Nació hace 64 años en Ciudad Vieja y sus nietos son la sexta generación en el barrio. Héctor García atesora los ensayos de las murgas de la Aduana a los que iba de niño, las tardes cantando mientras el legendario Ronald Arismendi, vecino y amigo, tocaba la batería que Curtidores de Diablos guardaba en su casa, y más recuerdos carnavaleros. Meses atrás, mientras participaba de una Rueda de Candombe, pensó: “¿Por qué no replicar esto con la murga?”. Y de forma espontánea y a pulmón surgió Murga en la calle, una propuesta que incluye charla didáctica y pasadas con clásicos, los miércoles de setiembre a las 19, en la esquina de Pérez Castellano entre Piedras y Cerrito, con entrada gratuita.
La elección de la locación no es casual. Se trata de una zona de alta densidad, un lugar turístico por excelencia y, además, una esquina bien murguera: supo haber tablados gratuitos y ensayaron varias de las murgas que dio a luz la Aduana.
Otro dato no menor: muchos de los comercios de la calle Pérez Castellano apoyan económicamente esta iniciativa de Héctor García, que partió del amor al género.
Todo comenzó mientras disfrutaba de una Rueda de Candombe en Plaza España, próxima a la rambla de la Ciudad Vieja, rodeado de gente y al ritmo del tambor. Este evento, devenido en un fenómeno de forma orgánica, ha regalado espectáculos de calidad, con artistas como Jorge Drexler o Los Fatales tocando gratis.
“¿Por qué no hacer esto mismo con la murga?”, pensó. Le parecía justo replicar la movida en el lugar geográfico donde el género se gestó y donde, además, el candombe estaba logrando convocar multitudes.
“No nos podíamos permitir que no hubiera una murga cantando para la gente en el barrio donde nació”, comenta García a Sábado Show sobre el origen de Murga en la calle.
Buscaba devolver la murga a su esencia y revivir aquellos tiempos en los que la gente no necesitaba acercarse al Teatro de Verano, a un ensayo o pagar la entrada a un tablado porque la marcha camión sonaba en las esquinas.
El primer paso fue contactar a Eduardo Rabelino, gerente de Eventos de la Intendencia de Montevideo. Le planteó la idea y consiguió que la comuna apoyara con el audio. Luego se sumaron los comercios de Pérez Castellano y aquel plan que parecía tan ambicioso empezó a tomar forma.
“Nos tiramos al agua. Llamé a Edén Iturrioz, le planteé que se hiciera cargo de la dirección artística y le encantó. Enseguida contactó a un montón de murguistas y músicos importantes, y empezó a andar”, dice sobre este proyecto que reúne a artistas de distintas generaciones.
En este “cuadrazo” también estarán murguistas como Nicolás Ríos, “Lolito” Iribarne, Gerónimo Iturrioz y dos niños de Carnaval de las Promesas: Panchito y Fidel, componentes de La Zafada, que según García “son la demostración cabal de que la murga nunca va a morir”.
Además, decidieron integrar más instrumentos y así “innovar” en el show murguero: Nicolás Ibarburu en guitarra, Mauro Saldivia en saxo y Lucas Lessa en trompeta.
Murga gratis en Ciudad Vieja los miércoles de setiembre
Se eligió un miércoles para evitar que coincidiera con los toques de los artistas y no competir con la variedad de eventos culturales que hay los fines de semana. La movida arranca a las 19:00, en modalidad after office: “La gente sale de trabajar y se topa con estos muchachos cantando”, asegura García.
Cuenta con un segmento inicial educativo de 15 minutos en el que se explica qué es la murga, sus distintas vertientes, su estructura y sus instrumentos. El objetivo es transmitir la importancia cultural del género.
Continúa con un par de pasadas de 30 a 40 minutos en las que se cantan clásicos y temas más modernos. También hay homenajes a Ronald Arismendi y Tata Martínez -referentes del barrio- y a murgas originarias de Ciudad Vieja, como Saltimbanquis, Nos obligan a salir y La Leyenda.
La gente disfruta de un espectáculo murguero gratuito y puede sumarse al coro, si lo desea. La cercanía es protagonista: “La calle da sentido de pertenencia: la murga es nuestra porque está a la misma altura”, expresa el organizador.
El plan es probar los miércoles de setiembre y, si funciona, continuar en octubre, para aprovechar la temporada de cruceros. “Si nos va bien y se arriman más sponsors, seguiremos, porque tiene su costo: al artista hay que remunerarlo”, explica.
Murga en la calle es también la manera que un enamorado del género encontró para honrarlo, devolverlo a su raíz y acercarse a un sueño pendiente. Héctor García les repite a sus hijos que nunca pudo salir en Carnaval. Su primera y única vez fue en 1974, con Nos obligan a salir Junior. Luego se dedicó a estudiar y trabajar.
Hoy, ya jubilado, disfruta como productor de este espectáculo y como programador del tablado del Museo del Carnaval, un escenario que ayudó a inaugurar en 2010.
Se conmueve cada vez que suena una marcha camión y su deseo mutó: ahora ansía contagiar al público y hacer de este proyecto una propuesta masiva: “No puedo cantar ni la lotería. Estoy para hacer que no le falte nada a los protagonistas y a la gente que va a ver el espectáculo”, cierra.
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