Viene el súper Niño: productores definen qué sembrar, vecinos venden sus casas y municipios piden dinero extra por daños

El súper Niño se anuncia y ya empezó a modificar decisiones en Uruguay. Los productores apuestan más por el maíz y limpian sus tajamares esperando las lluvias; el Sinae prepara la respuesta ante posibles emergencias y los municipios reclaman recursos para enfrentar eventuales inundaciones

Inundaciones
Niños en una inundación en el departamento de Paysandú.
Foto: Leonardo Mainé.

En el campo, donde las estrellas comparten protagonismo con los pronósticos del tiempo, las advertencias de que habrá lluvias por encima de lo normal activaron las decisiones de los productores para evitar sorpresas amargas. En los últimos tiempos, mientras los meteorólogos insisten en que el Niño se vendrá recargado -al punto de que lo apodaron el súper Niño-, y la ONU notifica sobre el “grado de urgencia” por el riesgo de lluvias intensas, en el campo las decisiones ya se habían empezado a tomar tiempo atrás, entre abril y junio pasado, durante la cosecha y la planificación de la nueva campaña.

No solo el campo se prepara; la cobertura es general a todo el país. Desde el Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) informan que se encuentran en plena etapa de planificación y previsión para hacerle frente al súper Niño. “Hace dos meses venimos trabajando en la elaboración de distintos escenarios y estamos próximos a iniciar las instancias de coordinación a nivel departamental”, señalan desde el organismo. La proyección es presentar durante la primera quincena de agosto el plan de acción y las medidas preventivas que se adoptarán.

La preocupación llegó al Parlamento, en pleno análisis de la Rendición de Cuentas. En la exposición de motivos, el gobierno señala que fenómenos como las sequías y las inundaciones golpean especialmente al agro y al sector energético, que afectan a los hogares y la infraestructura y generan presión sobre las cuentas públicas. El documento advierte también que aunque el agro tiene una baja incidencia tributaria directa, una mala campaña puede repercutir sobre el resto de la economía y, en consecuencia, sobre la recaudación.

En ese contexto, el Ministerio de Economía incorporó por primera vez variables climáticas, en particular las precipitaciones, a sus modelos de proyección del Producto Interno Bruto.

Inundaciones en Florida
Inundaciones en Florida, inedita crecida del rio Santa Lucia Chico que inundo incontables viviendas de Florida.
Leonardo Maine/Archivo El Pais

Pero, ¿qué es ese fenómeno climático que nos desafía a prepararnos? El meteorólogo Mario Bidegain explica que El Niño se define por el aumento anómalo de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial. En esta oportunidad, las proyecciones indican anomalías de entre 3 °C y 4 °C, muy por encima de lo habitual, por eso se habla de un súper Niño. Esa mayor temperatura del océano modifica la circulación atmosférica y favorece un incremento de las precipitaciones en la región. En Uruguay, la zona norte será la más afectada.

El campo ya está en acción

Los sistemas productivos se están adaptando al escenario más extremo. Para anticiparse, se limpian tajamares para aprovechar el agua que pueda llegar y se eligen cultivos que funcionen mejor con mucha humedad en el suelo y varios días de hoja mojada.

Camioneta entra en zona rural pegada al arroyo.
Camioneta entra en zona rural pegada al arroyo.
Foto: Ignacio Sánchez.

Los productores no toman estas decisiones al azar, sino a partir de información técnica. Se apoyan en las recomendaciones del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), y en el asesoramiento de ingenieros agrónomos. A eso se suma el uso de herramientas como drones e imágenes satelitales que permiten monitorear el estado de los cultivos y definir estrategias de manejo día a día.

Evalúan si conviene aplicar fertilizantes o fungicidas en un sector específico o en todo el predio, y eligen con cuidado el momento de la siembra para que las lluvias intensas encuentren a los cultivos en una etapa de desarrollo que reduzca el riesgo de pérdidas.

“Te diría que, para el campo, es mejor planificar un año Niño que un año Niña”, dice Sebastián Mazzilli, director del Sistema Agrícola Ganadero del INIA, profesor adjunto de la Facultad de Agronomía de la Udelar. Para la producción agropecuaria suele ser preferible un escenario con agua abundante antes que uno marcado por el déficit hídrico. Además, un pronóstico con una señal climática clara permite tomar decisiones con mayor anticipación. En un año neutro, en cambio, la incertidumbre es mayor y resulta más difícil definir qué cultivos sembrar y proyectar rendimientos, dice el director.

Esto es pueblo a pueblo

En Dolores, Soriano, una de las zonas con las tierras más fértiles del país, los fenómenos climáticos extremos no son una amenaza abstracta. La ciudad todavía carga con el recuerdo del tornado de magnitud extraordinaria que el 15 de abril de 2016 dejó pérdidas humanas, destruyó cientos de viviendas y marcó para siempre a la comunidad.

Temporal en Salto; destrozo de techos en Salto.
Se fue con el viento. El techo de la empresa de indumentaria Invencible voló varios metros y cayó sobre dos viviendas a 50 metros.
Foto: Hugo Lemos.

Ahora, ante los pronósticos de un súper Niño, las conversaciones volvieron a girar en torno al clima. “Hay un récord de compra de maíz por el tema del agua. Cuando hay mucha agua, al maíz le va espectacular”, cuenta Joaquín Gómez el alcalde nacionalista de Dolores.

Gómez además preside el Plenario de Municipios del Uruguay, un organismo que sesiona una vez por mes y funciona con el mismo espíritu que el Congreso de Intendentes. La semana pasada, por medio de una carta oficial ante la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, solicitó recursos extraordinarios destinados a los municipios “para ser usados en los escenarios climáticos proyectados por Inumet”. El documento fue recibido por el Poder Ejecutivo, pero aún no hay una respuesta.

El objetivo es que los municipios cuenten con fondos extra para responder con rapidez si los pronósticos se concretan. Las principales preocupaciones pasan por el mantenimiento de la caminería rural y urbana, las inundaciones, la limpieza de los sistemas de drenaje, la caída de árboles por los vientos y los daños que puedan sufrir el alumbrado público, la infraestructura municipal y otros servicios esenciales. “La idea es no esperar a que ocurra la emergencia para recién salir a buscar recursos, sino tener prevista una respuesta”, resume el alcalde de Dolores.

Claudio Duarte, alcalde de Progreso por el Frente Amplio e integrante del plenario -que integran los representantes de nueve departamentos-, cuenta que el intercambio entre los municipios permitió conocer distintas realidades. En Tranqueras y en la ciudad de Rivera, aunque se han realizado obras de limpieza y construcción de cunetas, mantenimiento de pluviales y mejoras en el drenaje, todavía los problemas persisten. También en Vichadero, donde este año está prevista una importante consolidación urbana. “No es solo hacer el pavimento. También implica resolver el drenaje y los pluviales”, señala.

Claudio Duarte, alcalde de Progreso, en la oficina donde realiza los actos más protocolares, como matrimonios.
Claudio Duarte, alcalde de Progreso, en la oficina donde realiza los actos más protocolares, como matrimonios.
Foto: Leonardo Mainé.

Las inundaciones: el agua llega a nuevos hogares

En marzo de 2024 Florida pasó a integrar, de golpe, el mapa de las grandes inundaciones del país. Hasta entonces, la ciudad no figuraba entre los lugares históricamente asociados a las crecientes, como Salto, Paysandú o Durazno. Pero el río Santa Lucía Chico se desbordó y llegó a barrios céntricos donde nunca antes había entrado. Miles de personas perdieron las pertenencias de toda una vida, y para muchas familias fue la primera experiencia de una inundación. La desesperación, la angustia y el dolor terminaron siendo más persistentes que la humedad que come desde adentro las construcciones sólidas.

Inundaciones en Florida
Crecida del Rio Santa Lucia Chico a la altura de la ciudad de Florida en el año 2024.
Leonardo Maine/Archivo El Pais

Para Ignacio, vecino de la ciudad, la inundación nunca terminó del todo. Sigue presente en el valor de las casas. Cuenta que un vecino terminó vendiendo la suya por 35.000 dólares, muy por debajo de lo que considera su valor real. Mudarse no es una alternativa sencilla. En Florida, explica, una vivienda similar cuesta entre 130.000 dólares y 150.000 dólares, un monto imposible para muchas familias trabajadoras. “Quedamos atrapados. No podés vender porque perdiste el valor de la casa y tampoco podés comprar otra”, plantea.

Ante el panorama que se viene, ya empezaron a prepararse para las lluvias. Un vecino que no pudo vender su casa, construyó un segundo piso para subir los muebles y los electrodomésticos si el agua vuelve a entrar. Otros prepararon su propio plan de emergencia. “Si anuncian una semana de lluvia, lo primero que hacemos es cargar las cosas de valor y llevarlas a otro lado. Ahora hay que vivir de esa manera”, cuenta,

El miedo también cambió la rutina. “Estamos todos mirando el clima, rezando para que no pase de vuelta. Eso va a quedar en la retina de la gente para toda la vida”, dice Ignacio.

Inundaciones en Florida
Crecida del Rio Santa Lucia Chico a la altura de la ciudad de Florida, inundada por las intensas lluvias de temporal en el departamento de Florida.
Leonardo Maine/Archivo El Pais

A diferencia de Florida, en Paysandú están acostumbrados a convivir con el agua desde hace décadas. Ahora, se avanza en el diseño de la que podría convertirse en la primera gran defensa permanente contra las crecientes del país. Porque la meta es que las próximas crecidas del río Uruguay dejen de convertirse en una emergencia.

El intendente Nicolás Olivera sostiene que la experiencia acumulada permitió construir mapas de riesgo que indican con precisión qué calles, viviendas y familias se verán afectadas según la altura que alcance el río. “Sabemos a qué cota del río Uruguay se inunda, cada padrón afectado y quién vive allí”, explica.

Esa información es la que guía cada operativo. Cuando los pronósticos indican que el río crecerá, la Intendencia comienza a coordinar la evacuación antes de que el agua llegue a las viviendas. El desafío, reconoce Olivera, es convencer a las familias de salir con tiempo. Muchas se resisten por temor a los robos o porque ya desarrollaron estrategias para convivir con las inundaciones: levantar los muebles, construir entrepisos o permanecer en los techos de sus casas para cuidar sus pertenencias.

Nicolás Olivera, intendente de Paysandú.
Nicolás Olivera, intendente de Paysandú.
Foto: Estefanía Leal

En los últimos años se construyeron unas 680 viviendas de relocalización, lo que permitió sacar de las zonas inundables a unas 1.500 personas.

Pero el objetivo ahora va más allá de las evacuaciones. La Intendencia trabaja sobre un estudio que busca diseñar una defensa física para impedir que el agua ingrese a los sectores consolidados de la ciudad. La obra combinaría bermas (pequeñas elevaciones de terreno que funcionan como barreras naturales para frenar y desviar el avance del agua), con estructuras de hormigón en las zonas urbanas más densamente ocupadas.

Las bermas estarían integradas al paisaje y podrían convertirse en paseos públicos. La idea es que la infraestructura no sólo proteja frente a las inundaciones, sino que transforme espacios costeros hoy relegados por el riesgo en áreas con un nuevo valor urbano e inmobiliario.

Olivera estima que la inversión podría ubicarse entre los 30 millones de dólares y los 40 millones de dólares. La apuesta, sostiene, se justifica por dos razones: evitar los costos económicos y sociales que genera cada creciente y recuperar terrenos que hoy prácticamente no tienen valor por la amenaza recurrente del río.

“Estamos pensando cómo resolver definitivamente el problema de las inundaciones”, resume. La idea es dejar de gestionar únicamente la emergencia y pasar a una estrategia de adaptación permanente. Mientras tanto, el sistema de monitoreo y evacuación seguirá funcionando como hasta ahora: con mapas de riesgo, seguimiento permanente de las cotas del río y una ciudad que por experiencia aprendió a prepararse antes de que llegue el agua.

Los vaivenes en la producción agropecuaria

En los campos uruguayos, si bien las lluvias torrenciales pueden convertirse en un problema, en primera instancia, si no son tan excesivas, la lluvia sería bienvenida. Tanto en el norte, donde los suelos mantienen buenas reservas de humedad, como en el sur, donde los cultivos evolucionan favorablemente pero los tajamares siguen con niveles muy bajos y el agua subterránea aún no se ha recuperado de la sequía.

Productores rurales de la zona del arroyo Casupá.
Productores rurales de la zona del arroyo Casupá.
Foto: Ignacio Sánchez.

Sin embargo, una mayor producción y de mejor calidad no se traduce automáticamente en mayores ganancias para el país. “No es lineal”, advierte Guadalupe Tiscornia, investigadora del INIA. El resultado económico depende también de cómo se comporte el mercado internacional. Si Uruguay tiene una muy buena cosecha, es posible que otros grandes productores como Argentina, Brasil o Estados Unidos también la tengan. Eso aumenta la oferta global, genera mayores stocks de algunos commodities y puede presionar los precios a la baja. En ese escenario, aunque se produzca más los ingresos pueden no crecer en la misma proporción o incluso verse afectados por la caída de las cotizaciones internacionales.

Según Mazzilli, también del INIA, el maíz es el cultivo que más responde a las condiciones hídricas: su rendimiento puede cambiar significativamente según tenga una buena o mala disponibilidad de agua. Con abundancia de agua la calidad y cantidad de producción por hectárea es mejor.

La soja, en cambio, es un cultivo más estable y “plástico”: tiene mayor capacidad de adaptarse a variaciones ambientales y de recuperarse frente a períodos cortos de estrés hídrico, por lo que sus rendimientos suelen fluctuar menos. Pero frente a un exceso de agua pueden aparecer hongos y además se debe de planificar la cosecha.

Entre los cultivos de invierno, Mazzilli señala que las brásicas -como la colza, la carinata y la camelina- son las más sensibles al exceso de agua, porque necesitan suelos bien aireados y pueden verse afectadas por la falta de oxígeno en las raíces. El riesgo cobra mayor relevancia este año por el récord de área sembrada de colza, con unas 400.000 hectáreas, impulsado esto por los buenos precios internacionales.

Cultivos de colza tiene área récord este año sembrado.
Cultivos de colza en plena floración, tiene área récord sembrada este año.
Foto: Archivo El País.

El trigo y la cebada presentan una mayor resistencia: el trigo es el más rústico de los tres y la cebada ocupa una posición intermedia. Para estos cultivos, el principal problema de un año lluvioso suele ser sanitario, por el aumento de enfermedades asociadas a la humedad. En el caso del trigo, la principal amenaza es la fusariosis de la espiga, que aparece durante la floración y puede reducir el rendimiento además de generar toxinas que afectan la calidad del grano, y finalmente de la harina. “No lo pueden consumir humanos ni animales; ya generó problemas en Uruguay”, dice Mazzilli.

El exceso de lluvias también puede provocar anegamientos. El suelo se satura de agua, las raíces se quedan sin oxígeno y las plantas no logran absorber los nutrientes necesarios.

Mazzilli también advierte sobre un problema de fondo asociado a los años lluviosos: la erosión hídrica. En períodos secos, algunos productores pueden relegar prácticas de conservación de suelos o avanzar con agricultura en zonas menos recomendadas. Pero cuando llegan lluvias intensas, el escurrimiento arrastra la capa más fértil del suelo, un recurso que demora miles de años en formarse, y puede transportar nutrientes hacia los cursos de agua, favoreciendo problemas ambientales como la proliferación de cianobacterias.

Para la ganadería, las buenas lluvias suelen ser favorables. Más agua combinada con temperaturas adecuadas permite una mayor producción de pasto. El punto más vulnerable aparece en los corrales de engorde. Si no están bien diseñados el barro afecta el bienestar animal, aumenta el gasto energético de los animales y puede generar pérdidas.

Ahora resta esperar que caigan las primeras gotas del súper Niño y ver qué tan bien preparado estaba el país para lo que traiga consigo.

Meteorólogo

“Río Uruguay puede llegar a niveles históricos”

Para el meteorólogo Mario Bidegain las lluvias previstas para estos días son apenas el comienzo de un escenario que podría intensificarse con un El Niño fuerte. “El fenómeno se va a ir acentuando y estos eventos también irán escalando en los próximos meses”, dice.

Salto comienza a registrar inundaciones tras la devastación que sufre Río Grande do Sul
Departamento de Salto con inundaciones que llegan desde Río Grande do Sul.
Foto: Delfina Milder.

En Uruguay, el mayor impacto suele registrarse durante la primavera, especialmente entre octubre y diciembre, cuando aumentan las lluvias intensas.

El problema, explica, no es solamente la cantidad de agua que cae en cada episodio, sino el efecto acumulativo. Con cada evento los suelos se saturan, aumenta la escorrentía y los ríos elevan sus niveles. “Después ya no precisás una lluvia de 100 milímetros. Con 20 o 30 milímetros podés tener desbordes”, resume.

Bidegain recuerda que el último Niño de gran intensidad ocurrió entre 2015 y 2016, mientras que el de 1997-1998 provocó algunas de las mayores crecientes registradas en el río Uruguay. Durante ese episodio, la represa de Salto Grande enfrentó dificultades para manejar el enorme caudal que descendía desde Brasil. “Podemos volver a tener niveles históricos del río Uruguay”, advierte.

Si bien hoy existen mejores sistemas de monitoreo, coordinación entre represas y comunicación con Brasil, sostiene que el contexto climático también cambió. “Las represas fueron diseñadas con datos de las décadas del ‘50 y del ‘60. Hoy el escenario es otro. El calentamiento global no solo aumenta las temperaturas: también hace que, cuando llueve, llueva con mayor intensidad y en mayores volúmenes”, explica el meteorólogo.

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