Nunca mucho, costó poco y Mathías Castro (28) es prueba de ello. El fútbol siempre había sido su pasión, pero descubrió el culturismo y no dudó cuando tuvo que elegir. Con una rutina desgastante que incluye entrenar, trabajar, estudiar una carrera universitaria y ser su propio chef y entrenador, lo ganó todo la primera vez que compitió en culturismo natural. Obtuvo la licencia profesional y clasificó al Mundial de la World Natural Bodybuilding Federation (WNBF) en Canadá, después de haberla pasado muy mal en la puesta a punto y de hasta someterse a un polígrafo como parte de los controles de la federación.
Una prueba de aspirantes lo hizo jugar varios años en las juveniles de Nacional en futsal, pero pronto se despertó un nuevo interés. Como muchos adolescentes, empezó a entrenarse con lo que tenía en su casa hasta que pudo anotarse en un gimnasio y con el paso del tiempo y el progreso no era el único que notaba sus condiciones. “No quise apurar las cosas. Mucha gente me alentó a competir antes, pero yo aún sentía que podía presentar una mejor versión. Me gusta dar el 100% en lo que sea”, le confesó Castro a Ovación.
Para su primera prueba apuntó alto y sorprendió a todos en un torneo internacional en Argentina después de 24 horas de viaje. Para los otros competidores, salió de las tinieblas. “Yo no soy muy conocido en las redes ni nada, siempre fui perfil bajo y mucha gente me bromeaba con eso, como que salí de la nada”, comentó Mathías, que ganó en categoría abierta y en la absoluta con los campeones de cada categoría.
Al momento de recibir la medalla y el trofeo, lo entrevistaron y confesó que no la había pasado nada bien en la puesta a punto, donde buscan lograr el mejor look para la competencia. “Lo que se hace es cargar de carbohidratos para llenarte de glucógeno muscular, agua, sodio y aumentar las comidas. Comí unos boniatos que al parecer estaban en mal estado y tuve distensión abdominal, no toleraba las comidas y a mitad de la semana, ya en Argentina, tuve descompostura. Seguí haciendo la carga sorteando esos inconvenientes”.
Sin dudas el logro es muy importante para Mathías, pero hay un plus: competir sin el uso de sustancias dopantes como esteroides anabólicos. “Eso es clave. No hay otro camino para mí. La federación está buena porque son estrictos con ese tema. Hacen análisis de sangre, orina y polígrafo (el detector de mentiras). También controles sorpresa”.
Haber ganado en Argentina le dio la clasificación al mundial y esto significaba un nuevo desafío que va más allá del entrenamiento. El torneo es el 20 de noviembre, y para afrontar los costos Mathías debía reunir aproximadamente 2.000 dólares para pasajes, alojamiento, inscripción y comidas. Muchos de sus colegas consiguen sponsors en redes sociales, pero a él no le queda tiempo para eso. Aunque no ejerce, es entrenador y él mismo se ha encargado de su preparación y también de la nutrición mientras trabaja y estudia imagenología en la Universidad de la República.
“Vengo viviendo el culturismo como un profesional, haciendo cada cosa a rajatabla. Ha sido muy complicado. Ahora mismo estoy trabajando de delivery de noche. Sacrifiqué mucho mi vida social y he vivido a las corridas básicamente. Me levanto, entreno, me hago las comidas, estudio y me llevo los tuppers hasta en el cajón de delivery”.
Para Mathías ha sido todo a pulmón. Estaba dispuesto a intentar conseguir los fondos, pero no dieron los tiempos para su visado y este sorpresivo campeón deberá esperar para su sueño mundialista.
Premiación: Mathías Castro ganó en categoría abierta y absoluta en Argentina
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