Soñó con ser escribana, pero era más un anhelo de su madrina que propio. Mariana Gabetti (44) era curiosa: amaba leer el diario y hablar con desconocidos. Coqueteó con Arquitectura e Ingeniería antes de aceptar que lo suyo era la Comunicación, una carrera que le costaba ver como “seria”. Una beca en la Universidad Católica terminó de convencerla. Consiguió una pasantía en Canal 10 hace 21 años y, desde entonces, es su casa. Pasó por Zona Urbana y Bendita TV, hizo el quiebre en Sic, alguien lo dijo, y luego llegó a Subrayado Central y Subrayado Tarde.
En charlas informales de oficina surgió la idea de hacer columnas originales sobre Gran Hermano para el noticiero central. El estreno de la versión uruguaya del reality el próximo 20 de setiembre la tiene entusiasmada. Y es el motivo de esta nota.
Viene de una familia de comerciantes. Su abuelo tenía un kiosco, su abuela un bazar y su madre vendía bijou. Así que, mientras estudiaba Comunicación, a Mariana Gabetti también le picó el bichito del negocio. Aprovechó que su abuela tenía un local vacío y le pidió que se lo prestara para abrir allí una tienda de bijou.
El ímpetu emprendedor, sin embargo, fue bastante fugaz. “Duró dos años, pero lo siguieron mi madre y mi prima porque la carrera me consumió”, reconoce a Sábado Show.
La Comunicación pudo más y tuvo la suerte de ingresar como pasante, 21 años atrás, a Canal 10 y hacer carrera allí. Su referente fue, desde el día uno, Patricia Gamio, con quien comparte hasta hoy.
Por entonces, trabajaba a cambio de los viáticos, pero le tocó jugar de entrada en primera. El debut fue en Insomnios —programa que conducía Gustavo Escanlar— y luego pasó a Zona Urbana, el periodístico liderado por Ignacio Álvarez que marcó época y récords de audiencia.
“Fue entrar por la puerta grande a un programa súper exitoso. No había nadie que no hablara de eso o que no se fascinara cuando le contabas que estabas ahí. Era un orgullo para mi familia”, comenta.
Sus tareas eran las típicas de una principiante: transcribía notas para que los productores armaran guiones, ponía los chivos, el agua y escuchaba los mensajes que por los 2000 llegaban a la casilla telefónica. “Recuerdo un equipo muy unido, nunca me sentí como el último orejón del tarro. Aprendí mucho”, resume.
En los veranos pasaba a ser visualizadora del recordado ciclo de archivo Bendita TV. El gran salto sucedió cuando desembarcó en Sic, alguien lo dijo, conducido por Cecilia Bonino.
“Fue donde más aprendí. Empecé como asistente de producción y fui tomando más roles. Hice mis primeras notas y empecé a editar”, cuenta.
Canal 10, asegura, no es solo su lugar de trabajo sino también su segundo hogar. Lleva la mitad de su vida en los estudios de la calle Lorenzo Carnelli y mucha agua pasó debajo del puente.
Ahí conoció a Pablo, se casaron, quedó embarazada y nació su hijo Facundo. “En Bendita TV habían puesto una caja de sugerencias de nombres. La joda era poner nombres raros para los hijos de Mariana y Pablo, que en ese momento era productor del programa y ahora es director de cámara”, recuerda entre risas.
También se separó y rehizo su vida —hoy está en pareja con Juan—, pero su hijo se crio entre sets y camarines. “Todos lo conocen y quiere ser periodista”, comenta Mariana, orgullosa de que siga sus pasos.
El presente la encuentra haciendo notas de actualidad en Subrayado Tarde y disfrutando especialmente de contar historias de vida desde una mirada social. En ese espacio, dice, encontró su lugar en el periodismo.
Para ella, además, toda persona es un potencial entrevistado y detrás de cada quien hay una historia interesante para contar. “La idea es contribuir y ayudar”, asegura.
Desde este año, se encarga también de las columnas de Gran Hermano Generación Dorada en Subrayado Central, un espacio que nació entre charlas de oficina y terminó consolidándose.
Se vio todos los Gran Hermano y solía comentar el reality con su colega Danilo Tegaldo y Nelson Fernández, director de Subrayado. Primero la invitaron a participar de La Previa y, de forma natural, su jefe le propuso empezar a hacer columnas sobre la Generación Dorada en el informativo central para agarrar rodaje de cara al primer Gran Hermano Uruguay, que se estrena el 20 de setiembre.
“Se dio de forma natural. La idea es mostrar otra vuelta, que no sea el resumen que se hace en la previa, sino hablar de nutrición, sueños o con algún psicólogo, para enganchar al público de Subrayado”, asegura.
Es tal su fanatismo que asegura que se hubiera presentado al reality, pero la frenó que tiene un hijo de 12 años. “No sé cuánto me hubieran aguantado en la casa porque soy medio obsesiva con la limpieza e inquieta”, se sincera entre risas.
El estreno de la primera versión local de Gran Hermano le dará mayor visibilidad, ya que tendrá más presencia semanal en el noticiero central.
El nuevo desafío la tiene entusiasmada, al igual que el aire renovador que se respira en Canal 10. “Es la buena energía que trae una producción de esta magnitud: todo el mundo contento, con expectativa, trabajando”, dice con ilusión.
Y deja abierta la puerta a retomar su veta comerciante. Le gustaría revivir un emprendimiento de tapabocas que armó con una amiga durante la pandemia o crear algo del estilo: “Mi abuela me enseñó a coser y me encanta. Me gustaría algún día hacer algo vinculado a eso”, cierra.