La última vez que Albert Plá dialogó con El País dejó una promesa: volver a Uruguay para presentar su próximo disco. Acababa de estrenar "Perdónenme", la canción que grabó con Sebastián Teysera y cuyo video los reunía para destrozar, con ayuda de la inteligencia artificial, el Teatro Solís. Un año después, el regreso tiene fecha, aunque alcanza con recordarle aquel compromiso para que introduzca un matiz: “Casi, casi. Sí, sí, es un primer paso”.
El catalán actuará el domingo 4 de octubre en Sala del Museo, donde cerrará una minigira de Rumbagenarios junto a The Surprise Band, después de pasar por Buenos Aires y Santiago de Chile. Las entradas están a la venta en RedTickets a 1.680 pesos. El disco sigue en preparación y Plá espera poder presentarlo en Montevideo en 2027: “Espero que el año que viene ya podamos regresar y hacerlo enterito”.
Esta vez lo trae una reunión de compañeros de ruta. En Rumbagenarios comparte escenario con Diego Cortés, Judit Farrés y los músicos de Miedo, el espectáculo que presentó en 2019 en ese mismo Solís que años después haría volar por los aires con el cantante de La Vela Puerca. Después de tantas visitas en distintos formatos, ahora pueden viajar todos juntos. “No íbamos a terminarlo sin enseñarlo ahí”, dice sobre esta propuesta festiva, que también tiene algo de catarsis para quienes están sobre el escenario. Lo resume así: “Este ha sido como juntarnos todos y hacer una fiesta”.
La mención a Teysera lleva a una pregunta inevitable: ¿cantarán juntos “Perdónenme”? Plá todavía no lo sabe. “Yo nunca le pido a nadie”, responde, y enseguida explica su reparo: “Me daría apuro ponerle a trabajar… No solo decirle a un amigo mío que venga a un concierto mío, sino además hacerle trabajar”.
Esa amistad empezó en 2002, cuando Plá dio sus dos primeras funciones en Uruguay en Gran Bar Retiro de Parque Rodó. Allí conoció al cantante de La Vela y también a Leo Maslíah. “Fue el principio de todo”, recuerda. Desde entonces tocó en La Trastienda, el Solís, el Auditorio Nacional del Sodre y el festival Medio y Medio, pero también vino de vacaciones y se quedó largas temporadas. “Hemos estado cuatro meses tocando aquí y hemos ido viniendo siempre que podemos. Es un sitio que amamos”, relata.
Pero aquel primer viaje se hizo esperar. Desde que empezó a cantar, le repetían que tenía que ir a América. “Y nunca nadie me llevaba”, recuerda. Hasta que apareció Andy Chango en una sala de Madrid. Plá le contó sus ganas de cruzar el océano y el argentino le propuso hacerlo: conocía una sala como aquella, Niceto, en Buenos Aires. “Ahí fuimos a la aventura los dos”, cuenta sobre ese debut en el continente. “Fue mi anfitrión, fue quien me dio la alternativa en las Américas”, dice, y se ríe.
Después de Buenos Aires, cruzó el charco para cantar en Gran Bar Retiro.
Con Maslíah, además, hay una admiración que expresa sin vueltas: “Creo que Leo está a años luz de todo el mundo. De letras, no hay mejores letras que las de Leo”. Lo mismo dice de su condición de músico, y la amplitud de esa obra lo lleva a una pregunta: "No entiendo por qué no se conoce tanto como Bob Dylan o como Camarón de la Isla”. Y enumera: “Bob Marley, Leo Maslíah, Camarón… Son extraordinarios, ¿no?”.
La colaboración con Teysera llevará algo de esa historia compartida al próximo álbum. Allí estarán también “Todo me va bien”, que grabó con Kase.O, “Bombas en Madrid” y “El mortadela”, además de unas 15 canciones más, calcula. Las canciones fueron surgiendo sin un concepto previo que las reuniera: “Algunas tienen que ver, otras que no, pero no sé, soy yo desbocao”.
“El mortadela”, publicada en junio, da una idea de ese desborde. Su protagonista es un músico al que todos quieren matar por lo que canta. La canción avanza como un western, suma percusiones y desemboca en la cumbia mientras el relato crece. Plá invierte aquella máxima de que la poesía es un arma cargada de futuro: “A veces un arma es una poesía cargada de futuro”.
El catalán dice que no acostumbra a escribir canciones “sociales o del momento”, pero esta nació de los casos de los raperos Valtònyc, Pablo Hasél y Morad. Al recordarlos, dice: “Me pareció muy gracioso que en este país hubiera un cantante exiliado, un encarcelado y un desterrado. No pude quedarme callado”.
De ahí salió ese músico que responde cantando mientras le disparan. Al explicarlo, convierte la charla en una pequeña escena: “Ellos ‘ratatá’ y tú ‘la, la, la’, ¿sabes?”. Después lleva la idea más lejos: “Igual funcionaría mejor si tú hicieras ‘ratatá’ también, en vez de ‘la, la, la’”.
El arreglo también llevó tiempo. Con Farrés probaron alternativas, hicieron cambios y volvieron sobre lo hecho. “Ahora sí, ahora no, ahora más, ahora menos”, describe. Todavía duda de haber elegido el momento justo para cambiar de ritmo.
El disco va tomando forma casi mano a mano con Farrés, responsable de casi todas las músicas, los arreglos y la producción. Después de tantos años juntos, ya cuesta separar los aportes. “Ya llega un momento que no sabes de quién es la idea”, admite. Las canciones fueron apareciendo durante los últimos dos o tres años, sin apuro. “Las hemos ido haciendo con mimo, con toda la tranquilidad del mundo”.
El disco también incluirá “¿Os acordáis?”, aquel relato de 10 minutos que compuso en plena pandemia. No quería que se quedara perdido entre lanzamientos. De aquel encierro recuerda las dificultades económicas, pero también el trabajo, la vida en el campo y la familia. Y los conciertos por WhatsApp: cantar dos canciones para alguien que quería escucharlas. “Fue muy bonito también”, dice.
Disfrutar de ese proceso tiene su contrapartida. Terminar una canción supone dejar de convivir con ella. “Da pena cuando cierras. Cuando cierras dices: ‘Qué pena ya no pensar en eso’”.
Ahora vuelve a Uruguay con toda la familia musical. El único inconveniente, dice, será no tener tiempo para saludar a tantos amigos. “Venimos pocos días, pero bueno, venimos para que no se olviden”. ¿Y qué espera de esa noche? “Que cuando acabe el concierto nos abracemos todos y ‘¡bien!’, eso que dice en el cine: ‘¡Es maravilloso!’”.
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