Victor Heredia antes de su regreso a Uruguay: "Mi compromiso antes que político, es social, humano"

El cantautor argentino se presenta en el Teatro El Galpón el 2 de octubre con su espectáculo "Reencuentro" y en charla con El País recordó sus primeras visitas y por qué le gustó hacer "Sobreviviendo" en ritmo de cumbia

Victor Heredia
Victor Heredia

Desde sus tempranas actuaciones en el Parador del Cerro o en algunos actos solidarios en la década de 1970, hasta ahora, el argentino Víctor Heredia, ha estado siempre cerca de Uruguay.

Acá ha tenido grandes amigos (“Alfredito” Zitarrosa, entre ellos) y principalmente ha forjado un vínculo con el público local, que nuevamente se pondrá a prueba el viernes 2 de octubre a las 21.00 en el Teatro ElGalpón (entradas en RedTickets de 2.580 a 3.780 pesos) cuando llegue con su nuevo show Reencuentro.

Allí no faltarán “Todavía cantamos”, “Sobreviviendo”, “Razón de vivir” y “Ojos de cielo”, algunos de los tantísismos éxitos que Heredia ha cosechado en casi 60 años de carrera.

—Cuénteme de Reencuentro, el espectáculo que lo vuelve a traer a Montevideo.

—Va a ser muy hermoso, supongo. Yo tengo muchas ganas. No sé cómo estará la gente, pero yo tengo muchas ganas. Lo más importante para un artista es sentirse entre amigos, ¿no? Y mi público siento que lo es.

—Rastreando su primera visita a Uruguay, llego a un acto en solidaridad con Chile y Vietnam en 1973 y en el Estadio Centenario. ¿Recuerda la primera vez que vino?

—Esa debe haber sido una de las primeras. Después hubo otra con Alfredo Zitarrosa, muy hermosa, para el Frente Amplio. Y después he estado muchas veces, incluyendo dos presentaciones en el Auditorio Adela Reta. Allí he tenido amigos entrañables que ya no están y a quienes extraño, obviamente, cada vez que voy a Montevideo: Viglietti, Alfredito (Zitarrosa) y hace un poquito se me fue el Negro Rada. Fui de muy jovencito e incluso llegué a tocar en el Parador del Cerro. No me alcanzaban las monedas así que me volvía caminando del Cerro hasta el puerto. Era muy lindo.

—Se ha referido muchas veces a su amistad con Zitarrosa y de los nervios de conocerlo. ¿Cómo fue ese momento?

—Fue en un concierto al aire libre de Alfredo en España. Me acerqué, me presenté y después, con el tiempo, nos hicimos muy amigos. Cuando vino a Argentina dio la casualidad que éramos vecinos. Cuchi Leguizamón y el Dúo Salteño le habían puesto un apodo, “Voz de Otro”, porque era chiquito, flaquito y tenía ese vozarrón. Y cuando me escuchó cantar a mí, creo que fue en un festival en el sur en la Patagonia, me dijo: “¿Le puedo regalar un apodo?”. Me contó que se lo habían dado a él, pero que le parecía que me encajaba perfecto. Y ahí me dijo: “De ahora en adelante, usted es Voz de Otro”.

—¿Cómo ha ido cambiando través de la música su compromiso político?

—No ha cambiado, porque antes que político se es humano, es social. Siguen preocupándome las mismas cosas. Los partidos políticos se llaman de una u otra manera durante el tiempo pero los que somos de a pie, de abajo, los comunes, seguimos aferrados a la utopía. Yo soy un artista, así que vivo aferrado a la utopía y del lado de los hombres que las defienden. Esos son esenciales.

—¿Siento que el público se lo agradece?

—Entiendo que sí, porque hay mucha gente que sufre. Y, lamentablemente, los tiempos que me han tocado vivir como artista han sido tiempos muy duros: nuestras dictaduras, la necesidad de sostener organismos de defensa de Derechos Humanos aun cuando debieran no existir. Es increíble que la humanidad siga peleando por los Derechos Humanos cuando son adquiridos plenamente con el mero nacimiento. Es tremendo.

—Su cancionero es muy importante. ¿Como se siente que sus composiciones se las adueñe la gente?

—Algunas son canciones que uno no piensa escribir. Las llamo viscerales: se te aparecen y te tiran de las cobijas a las dos o tres de la mañana, cuando creés que estás durmiendo, y tenés que levantarte desesperado a agarrar la guitarra porque, si no, no te dejan en paz. Me pasó con “El viejo Matías”, por ejemplo. Una canción que a mí ni se me habría ocurrido y, de golpe, me apareció en la memoria lo que yo vivía con mi papá. Me llevaba, trotecito al lado suyo, con una cajita con sus zapatos lustrados para llegar pulcro al trabajo. Recorríamos siete cuadras de barro, una ciénaga, que nos separaba de mi casa hasta la estación de Paso del Rey. Yo tenía 10 años, imaginate. Cuando pregunté quién era ese tipo que dormía ahí, en el banco de madera de la estación, mi viejo me contó todo lo que significaba la pobreza, la falta de solidaridad. Yo era un pibe y lo borré. Y un día, a los 20 quería escribir una canción de amor para una noviecita y me apareció la primera frase. La leí, le pregunté a mi hermano y le dije: “¿A dónde voy con todo esto?”. Despierto, con las lagañas en los ojos, imaginate, dos o tres de la mañana. Pero yo siempre digo que me parece que escribí la mejor canción de amor de toda mi vida. Y bueno, así son a veces las inspiraciones.

—¿Qué música había en su casa? ¿Qué música se escuchaba en esa época y en su pueblo?

—A mi papá le gustaba mucho Yupanqui. A mi abuela, Antonio Tormo, aquel de “Caballero del ensueño, tengo pluma por espada”. Y eso es lo que me aprendía. Se las regalé a mi viejo a instancias de mamá que me hizo grabar un disco de acetato. Cantaba “Camino del Indio”, de Yupanqui, y al final decía “Para mi papá”. Y con el tiempo se rompió ese disco que era como un tesoro. Me gustaba la música en general y el concepto musical me lo definió un poco también el entorno, la familia, la gente que me cantaba alrededor. Entendían que yo tenía más o menos buena voz y me pedían: “Cantate esta”. Y yo me la aprendía de la radio y la cantaba. Mi primer escenario fue el mostrador de una carnicería y ahí me di cuenta qué lindo era ser artista.

—Hablando de la vuelta de la canciones, uno de sus últimos éxitos es una versión en cumbia de “Sobreviviendo” con Meta Guacha y Un Poco de Ruido¿Cómo se siente escuchar su obra reconvertidas en esos ritmos?

—Me parece maravilloso. Alguna vez me lo dijo Yupanqui: “mire que va a haber que sostener con el cuerpo todo lo que diga con la boca”. Era un sabio. Siempre dije que la música no tiene fronteras, que no tiene por qué tener ninguna clase de límite. Porque, si no, qué sé yo, a los que vivimos en esta parte del continente nos gustaría solamente el tango y sin embargo, escuchamos música clásica, escuchamos rock, nos emparentamos con los Beatles y con los Rolling. Así que por qué no la cumbia. Cuando apareció Traiko de Meta Guacha me dijo: “Tengo ganas de grabar con vos ‘Sobreviendo’”. Digo: “Pucha, qué alegría, pero mirá que ya hay muchos éxitos” con ‘Sobreviviendo’”.La versión de La Berisso es tremenda, pasó los 200 y pico millones de visitas. Y lo hicimos.

—El repertorio en El Galpón será con sus éxitos...

—Sería muy injusto hacer un repertorio nuevo aunque alguna cancioncita de las últimas va a haber. Pero las que han entrado en el corazón de la gente, no pueden faltar.

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