El silencio dejó de ser una opción para Verónica Piñeyrúa. Después de años de denuncias que naufragaron, la conductora de Pueblo Fantasma (Del Sol) decidió exponer públicamente el hostigamiento sistemático que ha vivido por parte de una expareja: mensajes desde perfiles falsos, persecuciones hasta su casa y agresiones físicas que la Justicia no frenó. Luego de compartir la situación en redes sociales, la comunicadora relata a El País el infierno del que fue víctima y la desprotección que sintió al enfrentarse a una burocracia policial que no le dio respuestas. “Lo que me quedó fue publicarlo en Instagram”, comenta resignada.
-Contaste esta semana que sufrís acoso por parte de una expareja, ¿en qué momento identificaste que algo andaba mal en tu vínculo con él?
-Empezamos a vernos en pandemia y estábamos siempre encerrados. Cuando todo aquello pasó y de a poco volvimos a vincularnos con más gente, él empezó con muchos celos. Preguntaba “quién te escribe”, “quién es este que te siguió en Instagram”, y ahí me di cuenta de que algo no estaba bien. Se empezó a obsesionar con mi vida en redes y fue cada vez peor. El 31 de diciembre me escribió un novio anterior para contarme que iba a ser abuelo y él se volvió loco. Empezó a gritar y me tiró una silla que me pegó en la pierna. Fue horrible porque estábamos solos en Punta del Diablo y yo lo único que quería era que se durmiera.
-¿Ahí cortaste con él?
-Después de eso le dije que no me escribiera más. Él insistió para volver a vernos; me decía que iba a bajar el tono y dejar de tomar. Uno le busca la vuelta y en febrero volvimos a vernos. Pero enseguida se tomó unos vasos de cerveza y volvió a quejarse de mis redes. Entonces le dije “hasta acá llegué” y terminé todo.
-¿Fue entonces que empezó el acoso?
-Sí. Empezó a acosarme por redes y por teléfono, y también se aparecía en mi casa. Yo lo bloqueaba de todos lados y se hacía perfiles falsos para escribirme. Me mandaba fotos con otras mujeres en situaciones de intimidad y decía “mirá lo que me hacés hacerte”. Una vez me lo encontré en la calle de noche y me morí de miedo. Me decía que quería hablar conmigo, pero yo le pedía que se fuera y salí corriendo. También fue hasta la puerta de mi trabajo. A veces aparecía pidiendo perdón llorando, y otras de un modo agresivo. Hay mails que empiezan diciendo que yo soy lo mejor del mundo y terminan con que yo soy una hija de puta. Estaba loco.
-Contaste que hasta se hizo pasar por un delivery.
-Sí, tocó timbre en mi casa, dijo que era un delivery y cuando mi hijo abrió no había nadie, pero vio pasar su auto. Fue espantoso porque mi hijo se puso muy nervioso y quedó preocupado por mí. Todas estas cosas me daban miedo.
-Hasta que finalmente hiciste la denuncia.
-Lo denuncié varias veces, pero nunca me dieron pelota. La última fue en 2024. Me pidieron que presentara pruebas y cuando lo hice quedaron en llamarme, pero nunca lo hicieron. Un mes después volví a comunicarme y me derivaron con un policía de otra comisaría que finalmente hizo llegar la denuncia a una jueza. Me preguntaron si quería pedir tobillera, cárcel o qué. Yo lo único que buscaba era una orden de alejamiento para que no pudiera acercarse. Pero no logré ni eso. La jueza concluyó que no había pruebas suficientes, cuando en realidad yo había mandado un montón de capturas de conversaciones. Esa vez lo llamaron a declarar y desde entonces no me molestó más, hasta que volvió a aparecer este fin de semana.
-Lo hizo a través de un mensaje público en Twitter.
-Sí, fue una pavada, pero era un mensaje a las cuatro de la mañana y haciendo alusión a algo que había pasado en 2020. Me puse nerviosa de nuevo y por eso quise hacerlo público.
-¿Cómo reaccionó tu familia cuando publicaste esta situación en tus redes?
-Yo no les había contado nada. Mis padres se enteraron ahora y enseguida me dijeron “¿Cómo no nos avisaste? Te hubiéramos puesto un abogado”. Ahora que se hizo público me llamaron de Mujeres de Negro y hablé con Teresa Herrera que me contactó con una abogada. Me dijo que no lo puedo dejar pasar porque es un riesgo. También me escribieron de Género y Feminismo de la API.
-En base a lo que lo conocés, ¿creés que ahora que la situación tomó estado público va a dejar de molestarte?
-No sé. Capaz es peor y se pone más violento. Pero estoy satisfecha de haberlo contado. Creo que sirve visibilizarlo porque muchas mujeres me escribieron para decirme que pasaron por situaciones parecidas. Además en todos estos años denuncié y nadie me dio bola, así que lo que me quedó fue exponer lo que pasaba en Instagram.
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