Emmanuel Horvilleur cuenta cómo prepara sus shows: el "traje de superhéroe" y qué busca provocar en el público

El músico argentino llega este sábado a Sala del Museo para presentar “Mi año gótico”. Habló con El País de su ritual, el público uruguayo, el deluxe y por qué hacer bailar supone una responsabilidad.

Emmanuel Horvilleur sabe que un show necesita un guion. También sabe que, cuando la noche lo pide, conviene romperlo. Este sábado a las 20.00 llegará a Sala del Museo para presentar Mi año gótico, su nuevo disco, con una banda que define como "muy afilada" y una idea precisa sobre lo que quiere que ocurra: que el concierto tenga climas, movimiento y algo de sorpresa.

"Me interesa ir creando bloques, hermanando sonidos, que la cosa te vaya llevando", cuenta el argentino a El País. Para explicarlo, lo compara con una película: no se trata de ir en línea recta, sino de construir distintos climas. "Me gusta arrancar arriba, después bajar y poder subir de nuevo", comenta mientras dibuja con la mano el recorrido de una montaña rusa imaginaria.

Mi año gótico aparecerá desde el comienzo, aunque la presentación no será una reproducción del disco. "Arrancamos un poquito por ahí, en dos o tres canciones, pero al toque ya vamos a otra y empezamos a jugar”, adelanta. Habrá material nuevo, clásicos solistas como "Llamame", "Amor loco" y "Radios", canciones más viejas e incluso alguna de Illya Kuryaki and the Valderramas.

El disco ya modificó la arquitectura de sus conciertos. “Tu cara de culo”, “Manicomio”, “Supersuave” y “Santo Domingo”, dice, son canciones que “vinieron para quedarse" porque aportan otra rítmica y otro sonido al vivo.

Hay, entonces, un diseño previo. Pero no una estructura cerrada. Si el público canta una melodía con fuerza, Horvilleur puede dejarle el espacio y prolongar ese instante; si aparece una oportunidad de improvisar, la toma. "Me gusta tener el pulso de lo que está pasando la noche y verme sorprendido también. Hay un guion, pero no me siento atado a ese guion".

La preparación empieza antes de que se apaguen las luces. En camarines, alguno de los músicos musicaliza la previa, circulan playlists y hay una canción de Earth, Wind & Fire que usan para calentar y armonizar las voces. Después llega el paso hacia el escenario y, con él, una transformación. "Se maximiza algo", explica. "Hay una especie de traje de superhéroe que no se ve, pero que está. Algo nace en mí cuando estoy en el escenario y me dejo llevar por ese personaje".

También mira mucho a la gente: caras, movimientos, respuestas. Entiende que cada espectador llega con su propia historia y que el show también se construye con esa lectura.

Emmanuel Horvilleur.
Emmanuel Horvilleur.
Foto: Darwin Borrelli.

La presentación en Montevideo llega pocos días después del lanzamiento de Mi año gótico deluxe, que suma cuatro canciones y cierra una etapa de mucha composición iniciada después de la pandemia. Fue un período de búsqueda: entrar al estudio con una idea apenas insinuada o con una canción más armada, trabajar con distintos productores, probar direcciones y volver incluso al rap.

Entre las nuevas canciones está "Salvador", que nació durante la pandemia junto a Luca Marti, hermano de Horvilleur, y terminó incorporando a León Gieco. Gieco escribió partes de la letra a distancia y la canción quedó guardada hasta que sintieron que había llegado el momento de publicarla. Los videos de las cuatro canciones del deluxe, además, fueron realizados por André, hijo de Emmanuel. "Tuvo una cosa todo en familia que estuvo buena también", dice.

Otra de las nuevas piezas, "Agüita con sal", dialoga con el Horvilleur de 22 años ("Le cuento algunas cosas, / También le doy las gracias", canta) y habla de cómo las redes convierten incluso la intimidad y el llanto en contenido. La canción también lo lleva a pensar en las distintas versiones de uno mismo. "A veces vivimos muchas vidas en una", asegura.

Uruguay aparece en una de ellas. Horvilleur recuerda un verano, probablemente en 1994, en un camping cerca del puente de La Barra. Llevaba un cuaderno y allí empezó a escribir "Abarajame", que terminaría convirtiéndose en una de las canciones emblema de Illya Kuryaki and the Valderramas. Después se fue a Cabo Polonio con unos músicos argentinos y el viaje, cuenta, terminó con un enfrentamiento con unos punks uruguayos. "Eran historias re locas, como de una película”, recuerda. “A veces uno entra y sale de historias que parece que hubieran pasado en otra vida".

Este año volvió al país en marzo con Illya Kuryaki and the Valderramas para Cosquín Rock Uruguay. Ahora regresa con su proyecto solista y dice estar “disfrutando de la música como nunca”.

También percibe una exigencia particular en el público uruguayo. Lo define como uno que "no aplaude porque sí", pero que cuando entra en el clima se entrega y que tiene una cultura musical "exquisita". Con la banda actual, dice, siente que el sonido ya se asentó y que ahora puede "subirse a disfrutarlo".

Para Horvilleur, un show está cumplido si quien entró a la sala no sale igual. Después habrá detalles internos —cómo tocó la banda, cómo se escucharon—, pero lo primero es otra cosa. "Que se vaya con una sonrisa, habiendo bailado. Hacer bailar a la gente es una responsabilidad muy grande". Cuando esa conexión aparece, habla de "subirnos a esa tabla de surf del groove y bailar el pulso rítmico".

Las últimas entradas para el concierto de este sábado en Sala del Museo están a la venta en RedTickets y cuestan 1680 pesos. "Pensémoslo como una fiesta: venir a disfrutar, a sonreír, a abrazarse con el amigo, la amiga o la pareja, a tomarse una cervecita y a pasarla bien".

Y después, que el guion haga lo suyo. O que la noche obligue a romperlo.

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