Graciela Alfano cuenta cómo es Macri "en la intimidad" y qué presidente uruguayo fue su "admirador"

En un diálogo íntimo en Punta del Este, la diva recuerda que le regaló una corbata a un candidato a presidente de Uruguay que luego utilizó al asumir el gobierno. Lo definió como "un hombre amoroso y divino".

Graciela Alfano en Huma Roofstop de The Grand Hotel.
Graciela Alfano en Huma Roofstop de The Grand Hotel.
Foto: Douglas Cortes (@douglas.cortes)

Desde lo alto de una terraza de la Brava de Punta del Este, Graciela Alfano contempla el mar. Observa el balneario que visita desde que era niña con la tranquilidad de quien superó épocas, excesos, amores intensos, caídas profundas, regresos inesperados, y todavía se permite hablar de todo sin pedir permiso.

Es enero y el sol le da de frente. Viene de meterse en la piscina de The Grand Hotel y ahora disfruta de un exótico trago de té y whisky en Huma, el bar en el roofstop del resort. El viento juega con su vestido claro de la diseñadora Ivana Picallo y deja entrever la figura de una de las mujeres más deseadas que tuvo y que tiene el espectáculo argentino. Ella sonríe al percatarse que parte de su bikini queda al descubierto, pero fiel a su historia sin prejuicios no le da importancia y se dispone a posar para las fotos de El País.

A sus 73 años, Alfano ostenta algo más que éxito, dinero o popularidad. Su nombre carga con una cualidad a la que accede apenas un selecto puñado de personalidades del show business: la vigencia. Además de una carrera que incluye películas de culto, comedias populares, programas con su propio nombre, sucesos del teatro de revista y el rol de jurado en el ciclo más visto de la televisión, construyó un perfil vanguardista que la mantuvo siempre en el centro de la conversación pública.

Su astucia radicó, en gran parte, no en adaptarse a los tiempos que corren, sino en adelantarse. Antes de ser famosa, era una de las pocas mujeres que estudiaba ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. Y una vez convertida en figura del espectáculo, supo hablar abiertamente de sexualidad cuando todavía era tabú, reivindicó vivir en casas separadas con su marido, se reconoció públicamente infiel y se puso de novia con un hombre 24 años menor. “Fui la transformadora de una sociedad pacata”, define. En las últimas décadas fue de las primeras famosas en utilizar Twitter y alcanzar el millón de seguidores. Y hoy maneja su cuenta de Instagram con la habilidad de cualquier veinteañera. “Subí este video hace un rato en la pileta y ya tiene más de 400 mil visualizaciones”, exhibe con orgullo.

Graciela Alfano
Graciela Alfano en Punta del Este, que la recibió con una agenda cargada de eventos, cenas, móviles en vivo y paseos en yate.
Foto: Douglas Cortes (@douglas.cortes)

Cuando el mozo pasa por su lado, ella le pregunta por su signo. Lo mismo había hecho con cada persona que la había saludado en el bar. Celebra al cruzarse con alguien que es de Sagitario, como ella. “Somos auténticos y nos llevamos puestos al mundo”, indica. Ese interés por lo esotérico se volvió central en 2009, cuando su hijo Francisco protagonizó un gravísimo accidente automovilístico en México. Un camión lo chocó de frente en la ruta, lo que le provocó un fuerte golpe en la cabeza y una fractura de mandíbula, entre otras lesiones. Alfano se acercó entonces a la Virgen de Guadalupe, con quien mantiene hasta hoy una profunda conexión. Las casualidades (o no) están de su lado y la única persona presente a la que ella le pregunta por su día de cumpleaños, le responde que nació el 12 de diciembre, justo en la fecha de esta Virgen. “Siempre me está diciendo ‘estoy acá, te estoy cuidando’. No sé si es una formación psíquica o una energía. Es como una fe”, considera.

Las coincidencias y su atracción por aquello que va más allá de lo terrenal hacen que el primer tópico espontáneo de la entrevista con Graciela Alfano sea el episodio más oscuro de su vida, cuando le sugirieron directamente que era probable que tuviera que traer a su hijo de México adentro de un cajón. “Yo lo rechazaba y resistía, pero la realidad era que el cerebro sangraba y no coagulaba”, describe, y se quiebra al evocar la primera frase que él pronunció al salir de terapia intensiva. “Dijo que no se acordaba de nada, pero que el primer recuerdo que tenía era el de su madre tirándole del cordón umbilical”, cuenta, casi entre lágrimas.

Hubo milagro y final feliz. A su hijo no le quedó ni un rasguño del accidente, aunque ella arrastra aquel recuerdo para siempre. Alfano considera que la fortaleza que la caracteriza fue clave para atravesar esa situación, como también lo fue para el golpe que enfrentó tres años atrás, cuando le diagnosticaron cáncer: “Fue una situación dificilísima. Pero mientras estuve en eso me enfoqué en superarlo. Una vez que lo hice fue como llegar a la orilla. Dije ‘pude con esto’ y fue una alegría”. Sostiene que “hay que abrazar las cosas que nos pasan”: “Si uno recuerda todo lo que pasó y pudo superar se siente más fuerte. Tenemos miedos porque no nos acordamos de todo lo que pasamos”.

Pese a atravesar situaciones extremas, la diva argentina suele mostrarse ante cámaras con una sonrisa. Sus apariciones televisivas acostumbran a ser desopilantes y su reciente revuelo mediático no escapó a esa máxima. Es que en los últimos días fue solicitada por los medios luego de declarar que el expresidente (y según cuenta, su examante) Mauricio Macri se comunicó con ella apenas trascendió la noticia de que se había separado de Juliana Awada. El comentario derivó en titulares, especulaciones y debates. ¿Qué tiene para decir ella al respecto? Lo responde en esta distendida charla sobre amores, peleas y polémicas quien, tal como define su cuenta de Instagram, es un ícono.

Graciela Alfano en la Cena de Famosos de Punta del Este.
Graciela Alfano en la Cena de Famosos de Punta del Este.
Foto: Pablo Pena

-Armaste revuelo al contar que Macri se comunicó con vos.

-Me preguntaron por la separación y yo no tengo idea de eso. Conté que me escribió. ¡Y se armó un revuelo! Dije que nos vamos a juntar a comer, no es que vamos a terminar casados, embarazados y viviendo juntos.

-Pero dijiste que te llamó a las cuatro de la mañana.

-Capaz que no se podía dormir (risas). Nos vamos a ver en algún lugar. Tuve una relación de siete años con Mauricio en la que la pasamos bomba. Era clandestina por parte de los dos, pero nos divertíamos mucho. Él tiene mucho humor y nos reíamos de todo. Es un hombre muy inteligente y comprensivo. Además en la cama es muy creativo. Capaz que esto le sirve para relanzar su carrera política.

-¿Conociste a algún presidente uruguayo?

-El que era muy admirador mío era Jorge Batlle. Una vez (Orlando) Petinatti lo llevó a su programa y le preguntó a quién quería que invite, creyendo que iba a nombrar a su contrincante para ponerlo en un compromiso. Pero dijo “a Graciela Alfano, que la admiro”. Así que le compramos una corbata, yo fui al programa y la dejé para que se la diera. Cuando asumió se la puso. Era un gran admirador y un hombre encantador, amoroso y divino.

-Tu última pareja pública fue con un empresario uruguayo, ¿el país quedó mal representado?

-No lo traigamos. No fue un amor sino un entretenimiento. Y del entretenimiento una se aburre. Ya está. No hay que recordar las cosas que no fueron nada. Yo dije todo lo que quería decir y ya saqué todo. Ya pasó. Si me lo cruzo lo saludo porque no tengo ningún problema.

-¿Pasaron otros uruguayos por tu vida?

-Deben haber pasado muchos. Me acuerdo que tenía un guardavidas en los 90 o los 2000. Era muy lindo. Él se iba a Montevideo y teníamos relaciones allá. Era un fuego. Fue un amor fabuloso. He tenido amores divinos porque le digo que sí a la vida.

-¿Cambia la forma de amar con el correr de los años?

-Una aprende y ya no idealiza más. Ahora me fijo en otras cosas porque ya no pienso en formar una familia ni nada de eso. Lo que quiero es pasar momentos lindos, entonces cuando voy a conocer a alguien veo qué me ofrece en ese sentido. Además, cuando hay rispideces, ahora se puede hablar, porque una se conoce más a sí misma y sabe cómo poner límites.

-Fuiste pionera, por ejemplo, en vivir en una casa separada de tu marido Enrique Capozzolo. ¿Fue para poner un límite?

-Sí, lo hice en los 90. Lo que pasaba era que fumaba mucho. Me daba lástima que tuviera que irse al balcón todo el tiempo. Entonces le dije que se fuera a un departamento a tres cuadras que era divino. Se lo decoré igual al que vivíamos nosotros. Entrabas a su casa y tenía un olor a cigarrillo que te mataba, pero era el suyo y podía hacer lo que quisiera. Yo no aguantaba el olor.

-¿Cómo te llevaste a lo largo de tu vida con ese tipo de consumos?

-Nunca fumé cigarrillo, pero otras cosas sí. Probé todo lo que existía en aquella época, pero lo hice con inteligencia. En ese momento había que asesorarse con un médico porque no existía la posibilidad de googlear nada y no podías hablar con nadie porque todos eran caretas y te decían “yo no consumo”. Lo hacía con precaución. Alguien en el grupo tenía que saber qué hacer si a uno le daba un patatús.

-¿Te alejaste de esos consumos con facilidad?

-Sí. Me acuerdo que todavía no había cumplido 30 años y me desperté en una orgía en mi casa. Estaba entre un pibe y una chica que no sabía quiénes eran: “perdón, ¿cómo te llamás?”. Salí de la cama, bajé al living y todo lo que había arriba de la mesa era inconmensurable, todo pagado por mí. ¡Sabés lo que cuesta una fiesta de esas! Pero yo ganaba mucho dinero y me gustaba patinármelo. Pensé “esto es un desastre”. Fui al baño, me miré al espejo y me vi unas ojeras espantosas. Dije “parezco una vieja de 50”. Yo quería tener una familia y vivir muchos años, así que les dije a todos “arriba, amores de mi vida, cada uno a su casa”. Le pedí a la chica que trabajaba en casa “dejame todo esto como si fuera Sarah Kay, que parezca todo dulce, tipo 'home sweet home'". Y ahí dije basta. Hice limpieza general, empecé a hacer más gimnasia, cambié la dieta. Eso no quiere decir que uno no pueda ir a una fiesta o tomar algo, pero no a ese nivel de hacerse pelota. De esa forma no durás nada.

-Muchas veces se habla del Punta del Este dorado de los 90, ¿como recordás esa etapa?

-Todos iban al casino San Rafael y a la noche íbamos a Le Club, en la parada 8 de la Brava. Lo lindo de aquella época es que venían personalidades increíbles. Salías a bailar y te encontrabas con todas. Además en los boliches te cruzabas a los D'Aremberg y a toda gente linda y bien vestida que parecía salida de la tapa de la revista Hola.

-Al no haber registros fotográficos en la noche pasarían muchas situaciones clandestinas.

-¡Por todos lados! Una pasaba a la mañana y veía un montón de Mercedes descapotables estacionados llenos de arena adentro. ¿Dónde se habían metido? (Risas). Me acuerdo también que los hombres se iban a trabajar durante la semana a Buenos Aires y las mujeres tenían sus amoríos en Punta del Este y se divertían. ¡Eso era típico!

-En aquel momento eras madre de adolescentes, ¿cómo desempeñabas ese rol?

-Claro, venía con ellos y bajábamos en la parada 8 de la Brava. Me acuerdo que tenían unos 13 años. De noche los iba a buscar a algún boliche hechos mierda. Me decían que no habían tomado nada y no podían ni pararse. Incluso alguna vez los tuve que ir a buscar a la policía. Yo creo que pude educar a mis tres hombres guiándolos, nunca reprimiendo. Estoy orgullosa de mi tarea como madre.

En 1979, Alfano participó de un festival de cine en Punta del Este por la película "La Nona" y posó para El País.
Alfano es habitué de Punta del Este desde hace décadas. En 1979, participó de un festival de cine en la ciudad por la película "La Nona" y posó para El País.
Foto: Archivo

-Yendo a lo laboral, ¿cómo era imponerse al inicio de tu carrera?, ¿ya tenías una personalidad avasallante en ese entonces o la fuiste adquiriendo con los años?

-Tuve una suerte feroz: nunca me tuve que imponer. Estaba estudiando ingeniería cuando me eligieron en la playa para hacer fotos y fue un boom. Me empezaron a llamar para todas las publicidades y después para hacer películas por todo lo que vendía. En los 90 hice el primer programa de espectáculos que fue El Periscopio y a los 47 años debuté como vedette e hicimos éxitos como Cantando bajo las deudas o Lo que el turco se llevó.

-¿En todo ese camino no tuviste que frenar un maltrato o un ninguneo?

-Siempre hubo, desde el colegio. Era por la inteligencia o por la belleza. Me han querido hacer la vida imposible en todos lados. Yo tengo un don, y la gente insegura se pone nerviosa cuando se cruza a alguien como yo. Pero es un problema del otro y hay que dejarlo pasar. Cuando era más chica me afectaba y me hacía llorar. Lo hablé con mi mamá y me dijo una cosa que no me olvidé más: “te tiene que importar más lo que vos pensás del otro que lo que el otro piensa de vos”. Hoy realmente no me importa.

-Más allá de tu extensa carrera, las generaciones más recientes te recuerdan como una de las jurados más picantes de ShowMatch. ¿Te desbordó ese rol en algún momento?

-Yo me divertía como loca, pero después se generó una energía que no me gustaba. (Aníbal) Pachano dijo públicamente que yo había hablado de su enfermedad y yo nunca lo había hecho. Encima me metieron en algo con los militares y dijeron que yo había salido con (el miembro de la junta militar Emilio Eduardo) Massera, a quien yo no conocí en mi vida. La Justicia demostró que no era así. Yo puedo decir que me acosté con todo el mundo, pero en este caso señalaban a una persona con algo muy doloroso. Era una mentira dañina. Fue un golpe que me afectó a mí y a mi familia. Fue otra cosa fuerte que tuve que superar. Me fui porque lo que pasaba ya no era creativo y a mí me gusta dar show.

Graciela Alfano
Punta del Este saca lo más genuino de Graciela Alfano y en una charla sin filtros ni tabúes habla de sus amoríos con presidentes, excesos, infidelidades y la noche de sexo grupal que le cambió la vida.
Foto: Douglas Cortes (@douglas.cortes)

-En cuanto a peleas mediáticas recientes, te enfrentaste a dos mujeres fuertes como Susana Giménez y Yanina Latorre.

-¡Pobre Yanina! Creo que ahora ella entendió que todo es un show. Antes se quedaba con las peleas incluso fuera del aire. Lo de Susana es distinto. De ella recibí una piña que me dolió y dije “esto no está bien”. Ella debe haber pensado mal de mí y de mucha gente a lo largo de su vida, pero nunca se la había escuchado hablar tan burdamente, de una forma tan grosera y maleducada. Me parece que estaba atravesando un momento personal muy malo. A mí toda la vida me cayó bien. Creo que no está bueno para ella, a esta altura de su carrera, dar esa imagen. Yo ya solté el tema y no tengo nada en su contra.

-Te acusó de practicarle magia negra, algo que te han achacado en otras oportunidades, ¿de dónde viene?

-Es todo un invento. No sé qué les pasa. Susana dijo que fue a ver dos brujos. Para mí son dos chantas que le dijeron que yo le había hecho eso y le sacaron plata. Es lo que hacen siempre. Hay brujos que dicen eso para sacarle plata a los clientes y ellos les creen. A mí me gusta tirarme las cartas como a todo el mundo y me encantan los rituales como el del Iemanjá, que son divinos. Pero no tolero que me hagan esa mala imagen. No pueden decir que hago cosas para lastimar a la gente. Después aquellos que no me quieren lo repiten. Ahí se ve la maldad.

-Vos habías criticado a Susana por haberse ido de su país, ¿tenés una mirada crítica sobre eso?

-Yo me quedé en mi país y lo dije. Ella eligió otra cosa y la respeto, pero siempre hablé de mí. Después, cuando ella tuvo un tema con la clavícula, volvió a Argentina. Yo creo en mi país profundamente y voy a hacer todo lo posible para apoyarlo. Eso sí, también quiero mucho a Uruguay.

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