Hace tres años, Soledad Ramírez estuvo perdida. Partida entre tres países —las raíces en Uruguay, la promesa de un futuro laboral en Argentina, el amor en Brasil—, con la vocación clara pero sin saber qué hacer, anduvo entre casas, aeropuertos y escalas que se le empezaron a volver rutina. “Esta cosa tripartita me llevó a no estar en ningún lado, a no saber dónde estaba yo realmente, a andar todo el tiempo haciendo un puzzle de mis piezas. Fue duro”, dice hoy, con ese período ya resignificado y, por fin, con su primer disco solista en la calle.
Tras un largo tiempo de búsqueda y reconstrucción, la excantante de Mala Tuya —la banda de fusión que supo ser un suceso hace más de 10 años — está lista para abrir un nuevo capítulo. O, siguiendo el código de su flamante universo, para levantar vuelo. Sole Ramírez acaba de lanzar Aeropuertos, un álbum de cumbia pensado para llevarla hacia nuevos destinos.
A través de ocho canciones y un bonus track, despliega su voz dulce en temas melódicos de amor y desamor que se apoyan en la cumbia latinoamericana y dejan entrar la salsa, la bachata, la balada y hasta cierta cadencia brasileña. Para Uruguay, un guiño concreto: tambores de candombe en su colaboración con Jais, “En busca de un amor”. Y, como remate, una pieza que fue la llave de todo.
En octubre de 2023, a la espera de otro despegue, Ramírez escribió “un freestyle de emociones”. Por la ventana del avión vio un cartel en la pista: 11A. Le sacó una foto, pensó: “Esto tiene que servir para algo”.
Algunos meses después conoció al músico uruguayo Diego Matturro, compositor para proyectos como La K’onga y Natalie Pérez. Él estaba convencido de que Sole tenía que hacer un disco de cumbia; ella estaba “medio desencaminada con la música”.
En “11A”, que corona Aeropuertos con una textura pop más oscura y que moldeó con su productor de voces, Chemiko, en un apartamento porteño, canta: “Y sigo sin ver claro el camino / Y sigo confiando a ciegas”. Así se sentía cuando Matturro le planteó su idea y ella respondió: “Bueno, dale, hagámoslo”.
“Fue un período en el que tuve muchos aprendizajes sobre cómo adueñarme de mis decisiones, de mi carrera, de mi profesión. Sobre cómo dejar de esperar que si trabajo con tal persona me va a abrir tales puertas o me va a gestionar algo, solucionar o dar ideas, y empezar a decir: me voy a hacer cargo”, dice Ramírez en charla con El País. Hubo una revelación: una sensación nítida de que se le estaba yendo el tiempo.
También hubo una señal: hizo una versión de “Hoy”, el tema que popularizó Gloria Estefan, que ya tocaban con Mala Tuya y que recientemente tuvo un revival de la mano de The La Planta y Valentino Merlo. El impacto fue instantáneo. Seis millones de reproducciones, 50 mil nuevos seguidores de Instagram casi que de la noche a la mañana y hasta un mensaje del compositor, el peruano Gian Marco Zignago, jugaron un rol clave.
“En esos momentos en que decís: no sé ni para dónde ir, no sé qué va a pasar conmigo, ¿me dedicaré a otra cosa?, de repente esto es como un regalo que te dice: es por acá”, dice. “Porque a veces no alcanza solo con la fe ciega. Y ese fue uno de los hitos que me hizo tomar más impulso”.
Toda esa crisis está reflejada en “11A”, que transforma “la condena del artista” en un camino hacia la luz. Allí dice cosas como “Más de una vez me cerraron la puerta / Ya me dijeron que ‘números rojos’ / Que haga la fila, que toca esperar / Y yo sintiendo se me va la vida / Llena de dudas, ¿cuál es mi lugar? / Y para colmo sigo empecinada / ¿De dónde saco fuerza una vez más? / Es que insisto como si supiera / Que el camino me eligió tiempo atrás”.
Hasta último momento dudó en incluirla en el disco porque en tono y en sonoridad no tiene nada que ver con el resto de las canciones. Al final se animó: “Me saqué las ganas. Porque es horrible quedarte con las ganas de hacer algo y arrepentirte después”.
Grabar con Chili Fernández, un sueño cumplido
Al margen de “11A”, el álbum le canta a las relaciones amorosas desde diferentes puntos de vista, con una intención: apartarse del rencor, aceptar las heridas, subrayar que una puede fortalecerse después del dolor.
“Quería un color más lindo, más alegre”, dice. “No pararme en un lugar de que nada me importa, porque eso no tiene que ver conmigo”. Las otras prioridades: tener canciones que empastaran bien con su voz y que pueda defender en vivo como si estuvieran hechas a su medida. Que sonaran a instrumentos tangibles, reales. Y que existieran en su propio universo.
Por eso Aeropuertos juega con las llegadas, las partidas y lo que se carga en la maleta; tiene una paleta de colores bien definida e integra una estética y vocabulario propio de los aviones. Cuando anunció la última colaboración del disco, con Chili Fernández, uno de los referentes de la cumbia romántica argentina, lo hizo con un video en el que simula atender una puerta de embarque. A quien quiera escuchar el disco, dice Sole Ramírez: bienvenidos a bordo.
La presencia de Fernández en “Dónde se compra un corazón?”, para la que aportó voces y acordeones, también podría leerse como otro de esos hitos que confirman cuál es el camino.
“Ha sido uno de los grandes regalos que me trajo este disco. Una colaboración soñada, pero impensada. Nunca creí que fuera a ser posible”, dice Ramírez.
Cinco años atrás, una nota de revista Galería apuntaba que una de sus señas particulares era su fanatismo por Chili Fernández. Más o menos por la misma época, un intercambio inocente en Instagram había devenido en el mensaje de una seguidora: “Ahora, colaboración con Chili”. De alguna forma, se ríe Ramírez, “esto se estuvo cocinando energéticamente desde 2021”. Ahora se charlan por WhatsApp y ella rescata sobre todo una satisfacción personal: que el argentino se sumó a su canción porque genuinamente le gustó. No pide más.
Además de Chili y de Jais, Aeropuertos incluye pegadizos feats con los argentinos Lauta (“Se te hizo tarde”) y La Vita (“Más allá de todo”).
Ramírez celebra las alianzas y una época en la que la música es más colaborativa: “Compartir es parte fundamental y muchas veces siento que en Uruguay nos ha costado mucho abrirnos. Hay como un miedo de que no haya espacio para todos, pero cuanto más abrís y y colaborás, más se expande y más nos fortalece”.
Ahora que Aeropuertos vio la luz, y mientras fantasea con un show de presentación, sueña con llevar estas canciones al vivo. “Siento que ahora le pongo play a una etapa y no quiero que pare”, dice. “Mi objetivo es seguir trabajando mucho, mucho”.
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