Antes de que "Ella dijo" se convirtiera en la canción emblema de Estelares, Manuel Moretti la presentó con una promesa. Estaba en La Fabriquera, en La Plata, tocando solo con su guitarra, y atravesaba una época en la que, según narra a El País, su fragilidad lo llevaba a “anestesiarse con diferentes químicos”. Aquella noche estaba “muy borracho, colocado”, pero tenía algo claro. “Les voy a tocar la canción con la que me voy a comprar mi primera casa”, anunció.
Ya pasaron 20 años de la publicación de Sistema nervioso central, el álbum que incluyó aquel clásico y cambió la historia de la banda, y Moretti recuerda aquella frase como una premonición. “Yo sentía que era una canción alta”, dice el argentino. En ese entonces no tenía casa propia ni demasiada estabilidad: se había mudado a Buenos Aires y dormía donde lo recibieran. Lo que sí tenía eran canciones y las ganas de seguir buscándolas.
La conversación ocurre antes de la vuelta de Estelares a Montevideo Music Box, donde se presentará el sábado 3 de octubre. Las entradas se venden en RedTickets, desde 1.760 pesos; hay una opción de meet and greet por 3.440 pesos.
Hay varios motivos para celebrar en este regreso. A los 30 años de carrera y los 20 de Sistema nervioso central se suman las canciones de Los lobos, su décimo álbum de estudio, y un contrato recién firmado con Universal para el próximo.
Moretti enumera los aniversarios, menciona la biografía Estelares. Detrás de las canciones, que escribió Andrea Álvarez Mujica, y el documental Nuestros días en mi memoria. Pero cuando habla de cómo encuentra hoy a la banda, se centra en el escenario. “¿Cuál es el mejor homenaje que podemos hacernos? Ser intérpretes responsables de esos 30 años de carrera. Y me parece que lo somos”.
La agenda le da poco margen para una pausa. La banda acaba de volver de Europa y Montevideo abrirá un nuevo tramo de la gira, que incluirá México, Colombia y Costa Rica. Cuando se le pregunta si habrá invitados en Uruguay, contesta: “No hubo ni tiempo de invitar a nadie”. Entre risas, describe cómo vienen: “Contentos, pero colgados”, tratando de que “el auto no se vaya de pista”.
En medio de todo este movimiento, apareció el cambio de compañía. Después de más de dos décadas con PopArt, Moretti había planteado sus ganas de hacer algo distinto. Habla con cariño de esa etapa, pero también del valor que le encuentra a la propuesta de Universal: que una multinacional les ofrezca un contrato después de 30 años de trabajo tiene, dice, algo simbólico.
Mientras siguen presentando Los lobos, un disco con joyas como "Ella" y “Alma en mí”, ya están entrando al estudio para grabar su próximo álbum. ¿Habrá revisiones del repertorio con invitados, como suele ocurrir en este tipo de aniversarios? La respuesta es breve: “El disco nuevo son canciones nuevas”.
“Estamos todos ‘grandes’, pero muy contentos”, agrega. “Te diría que en nuestro caso se ha dado eso de que el tiempo nos ha hecho mejores”. Lo dice pensando, sobre todo, en cómo suena Estelares en vivo.
Mucho antes del contrato con Universal o del éxito de Sistema nervioso central, hubo otras formas de confiar en sus canciones. Moretti las recuerda cuando habla de los amigos que le daban cobijo en Buenos Aires. Cree que también le daban abrigo porque tenían confianza en lo que estaba componiendo.
Para entonces, Estelares había publicado Extraño lugar y Amantes suicidas, dos discos que habían encontrado reconocimiento en la prensa especializada y, según su cuenta, “100 fans nada más”. El trabajo con Juanchi Baleirón, productor y cantante de Los Pericos, en Ardimos (2003) abrió otra etapa, aunque el álbum tardó tres años en editarse. En esa espera, Moretti escribió casi todo Sistema nervioso central.
“La única manera que yo tenía de relacionarme con el mundo, de defenderme en el mundo, era componer. Componer para ver si en algún momento pasaba”, recuerda. Entre el caos ya había señales que lo alentaban: había conocido a Andrés Calamaro y juntos habían grabado “Moneda corriente”, el hit de Ardimos.
“Ella dijo” empezó con un estribillo en inglés, “re british”, y lo demuestra cantando: “She said and I said, / You’re not my love”. Una tarde, mientras caminaba por Corrientes, se preguntó qué pasaría si probaba con una melodía “tipo Sandro”. Se le ocurrió enseguida. “Y todo en un minuto, yo estaba en la cocina…”, canta ahora, del otro lado del teléfono. Antes de la certeza que tuvo aquella noche en La Fabriquera, hubo una duda: “¿Esto estará bien?”.
Llegó al estudio de FM La Tribu, donde lo iban a entrevistar, encontró un teléfono público y llamó al apartamento de los amigos correntinos que lo alojaban. La letra ya estaba escrita; lo urgente era conservar la melodía antes de que se le borrara de la mente. “Canté la melodía al contestador para no olvidármela”, recuerda. La canción con la que pensaba comprarse una casa quedó grabada en el contestador de una casa ajena.
“Un día perfecto”, otro de los himnos de Sistema nervioso central, también nació de una visita. Estaba en lo de Juan Martínez, amigo y padrino de Juana, su hija mayor, en City Bell. Le pidió una guitarra porque se sentía “medio inspirado”, se fue al baño y salió con la melodía. Todavía faltaba la letra.
Las anécdotas tienen algo de hallazgo repentino, pero Moretti se encarga de contar las horas que había detrás. “Yo laburaba todo el tiempo. Estaba todo el tiempo carburando, a ver si venía alguna idea, buscando, haciendo maquetas”, asegura. “Cuando estás en actividad, por ahí se abre una compuerta y aparece una canción que está bien”.
Sistema nervioso central acaba de reeditarse en vinilo doble, con cuatro canciones adicionales, entre ellas “200 monos” grabada junto al español Nacho Vegas. Moretti lo define como el disco que los puso “en la mayor cantidad de orejas”. Hoy esos clásicos comparten repertorio con las canciones de Los lobos, otra postal de su vida: “Cada disco es una fotografía del estado emocional por donde ando”.
En Montevideo sonarán cinco temas de ese último trabajo, entre ellos “Alma en mí”, “Los lobos” y “Las arañas”. Con 10 discos, elegir también implica resignar. “A uno le encantaría, en cada lugar al que va, poder estar a la altura de lo que desea el oyente”, dice. Pero ya no puede tocarlas todas. Y cuando presenta las nuevas, también se permite bromear: “Últimamente veo que la gente se desmaya porque se aburre”.
Del otro lado hay un público que sigue creciendo. Moretti recuerda las visitas a Live Era, el paso por la Plaza de Toros de Colonia y la sorpresa de agotar Montevideo Music Box. “Caray, había unos corazones dormidos por acá” pensó. Habla de la relación de los uruguayos con la palabra y con sus canciones, y espera repetir aquel encuentro. Esta vez, la promesa es para Montevideo: “De nuestro lado, las canciones van a estar redondas, preciosas y radiantes”.
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