La Liga de Amas de Casa: quiénes son las mujeres que negocian los aumentos de sueldo de las trabajadoras domésticas

Son las mujeres que defienden el trabajo de las amas de casa y, a la vez, negocian los salarios de las trabajadoras domésticas. La Liga de Amas de Casa nació en los años 90, pero desde 2008 es la contraparte patronal del sindicato en los consejos de salarios.

Mabel Lorenzo, la histórica presidenta de la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios, junto a Cristina Novello.
Mabel Lorenzo, la histórica presidenta de la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios, junto a Cristina Novello.
Foto: Darwin Borrelli.

Quiso el destino que Mabel Lorenzo tuviera su casa de verano en Punta del Este pegada a la de Lita de Lázzari, la mediática argentina que durante décadas fue la cara visible de la Liga de Amas de Casa de su país. Tuvo programas de televisión y una famosa frase “camine, señora, camine” para aconsejar a las amas de casa a ahorrar y buscar precios. “Nos convertimos en amigas, era una señora con un poder especial”, recuerda Lorenzo. Entre encuentros y conversaciones, Lita le planteó una idea: si en Argentina existía una organización que defendía y representaba a las amas de casa, ¿por qué no crear una igual en Uruguay? La sugerencia prendió. En 1995, Mabel Lorenzo y otras mujeres fundaron la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios de Uruguay.

Al principio tenía dos objetivos: defender los intereses de los consumidores y conseguir que las mujeres que habían dedicado su vida al trabajo en el hogar pudieran acceder a una jubilación. Treinta y un años después, aquella organización que llegó a reunir a más de un centenar de mujeres cumple un papel bastante diferente al que imaginaban sus fundadoras: desde 2008 es la contraparte del sindicato de trabajadoras domésticas en los consejos de salarios. Negocian los sueldos y las categorías en la tripartita que funciona en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Los vínculos con organizaciones del exterior se mantienen con representantes de Argentina, Paraguay e Italia. El contacto con España se perdió cuando la Liga de Amas de Casa de ese país dejó de funcionar por falta de fondos.

 —¿Qué es ser un ama de casa?

 —Ser ama de casa es ser la señora de la casa y ocuparse de todo lo que implica sostener y cuidar a una familia. Muchas veces eso significa dejar de lado otras actividades más personales. Pero también creo que hoy podemos hablar de una figura de gerente de familia.

Lorenzo (81 años) tiene clara la respuesta. Es una pregunta que a lo largo de los años siempre se la han hecho.
Cristina Novello, de 63 años, lo pone en otras palabras.

 —A mí me da mucha bronca cuando se desvaloriza esta tarea y se dice: “Ah, vos te dedicás a ser ama de casa porque tenés plata”. No es solamente eso. Lo que hace esa mujer también tiene un valor económico. Si ella no se ocupara de los hijos, de limpiar la casa, de organizarla y de administrar todo, habría que pagarle a otra persona para que lo hiciera.

Y administrar es una parte clave. No es solamente hacer las cosas, sino decidir qué se hace con el dinero que entra en la casa: qué se compra, qué no, cuándo se pagan las cuentas, dónde conviene comprar, qué supermercado es más barato. Hay todo un trabajo de organización y de administración detrás que a veces no se ve. Estas ideas sirven para explicar cómo entienden una tarea que, dicen, todavía permanece invisibilizada. No se trata solamente de cocinar, limpiar o hacer las compras. Está la organización, “la carga mental es lo más difícil”, dice Novello.

Mabel Lorenzo, la fundadora y referente histórica de la Liga de Amas de Casa, en la sede de la organización, en junio de 1995.
Mabel Lorenzo, la fundadora y referente histórica de la Liga de Amas de Casa, en la sede de la organización, en junio de 1995.
Foto: Archivo El País.

Hay una paradoja en esa reivindicación: las mismas tareas domésticas son reconocidas como trabajo remunerado cuando las realiza una trabajadora contratada, pero dejan de serlo cuando las hace el ama de casa. Para la liga, entrar en la negociación colectiva como contraparte patronal era también un primer paso para cambiar esa mirada y contribuir a que socialmente se entendiera que las tareas domésticas son un trabajo, más allá de que exista o no un salario.

Por eso, luego de la aprobación de la ley 18.065 en 2006, que regula el trabajo doméstico, aceptaron durante la gestión de Eduardo Bonomi al frente del Ministerio de Trabajo convertirse en la representación patronal del sector.

La organización supo tener más de 100 afiliadas; hoy admiten que son menos pero no precisan una cifra.

 —Cada casa es un mundo, con sus propias normas. ¿Asesoran a las socias en la forma en la que tienen que dirigir?

 —Yo siempre cuento la historia de una mujer que ya falleció -relata Novello, sobre una persona de una familia de buena posición económica-. Su abuela reunía a todas las nietas y les hacía lavar las ollas, aunque en la casa había doméstica. Una de las nietas le preguntó: “Abuela, si tenemos a una muchacha que nos lava las ollas, ¿por qué nos hace lavarlas a nosotras?”. Y la abuela le contestó: “Porque ustedes tienen que saber limpiar bien las ollas para saber mandar. Si ustedes no saben cómo se limpia, después no saben cómo decirle a una persona cómo tiene que quedar”. Y eso es así: yo les puedo decir a las chicas cómo limpiar porque yo sé cómo limpiarlas.

Son las amas y patronas

El ingreso de la liga a la negociación colectiva no estuvo exento de discusiones internas. Algunas socias consideraban que una organización de amas de casa no debía convertirse en una gremial patronal y se alejaron. La Liga tenía cursos de idiomas, de bordado, y otros temas que a las amas de casa de los 90 les eran útiles. Pero abogados que revisaron los estatutos entendieron que no existía impedimento y la organización terminó ocupando ese lugar.

Mabel Lorenzo, la fundadora y referente histórica de la Liga de Amas de Casa, en la sede de la organización.
Mabel Lorenzo, la fundadora y referente histórica de la Liga de Amas de Casa, en la sede de la organización.
Foto: Archivo El País.

Desde entonces, sus dirigentes se sientan frente al sindicato de trabajadoras domésticas para discutir salarios y condiciones. Dicen que el diálogo siempre fue bueno, aunque las negociaciones tienen, como en cualquier consejo de salarios, momentos de alta tensión.

Una de las discusiones más complejas fue la creación de categorías para el sector. “El hogar no es una fábrica, no es un comercio”, fundamenta Novello. Una trabajadora puede cocinar, limpiar, cuidar a un niño y hacer otras tareas durante una misma jornada. Por eso, sostiene, definir dónde termina una función y empieza otra fue una de las partes más difíciles.
Desde el 1° de julio de 2026 el trabajo doméstico quedó dividido en tres categorías laborales, acordadas en la undécima ronda: general, cocina y cuidados. La primera comprende las tareas habituales de limpieza, orden y mantenimiento de la vivienda, además del lavado, planchado y realización de mandados.

La categoría se determina por la tarea que ocupe más tiempo dentro de la jornada. En concreto, cuando una actividad representa más del 50% de las horas trabajadas, esa es la categoría que corresponde aplicar para la fijación del salario.
La diferencia también se refleja en los salarios mínimos. Para una jornada completa de 44 horas semanales, los valores vigentes desde julio son de 32.051 pesos nominales mensuales para la categoría general, 33.796 para cocina y 34.885 pesos para cuidados.

“El Consejo Superior Tripartito reconoce como actores válidos para la negociación colectiva al sindicato de las trabajadoras domésticas y a la Liga de Amas de Casa”, dice a El País la directora de Trabajo, Marcela Barrios. Y afirma algo que todas las personas consultadas para este informe sostienen: el trabajo doméstico tiene particularidades tanto para las empleadas como para los empleadores. Porque todo sucede en un hábito privado y el lugar “más sagrado”, el hogar.

Para la jerarca, se trata de un vínculo que se ha desarrollado con respeto entre las partes. “Es una negociación que es muy respetuosa”, destaca.

Laura Rivero.
Laura Rivero.
Foto: Leonardo Mainé.

Laura Rivero, del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas, señala en cambio que durante la negociación las trabajadoras sintieron “falta de respeto, ninguneo y maltrato”. Aclara, sin embargo, que esa actitud no provino de la Liga de Amas de Casa, sino de la Cámara de Comercio. Aunque finalmente se establecieron tres categorías, las trabajadoras consideran que lo acordado es todavía insuficiente y que no refleja la propuesta que habían planteado originalmente. Lo ven, de todos modos, como un primer paso para seguir negociando y mejorarlo.

Ahora están dando un paso más: junto con Inefop trabajan en certificaciones de habilidades para las trabajadoras. La idea es que una doméstica pueda acreditar sus conocimientos y utilizar esa certificación como una herramienta para negociar mejores condiciones, y no depender siempre de la recomendación para conseguir trabajo.

Una tradición que sigue

“Trabajadoras con cama”: qué implica esta modalidad

Entre las consultas que recibe la liga aparecen las vinculadas a las trabajadoras “con cama”. La jornada es de 44 horas semanales, ocho horas por día, con dos horas de descanso. Fuera de ese horario, la trabajadora tiene libre disposición: puede salir de la casa si quiere. Si el empleador necesita que permanezca allí para cuidar a un niño, un adulto mayor o realizar otra tarea, ese tiempo debe considerarse como horas extras.

Por eso, advierten, una familia que busca una trabajadora con cama debe respetar los límites laborales.

Lo que hacen

Las mujeres integrantes de la liga pagan 400 pesos por mes de cuota, y eso cubre trabajos que el abogado de la organización puede hacer ante denuncias o problemas con los pagos a las empleadas. Si quieren que desde la liga se emitan todos los recibos de sueldos y demás documentos, ahí la cifra sube a 800 pesos por mes.

Trabajadora doméstica.
Trabajadora doméstica.
Foto: AP

La liga también asesora a quienes contratan trabajadoras domésticas. Las consultas van desde cómo formalizar una relación laboral, pagar la licencia o calcular la antigüedad hasta situaciones vinculadas con despidos, sanciones, trabajo con cama o tareas de cuidado.

Además, en su rol de asociación de defensa del consumidor, actúan como asesores de intendentes en 15 departamentos e integran comisiones tripartitas de asesoramiento junto al Ministerio de Economía, consumidores y empresas. Estas comisiones intervienen cuando se proyecta instalar una superficie comercial de más de 200 metros cuadrados.

La liga intentó reconstruirse después de la pandemia. Perdió socias, cerró su sede y hoy atiende consultas de forma virtual desde la Cámara de Comercio. Sus integrantes ya no son solo mujeres dedicadas exclusivamente al hogar: hay profesionales, jubiladas y empleadoras que trabajan fuera de sus casas.

La integrantes de la liga observan un cambio generacional en la forma de entender las tareas del hogar. Para las personas jóvenes, dicen, la figura del “ama de casa” ya no parece tener el mismo significado. En muchos hogares las tareas se distribuyen de manera más equitativa. “No hay una figura central que dirige todo, sino que cada uno hace su trabajito”, dice Lorenzo.

La diferencia también aparece cuando hay hijos. En las parejas más jóvenes, el cuidado tiende a pensarse como una responsabilidad compartida: si un niño se enferma, un día lo cuida uno y otro día el otro. La tarea no debería recaer automáticamente sobre la mujer.

Hay una generación intermedia donde los hombres participaban en algunas tareas -por ejemplo, llevando a los hijos a la escuela-, pero muchas veces lo hacían desde un lugar de “ayuda”. La organización de la casa y buena parte del trabajo cotidiano seguía estando en manos de las mujeres.

Más atrás aparece otra generación, la de las mujeres que hoy tienen en torno a los 80 años o más. Para muchas de ellas, ser ama de casa fue una ocupación de tiempo completo. Fue su trabajo.

Reclamo histórico

A 20 años de la Ley siguen los problemas de formalización

Para Marcela Barrios, directora nacional de Trabajo, el recorrido realizado por Uruguay permite hablar de avances significativos, especialmente si se lo compara con otros países de la región. Este año se cumplen 20 años de la ley que reconoce los derechos de las trabajadoras domésticas. “El trabajo doméstico tiene la particularidad de que ni siquiera en todos los países está reconocido como una actividad laboral”, señala. En algunos lugares, dice, tampoco se reconoce el derecho a la limitación de la jornada.

La particularidad del lugar donde se desarrolla también plantea dificultades específicas.

No se trata de una actividad que transcurra en una empresa, una oficina o un establecimiento abierto al público, sino dentro de una vivienda particular. Por eso, algunas de las herramientas de protección requieren protocolos y mecanismos específicos.

A pesar de los avances, la formalización continúa siendo uno de los principales desafíos. Barrios reconoce que el trabajo doméstico sigue siendo uno de los sectores en los que persisten niveles de informalidad.

Según datos difundidos por el Banco de Previsión Social (BPS), actualmente hay alrededor de 76.000 trabajadoras domésticas registradas. La cifra permite dimensionar el alcance de una actividad que durante mucho tiempo permaneció fuera de buena parte de las regulaciones laborales: ni siquiera se lo consideraba como un trabajo.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar