Marcos Aramburu: del streaming a la literatura, el viaje de su padre y una defensa de lo humano y artesanal

Integrante de Gelatina y Olga, el comunicador publicó "Pantanal", un libro que mezcla crónica y ficción para explorar los vínculos entre generaciones y reivindicar el valor de las experiencias cotidianas.

Marcos Aramburu.
Marcos Aramburu.
Foto: Alejandra López.

En los últimos años, Marcos Aramburu se convirtió en una cara conocida del streaming argentino. Es parte de Gelatina, el canal liderado por Pedro Rosemblat (el flamante esposo de Lali), y forma parte de Amanece que no es poco, un programa del canal Olga, junto a Pablo Kablan y Elizabeth Vernaci, con quien se formó en radio en sus inicios. Además, integra Terrores nocturnos, una banda con raíces en el punk rock.

Sin embargo, también tiene una faceta literaria: en 2023 publicó a través de Caja Negra, Las ceremonias: Crónicas de personas que usan drogas
Este año, publicó otro libro con varios elementos en común con el primero: toma una historia atravesada por viajes, pero utiliza distintos elementos narrativos para contarla. Pantanal trata sobre el viaje que su padre y su mejor amigo realizaron a Pantanal, en Brasil, en un barco construido por ellos.

Aramburu combina conversaciones que tuvo con su padre, mensajes de texto que le envió durante la travesía, fragmentos de crónica que su padre escribió y elementos ficcionales, con aires de realismo mágico. Sin embargo, en el fondo, aborda las particularidades del vínculo de amistad entre dos hombres adultos y la manera de comunicarse entre ellos para terminar haciendo un perfil de su padre.

Con todo eso, Pantanal invita a reflexionar sobre las formas distintas de relacionarse de las generaciones anteriores, que rápidamente pueden ser tildadas como defectuosas, pero que, en realidad, tienen un por qué.
En tiempos de digitalidad y velocidad, propone una aventura propia de otros tiempos. Aramburu conversó con El País sobre el proceso de escritura de Pantanal.

—¿Qué le encontrás de especial a la escritura frente a tus otras actividades?

—El tiempo para pensar y tomar decisiones. Las decisiones de la radio o el streaming se parecen más al tipo que toma un deportista que se entrena para no pensar qué va a hacer en el momento. Estás hablando y escuchando, y tu formación hace que intuitivamente sepas qué hacer. En cambio, la escritura sí te permite pensar y cambiar algo que escribiste hace ocho meses. Estás 20 minutos frente a la compu sin escribir nada, porque estás pensando a dónde querés ir.

—Antes de Pantanal habías escrito un libro de crónicas, ¿qué tan cómodo te sentiste al adoptar una voz narrativa ligada a la novela?

—Me sentí cómodo. Si bien Las ceremonias tiene cuatro crónicas, fui encontrando una voz que iba creciendo con el correr de los relatos y con la que llegué a Pantanal. También la fui buscando y encontrando durante el libro, que se parece a una crónica. Fue un salto bastante progresivo.

"Pantanal".
"Pantanal".
Planeta.

—Pantanal tiene conversaciones con tu padre, relatos ficcionales, crónicas de él y mensajes de texto, ¿cómo uniste todas esas partes?

—Lo que lo hizo más fácil fue no sentir que tenía que respetar algo: ni la historia, ni normas de la novela, ni reglas de la crónica. Eso amalgamó todo. La nebulosa entre lo que es real y lo que no, me copaba. ¿Es una crónica fidedigna de mi vida y del viaje o es una novela? ¿Esos mensajes son reales o no? Creo que esos momentos fantásticos son los que hacen el contrapunto de decir: “Bueno, atención lo que estás leyendo, quizás las cosas son reales en otro sentido y no en uno lineal o literal”.

—Somos muy rápidos para juzgar a la generación de nuestros padres, pero tu libro demuestra que hay cosas de ellos que no entendemos.

—Sí, está ese juicio de que los hombres no hablan con sus amigos. Capaz, hoy en día, alguien más joven habla mucho con sus amigos, ¿cuántos proyectos tienen? En el libro de Tamara Tenenbaum, El fin del amor, ella cuenta que cuando sale del mundo judio ortodoxo, encuentra en el mundo de la universidad un montón de libertades increíbles, pero después un montón de restricciones. Acá es un poco lo mismo, esos hombres no hablan, no tienen esa sensibilidad, no se demuestran cariño, pero están sus cuerpos, sus silencios, sus acompañamientos, sus chistes que tienen años, entonces hay algo de entender y desmenuzar un poco de ese amor antes de juzgarlo.

—¿Hay algo que hayas descubierto de vos mismo escribiendo Pantanal?

—Adquirí una postura muy pro-humanos terminando el libro y sobre todo después de haberlo terminado, en estos meses hablando mucho sobre él en las entrevistas, en la presentación y con las cosas que pasan en el mundo. Quiero tener una vida en este plano, no quiero tener un chip y estar en una nube. Quiero tener aventuras de este tipo y hacer cosas con las manos. Me llevó a una defensa de lo humano y lo artesanal.

—¿Y tenés planeado llevarla a cabo?

—Siento que hoy en día, para una persona de nuestra generación, es más fácil pensar en un viaje loco por todo el mundo que en tener una casa propia. Creo que mi viaje loco es apuntar a intentar construir una casa. Mi aventura al Pantanal tiene más que ver con la quietud que con ir a otro lugar porque siento que para nosotros es más fácil eso, nos genera menos costo. Hoy, un nómade digital agarra su plata, se va a trabajar, está en la India, después trabaja desde Roma. Hoy el costo es la paciencia de hacer algo lento y construir. Mi aventura de toda la vida tiene más que ver con tener plantas y un jardín. Antes lo espectacular era la rapidez, la acción, lo instantáneo, y hoy es la norma. Entonces lo espectacular pasa a ser lo lento.

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