervielle: Es verdad lo que dice Mateo. Lo que aporta a mi música es algo que me es imposible generar y, a la vez, yo genero cosas en la música de él que le interesan. Este show es un nuevo desafío, porque tocamos con un cuarteto de cuerdas, tenemos invitados y vamos a incorporar música nueva. La idea a futuro también es componer juntos, no sabemos para qué, pero sí nos planteamos recorrer un camino para generar cosas. Todo es una gran experimentación, que hasta ahora siempre nos ha llevado a lugares divinos.
—¿Qué le aporta el cuarteto de cuerdas a la sonoridad del show?
Supervielle: Yo vengo trabajando desde hace años con ese cuarteto de cuerdas y son todos músicos que tocan clásico y popular, entonces se mezcla una gran técnica instrumental, cultura musical y la versatilidad para adaptarse a distintos contextos. Mateo también tiene eso, entonces tienen un diálogo súper nutrido. No es tan común la capacidad de escuchar y jugar con el otro, algo que tienen tanto Mateo como los del cuarteto.
—Mateo, dijiste que improvisar con otros es como tener una conversación. Por lo que este show va a ser un gran despliegue.
Ottonello: Aparte estamos contentos de la música nueva que vamos a tocar. Luciano trae una de su primer disco que nunca tocó y la podemos bajar a mi forma de tocar la batería. Tengo temas de mi primer disco a los que me gustaría ponerle cuerdas y tocarlo desde un lado mucho más cancionero. En cada show vamos encontramos más lugares por donde podemos ir juntos.
Supervielle: Mateo tenía una residencia en el Mingus a la que fui dos o tres veces. Eso está bueno porque es un ámbito en el que Mateo invita a gente y todo gira en torno a eso. Es una constante búsqueda de también de salir de un formato al que estoy más acostumbrado. Eso me hace disfrutar un montón porque estás tocando y descubriendo un montón de cosas que son nuevas. Es motivador.
—Cada vez hay más jams en Montevideo. Algo que vos, Mateo, venís haciendo hace años. ¿Sentís que aportaste a que crezcan?
Ottonello: Yo creo que sí. Venimos con un grupo de personas aguantando ese mostrador que cada vez es menos cool y difundido. Hace un par de años estuve en Nueva York y pasaba lo mismo con los músicos de jazz. Por suerte tengo toda una barra con la misma cabeza y estamos hace años buscando que se mantenga y generando espacios. Ahora tenemos el Jazz Club, que es un lugar popular, donde no necesitás pagar una entrada. Ahí vimos el impacto de todos estos años de estar remando y tocando por todos lados. Venimos haciendo cosas que impactaron y hoy podemos tener eso, un lugar para compartir sin nada a cambio.
—¿Cómo definirían el viaje sonoro del show en La Trastienda?
Ottonello: Creo que los vamos a sacar a pasear por Montevideo. Pero de una manera un poco especial. Vamos a mostrarles la ciudad de verdad y desde muchos lados, con diferentes sensaciones.
Supervielle: A mí me cuesta encontrar una definición, porque no la tenemos clara. Es un conjunto de sensibilidades muy montevideanas, pero diversas. Todas las personas que estamos reunidas tenemos el talento suficiente para interactuar con esa diversidad. Me parece que ahí está el mayor logro de traer distintas voces y sensibilidades que son de nuestro lugar y de nuestro tiempo, y ponerlas arriba del escenario para que el resultado sea una cosa natural. El resultado es bastante original.
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