Emmanuel Horvilleur: el regreso de Illya Kuryaki & the Valderramas, una canción con Ruben Rada y "Mi año gótico"

El músico dialogó con El País sobre "Mi año gótico", su nuevo disco, y reveló cómo surgió el regreso del dúo que encabeza junto a Dante Spinetta. También habló sobre su próximo EP, del que participa Rada.

Emmanuel Horvilleur.
Emmanuel Horvilleur.
Foto: Sony Music Argentina.

Emmanuel Horvilleur atraviesa una etapa llena de proyectos. Entre la vuelta de Illya Kuryaki and the Valderramas, el histórico dúo que integra con Dante Spinetta, y su nuevo disco Mi año gótico, el músico argentino reparte su presente entre escenarios y grabaciones.

Es jueves 19 de marzo y se encuentra con El País en el restaurante del Radisson Victoria Plaza. Todavía no lo sabe, pero en unas horas el Cosquín Rock Uruguay, donde será protagonista, cambiará de fecha. Pero eso no afecta los ánimos: el domingo dará en la Rambla uno de los mejores shows del festival.

Además de la vuelta de Illya, adelanta que trabaja en un EP que continuará el relato de Mi año gótico, con colaboraciones de León Gieco y la familia Rada (Ruben, Julieta, Matías y Lucila), y que en octubre planea presentar el disco en Sala del Museo.

—Estás celebrando el regreso de Illya Kuryaki y en plena gira. Lo que empezó como algo puntual terminó extendiéndose. ¿Qué te dejaron estos primeros shows?

—La verdad, increíble. Esta es la primera gira que hacemos movidos simplemente por el deseo. El año pasado nos juntamos para el festival Buena Vibra, en Buenos Aires, y en principio el plan era tocar solo por una noche. Pero cuando un show sale bien y la pasás bien, querés seguir. Después apareció una fecha en Colombia, dijimos que sí, y se sumaron el Vive Latino en México y el Cosquín Rock en Uruguay. Después se viene Perú.

—Y en ese proceso, sin un plan demasiado claro, ¿qué los fue empujando a seguir?

—Fue una especie de reacción en cadena sin demasiado “por qué”, más allá del deseo. En realidad, nosotros teníamos pensado salir de gira después de terminar el documental sobre la historia de la banda, pero como ese proceso se frenó, sentimos que estaba bueno tocar igual. Después, todo se dio de forma bastante natural. La industria muchas veces te exige un concepto, una explicación. Y acá el motivo es simplemente disfrutarlo. Además, a esta altura de nuestras carreras, no sentimos que tengamos que dar demasiadas explicaciones.

—Uno de los puntos altos de Mi año gótico es “Caetano”, que grabaste con Fito Páez. Es, para vos, una forma de cerrar un círculo...

—Sí, porque la primera vez que nos subimos a un escenario con Illya fue en 1990, cuando Fito presentó Tercer mundo en el Gran Rex. “Caetano” la tenía desde Aqua di Emma, el disco anterior, pero cuando le pregunté si quería participar me dijo que no podría porque estaba con la grabación de Novela. Entonces decidí guardarla y esperarlo, sin mucha certeza de que se diera. Hasta que, ya trabajando en Mi año gótico, le volví a escribir —nos comunicamos por mail— y me dijo que justo estaba grabando colaboraciones en un estudio de Madrid. Le mandé la canción y a la semana me llegaron las voces.

—¿Cómo recordás el momento en que las escuchaste?

—Fue increíble (sonríe). Me hizo acordar a cuando hicimos “19” con Cerati. Estábamos mezclando Mordisco y llegaron sus voces en unos CDs; las pusimos, abrimos los canales y cuando apareció la voz de Gustavo fue una locura. Con Fito fue algo parecido: me encantó el sentimiento que le puso a “Caetano”. Me lleva a un Fito de otras épocas, más brazuca. Salió muy bien.

—En el puente de “Elástico” cantás: “Como soy un negado, yo le voy cantando al amor, aunque no siempre nos escuche”. ¿Sentís que, en cierta forma, esa frase sintetiza tu relación con la música?

—Y sí, un poco sí. Porque si uno no tuviera la esperanza de que algo cambie al escribir una canción, no tendría mucho sentido. Uno se tiene que armar cierta película y creer en eso. Yo soy una persona a la que la música la modifica: voy en un taxi de noche, suena una canción en la radio, miro por la ventana y siento que la ciudad es distinta. Entonces el músico tiene algo medio naif, que es creer que por momentos está cambiando el mundo con una canción. Y si no es así, no importa… al menos lo intentás.

—En “Ya es tarde”, que grabaste con Alex Anwandter, llevás esa idea un paso más allá e incluso te reís de eso: “Emma, tenemos un problema / siempre hablamos del mismo tema…”.

—(Interrumpe, cantando) “Y del fin del mundo que viene, que ya está acá” (risas). Sí, es un juego y me pareció lindo. Una de las cosas que me han movido a lo largo de la vida es justamente esa: hablar de la canción como un ente en sí mismo, como una situación que tiene vida propia. Es algo que también aparece en “Radios”: (canta) “¿Dónde están esas radios modernas / que pasan esa música que me hace tan bien?”. Me gustan esos juegos, y en “Ya es tarde” con Alex nos permitimos ser bien autorreferenciales.

—Ya que estoy citando letras de Mi año gótico, una frase en “Te quise enamorar” dice: “Me puedo equivocar, pero hago lo que siento”…

—(Se ríe) Esas frases aparecen cuando uno se da cuenta de cómo fue su vida, musicalmente hablando. Entonces podés escribir con cierto conocimiento de causa sobre cómo se dieron las cosas. Mi primer disco solista, Música y delirio, lo hice después de haber estado diez años con Illya, y ahí pude plasmar muchas ideas que después me sirvieron como una guía del camino a seguir.

—¿Qué cosas sentís que estaban definidas desde ese arranque?

—Bueno, uno va sumando cosas en el camino, pero en Mi año gótico sentí que me fui un poco para atrás y dejé entrar cosas de otras épocas, como el rap, que es algo que me gustaría explorar más. En su momento necesitaba diferenciarme de Illya, entonces dejé de rapear y me corrí hacia la melodía. Ahora estoy en un lugar donde me interesa mezclar eso, rapear de forma más melódica, con un tono. El otro día pensaba que, estando en Illya y viendo la cantidad de músicos virtuosos que hay, mi profundización en estos años no fue en un instrumento, sino en la canción: en la búsqueda, en escribir, en lograr una buena letra. Un buen concepto bajado al papel.

—Y eso no necesariamente implica una postura solemne ante la canción. En “Tu cara de culo”, por ejemplo, te permitís reír.

—Sí, porque la solemnidad no la discuto en otros artistas, e incluso por momentos la puedo buscar, pero me gusta cuando puedo sacar una sonrisa con una canción; no le tengo miedo a reírme. La letra de “Tu cara de culo” apareció en la intimidad de mi casa, y cuando una cosa me divierte, la dejo entrar.

—Tiene un estribillo de apariencia simple, pero es difícil de aprender: “Tu cara de culo en la mañana de hoy, / Es inversamente proporcional, / A tu culo en mi cara en la noche de ayer, y lo sabes”.

—(Se ríe) Sí, pero en el “inversamente proporcional” es donde está el chiste, es lo que hace que la cosa funcione. Hay gente que se escandaliza cuando escucha la palabra “culo”, pero yo soy un tipo que usó y abusó de la palabra a lo largo de mi discografía, solo y con Illya. Me gusta sacarle la solemnidad a las cosas.

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