El amistoso entre la selección de España y Egipto, disputado en el RCDE Stadium de Cornellá, terminó 0-0, pero el resultado fue lo menos relevante de la jornada. El encuentro quedó marcado por cánticos xenófobos que se escucharon en dos ocasiones durante la primera mitad, cuando parte de la afición entonó el grito “musulmán el que no salte”, generando un fuerte repudio tanto dentro como fuera del campo.
Desde el Gobierno español la reacción fue inmediata. El ministro Félix Bolaños expresó que estos hechos “avergüenzan como sociedad”, mientras que Ángel Víctor Torres apuntó a la influencia de “grupos ultras”. En la misma línea, Óscar Puente fue más allá y vinculó lo ocurrido con discursos políticos de la extrema derecha.
La condena también llegó desde la oposición. Dirigentes del Partido Popular calificaron los cánticos como “lamentables y condenables”, marcando un consenso político casi total, con la excepción del partido Vox, cuyos referentes evitaron repudiar lo sucedido y mantuvieron su discurso contra la inmigración.
En el plano deportivo, uno de los más afectados fue Lamine Yamal, figura de la selección española y de religión musulmana. El joven delantero se expresó con dureza tras el partido: calificó los cánticos como “una falta de respeto intolerable” y señaló que utilizar una religión como burla “deja como ignorantes y racistas” a quienes los entonan. Incluso, se retiró del campo sin participar en la habitual vuelta de honor. Además publicó una foto del partido en sus redes sociales con la descripción: “Yo soy musulmán, alhamdulillah”.
Durante el encuentro, la megafonía del estadio pidió detener los cánticos ofensivos, aunque la reacción llegó tarde y no evitó que el episodio tuviera repercusión internacional. La policía catalana, Mossos d'Esquadra, ya inició una investigación para identificar a los responsables y determinar si existió un delito de odio.
El seleccionador Luis de la Fuente también fue contundente: “Es intolerable. Los violentos aprovechan el fútbol para tener su espacio y hay que apartarlos”. Por su parte, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, lo calificó como un “incidente aislado”, una postura que generó críticas desde distintos sectores.
El episodio vuelve a poner bajo la lupa al fútbol español por casos de racismo, como los sufridos en el pasado por Vinicius Junior y otros jugadores. Además, se da en un momento sensible, con España como una de las sedes del Mundial 2030, lo que podría derivar en sanciones por parte de la FIFA.
Así, lo ocurrido en Cornellà no solo empañó un partido amistoso, sino que reavivó un problema estructural que el fútbol europeo sigue sin resolver.
Con información de EFE.
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