Ciudad Vieja: el millonario proyecto de revitalización y la noche que vecinos y comerciantes ya no soportan

Víctimas de una seguidilla de robos y del vandalismo, vecinos y comerciantes denuncian que la convivencia con las personas en situación de calle está “rota” y exigen medidas. A la par, con la mira en la trasformación del barrio, planifican revitalizar el casco histórico.

Persona en situación de calle en la Ciudad Vieja.
Persona en situación de calle en la Ciudad Vieja.
Foto: Estefanía Leal.

"Esta noche liga alguno”, gritaba el hombre mientras recorría la calle Colón con paso acelerado, el gesto desafiante. Era el 24 de diciembre. Un rato más tarde los comerciantes empezaron a irse a sus casas para celebrar la Navidad. Fuera de esa advertencia, el ambiente era el de siempre. Poca gente en la vuelta, la mayoría personas en situación de calle, muchas de ellas ocupadas en el consumo de alguna sustancia.

Pasó la medianoche.

Se terminaron los festejos.

Ciudad Vieja quedó todavía más sola.

Al día siguiente, sobre las ocho de la mañana, Gabriel se enteró de que lo había perdido todo. La Policía le avisó que en la madrugada le habían robado el comercio. Así empezó la Navidad más extraña de su vida.

La Peatonal Sarandí al atardecer.
La Peatonal Sarandí al atardecer.
Foto: E. Leal.

La cámara de vigilancia del negocio de enfrente —una distribuidora que cotidianamente sufre robos hormiga por parte de personas en situación de calle— registró el proceso: dos hombres cortando la cortina metálica a la altura de la puerta, pasando un fierro y rompiendo la cerradura, dañando también la puerta de vidrio. Mientras uno entraba al local por el agujero, el otro vigilaba. Para disimular puso una silla de playa y se sentó con una cerveza en la mano. Un par de minutos después, van sacando, máquina a máquina, miles de dólares en herramientas de trabajo.

Gabriel llegó al estudio de tatuajes y lo vio hecho un desastre. Observó la puerta de vidrio rota y distinguió una mano entera marcada debajo del agujero, pero cuando vino la Policía Técnica no tomó esa huella. Vinieron los socios. Unos rastreaban a algún herrero disponible ese feriado, otros chequeaban si la mercadería aparecía en alguna publicación de Market Place y otros salieron a recorrer la zona. Entonces apareció un hombre.

De una bolsa sacó varias de las máquinas y se las ofreció por 1.500 dólares. “Me decía que se las había regalado un vecino que se iba para Estados Unidos. Lo miro y le digo, ‘no papi, estas son mis máquinas, me las robaron anoche’. Me respondió, ‘vecino, disculpe me las dieron en la boca para vender’.”

En la boca se las habían dado.

“Un rato después me llama un vecino que tiene una boca al lado de la casa y me dice que ahí están ofreciendo unos materiales de tatuajes”. Gabriel pasó la información a la seccional 1°, describió a la persona, lo que llevaba puesto, indicó su ubicación. Mientras esperaban a la Policía, los amigos le hicieron un seguimiento al sospechoso para no perderlo de vista. Pero la Policía no apareció y Gabriel terminó yendo a negociar.

Pasaron un par de horas, y en el estudio apareció otro hombre que se presentó como “el que maneja la boca”. “El tipo me dijo que había comprado las cosas porque sabían que eran de acá, pero que no tenía nada que ver con el robo”.

Les tenía simpatía a los tatuadores —le dijo— porque unas semanas atrás le habían comprado un espejo a uno de sus hermanos, que andaba vendiendo el objeto “para poder comer con la familia”.

Por las máquinas él había pagado 30.000 pesos, pero por 10.000 en efectivo se las entregaba. Los que les habían entrado al local eran clientes de su boca, pero él no quería que robaran en el barrio “porque le quemaban el trabajo”. Le dijo a Gabriel y a sus socios que había castigado al ladrón cortándole un dedo. Lo tenía ahí mismo, le dijo apretándose el bolsillo del pantalón y haciendo ademanes de que si querían se los mostraba.

Hasta que se fue. “Acá no los vienen a molestar más”, se despidió. Pero volvió él mismo, varias veces más, a extorsionarlos. Les pidió más plata, que le pagaran con tatuajes, todo esto a pesar de que el robo les había dejado 2.000 dólares en daños y una pérdida de 3.000 dólares de herramientas estropeadas.

Recién hace unos pocos días, después de vender rifas y organizar colectas, por fin lograron costear una nueva puerta.

Romper, entrar, robar

El episodio en el estudio de tatuajes “lo cambió todo”, dice una vecina. Motivó a que los otros comercios de la cuadra pusieran cámaras de seguridad. Pero incluso ahora que son un gran hermano comercio-vecinal no es suficiente para evitar los robos nocturnos.

Los días que siguieron hubo más roturas con robos y unas semanas después el Ministerio del Interior anunciaría que a unos pasos de distancia había frustrado un enorme robo bancario mediante la excavación de un túnel. A la operación la llamaron “Blindaje”.

Muchos comerciantes organizaron rondas para hacer guardias. Todavía se turnan para pasar en auto, en bicicleta y a pie y los que no lo hacen viven con el ojo pegado al celular, atentos a las cámaras, “toda la madrugada pendiente del celular para ver qué va a suceder”.

Una zona de Ciudad Vieja en la noche.
Una zona de Ciudad Vieja en la noche.
Foto: E.Leal.

Marisa, dueña de un spa, presentía que le iba a tocar. Puso una cámara y se la robaron. A uno de los dos ladrones lo reconoció en los videos que le mostraron los otros comerciantes. “Es un chico que anda en la vuelta”, al que algunos vecinos le compran ropa usada: “Es que empieza a consumir y lo desconocemos”.

“Estaba en la vereda con mi socia y el que nos robó pasó caminando, nos miró y se rio. Marisa fue para la seccional. “O van ustedes o voy yo y le saco los dedos. Es de la vuelta, todos los conocemos”, increpó a un agente. La llevaron con el comisario. Según dice, le pidió que no hiciera nada, “era solo una cámara”.

Fabiana, empleada de una farmacia —también víctima de robos hormiga—, vio desde el balcón de su casa en la peatonal Sarandí cómo le entraban al café de enfrente. Otra vez lo mismo: le rompieron la cortina y el vidrio. “Todo ese daño para llevarse un celular. Me costó unos 17.000 pesos el arreglo”, cuenta el propietario. ¿Hizo la denuncia? “Sí. Y nada.”

A unas cuadras de distancia, a un comercio gastronómico que lleva menos de un año abierto le entró a robar el cuidacoches. Por día recibe entre cuatro y cinco personas que entran a pedir algo para comer. Desde adolescentes hasta personas mayores. Uno de los recurrentes era justamente el cuidacoches.

Él y otro hombre apagaron la llave general de luz de la cuadra, que está en la vía pública, dejaron ese tramo de la peatonal Sarandí hecha una boca negra, y de nuevo lo mismo: romper, entrar, robar. Se llevaron la caja registradora con todo el dinero, una computadora, un celular.

La dueña presentó más de 30 videos en la Fiscalía, que le respondió que no servían porque no se le veía el rostro. Sin embargo ella reconoció al hombre al que a diario le daba comida y una propina para que le cuidara el auto.

Un tramo de la Ciudad Vieja en la noche.
Un tramo de la Ciudad Vieja en la noche.
Foto: E. Leal.

En el grupo del WhatsApp en el que vecinos y comerciantes comparten sus miedos y enojos también lo identificaron. Era el mismo que había sido denunciado por pasearse con cortes carcelarios frente al único colegio del barrio, gritando a los cuatro vientos que a él “nadie le iba a robar la cuadra”.

La Policía lo llevó para interrogarlo. Cuando lo soltaron, fue derecho al local y amenazó a los trabajadores.

La dueña del negocio ubicó al padre del muchacho, también en situación de calle, y rescató la caja registradora, que estaba vacía.

Barrio dormitorio

La mayoría de los entrevistados integran un grupo de vecinos, comerciantes e inversores decididos a dar batalla por esta Ciudad Vieja que se ha vuelto “un dormitorio”, en la que la convivencia con las personas en situación de calle está “rota”. Aunque hay excepciones, con la mayoría se vive “un infierno”, describe Gabriel, el tatuador.

El asunto es cómo denunciar esta situación sin estigmatizar a un barrio que tiene la particularidad de tener distintas centralidades, que cambia según la hora y cuadra a cuadra —algunas partes más oscurecidas, “vacías, espantosas, todas tomadas por estas personas”, otras que son el polo opuesto—, pero todas conformando un casco histórico.

Que encima ha perdido turismo extranjero y necesita con urgencia reconquistar al turista local para revivir, atraer a las familias para que lo habiten y a empresarios e inversores para que apuesten por él, como sucedió con el imponente proyecto Distrito El Globo, que inyectó 30 millones dólares y rehabilitó seis edificios cerca del puerto.

El asunto, decíamos, es cómo plantearle al público que la tensión que hay en el barrio no es inseguridad —“no les va a pasar nada si vienen a recorrerlo”, dicen los comerciantes—, sino más bien un reflejo de una fractura social cada vez más profunda.

Cómo poblar el barrio, ¿y si instalan centros educativos?

El arquitecto Alan Turovlin, representante de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción en la Comisión de Ciudad Vieja, cree que el deterioro venía sucediendo progresivamente, pero que la pandemia lo aceleró: “Fue un catalizador porque cambió muchísimo todo lo que fue los servicios financieros, el teletrabajo, todo eso cambió la composición del barrio”. Dejó de ser una plaza financiera, decenas de oficinas se mudaron o cerraron, perdiendo población flotante. Los comercios adelantaron la hora de cierre provocando que la Ciudad Vieja “se apague” más temprano. A esto se suma que al terminar la temporada de cruceros baja la presencia policial. La vacancia edilicia también contribuye a que el barrio se convierta en un dormitorio cada vez más poblado por personas en situación de calle. Para Turovlin una medida efectiva para repoblar el barrio es llevar centros educativos, como universidades, que permitan estirar la jornada y genere circulación.

Pamela Fernández, integrante del grupo, lo pone así: “Estamos padeciendo esta percepción de inseguridad y no queremos ser víctimas de eso. No tenemos hechos violentos. Pero la falta de patrullaje ha generado que a la noche muchos comercios hayan sido asaltados. Todos sabemos quiénes son y aun así no logran atraparlos o los dejan en libertad”.

Este grupo —junto a otros tantos nucleados en torno a la Ciudad Vieja— logró activar una serie de encuentros con las autoridades. Han sido escuchados, han intercambiado ideas pero, según Fernández, “no hemos conseguido que nadie haga lo políticamente incorrecto”. Eso sería descomprimir el barrio de servicios del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), en particular “sacar los refugios”, que según los entrevistados propician la reproducción de las bocas de venta de pasta base, y la circulación constante de personas que cometen arrebatos “tontos”, hurtos más o menos importantes y permanentes actos de vandalismo contra los comercios llevando la convivencia al límite y acelerando el deterioro.

Si hasta la Bolsa de Valores y la casa central del Banco República solicitaron a la Comisión Especial Permanente de Ciudad Vieja el aval para colocar rejas en estos edificios patrimoniales cuyas escalinatas son usadas como baños y superficie para prender fuegos.

Distrito El Globo.
Distrito El Globo.

En los últimos meses, en las reuniones que han tenido con las distintas autoridades, se ha dejado en claro que la óptica debe ser trabajar sobre un barrio y casco histórico al mismo tiempo.

Esto no hace la tarea más sencilla, lo sabe Carlos Rodríguez, subjefe de Policía de Montevideo. Aunque las estadísticas dicen que los delitos bajaron y que los que allí se comenten son “delitos menores”, el jerarca reconoce que “basta uno solo para aumentar la sensación de inseguridad”, especialmente para los turistas, “porque lo que vende y sella al país es la seguridad”. Y Ricardo, un comerciante histórico, ve cómo los turistas entran a su restaurante incómodos, con personas que los persiguen un par de cuadras pidiéndoles dinero.

Los vecinos reclaman que le devuelvan a la seccional la sala de monitoreo (un equipo atento a las cámaras del barrio y que responda instantáneamente frente a la alerta), sistema que 10 años atrás “limpió” la zona. Piden operativos de oficio y que se genere un grupo de trabajo especialmente para el territorio, que conozca al barrio y a sus integrantes, al menos por un período hasta enderezar la situación.

Rodríguez, por su parte, confía en el combo que tiene preparado para el barrio. Se está apostando por un “sistema híbrido” entre policías uniformados y otros de investigación, además del uso de motos, que ya estarían trabajando en el territorio “recogiendo información valiosa”.

Desde el Centro de Comando Unificado se está haciendo foco en la lectura de matrículas de vehículos que circulan de forma sospechosa. “Yo les digo a los vecinos, hay trabajos que no son a resultado y no a tiempo, porque a la fiscalía hay que llevarle todos los elementos”, dice. “A veces nos señalan que hay una boca, hemos ido y hay pensiones, casas deshabitadas —que se han cerrado con la Intendencia de Montevideo—, en otros casos la Brigada Antidrogas tapió viviendas. Hay buenos procedimientos, hemos formalizado a personas”, dice.

Pero, como se pone en sus zapatos, anuncia que el gran cambio está por venir. Esto es: la llegada de becarios a todas las seccionales, lo que implicará sacar a la calle a los policías que antes atendían al público. Y los drones autónomos. “Se van a ver los resultados”, confía. Y advierte que no todo depende de la Policía.

Vacancia edilicia en Ciudad Vieja.
Vacancia edilicia en Ciudad Vieja.
Foto: Presidencia.

Desde la dirección de Convivencia y Seguridad Ciudadana del ministerio, Víctor Abal no ve un problema de violencia en Ciudad Vieja. “Habrá problemas, pero no podemos pensar que estamos en Jalisco porque no es lo que está ocurriendo”, apunta. El principal problema está en la convivencia con las personas en situación de calle.

“Evidentemente es un problema en términos de que hay un ecosistema de conflictos alrededor de la persona en situación de calle, que tiene que ver con la basura, con el deterioro del ambiente, con el consumo problemático, pequeños hurtos, donde ocurren estas cosas que describen los vecinos”, dice Abal. A fines de enero, cuando se llevó a cabo el Operativo Calle y la Ciudad Vieja respiró por algunas semanas, se retiraron más de 39 toneladas de basura, incluyendo colchones, sillones y todo lo que uno pueda imaginar.

Pero eso ya pasó y el panorama volvió al punto cero dicen los vecinos, que lo describen así: caca, basura, sangre.

Apuntan contra el Mides.

Cuentan ocho dispositivos del ministerio en el barrio, siendo especialmente problemático el refugio de 25 de Mayo y Colón. Aseguran que está próximo a inaugurarse el viejo local Lindolfo como un centro diurno, lo que según su perspectiva generaría un circuito junto al comedor comunitario que abrieron donde era el histórico bar El Hacha. Esto empeoraría aún más la situación, plantean. “Están forzando una convivencia rota desde hace años, no sé a beneficio de quién”, dice Pamela.

El Mides, en tanto, se negó a participar de este informe.

El camino luminoso

La convivencia en clave de seguridad ciudadana se puede ir construyendo, plantea Abal. Por ejemplo repoblando el barrio, a través de inversiones inmobiliarias que han ido interesándose en la zona y apostando a planes ambiciosos como el que acaba de difundir el Ministerio de Vivienda, que pretende recuperar al menos cuatro construcciones abandonadas, entre ellas la antigua Escuela de Enfermería.

El osado plan para rehabilitar a la Ciudad Vieja

“Los edificios no se recuperan solos, requieren de una decisión política sostenida”, dice el subsecretario de Vivienda Christian Di Candia, quien recorrió la Ciudad Vieja junto a distintas autoridades señalando los cuatro predios seleccionados para un proyecto enmarcado en el plan Entre Todos, que busca rehabilitar edificios vacantes y así repoblar el barrio. “La vivienda es la pieza que termina ordenando la recuperación de la ciudad. Si no tenemos familias viviendo, toda la otra inversión es insuficiente”, dice. La propuesta es tomar a la Ciudad Vieja como caso emblemático de recuperación de vacancia edilicia. Seleccionaron tres predios sobre la calle 25 de Mayo (uno en la cuadra con Bartolomé Mitre, otro con Zabala y el tercero con Colón) y además la antigua Escuela de Enfermería. En las tres primeras se prevé montar entre 60 y 80 viviendas. En Enfermería, en tanto, un privado presentó un proyecto con unas 248 unidades que se está analizando.

La dinámica es así: el Estado pone la tierra para que el privado construya mediante ciertos términos. “Que construya vivienda topeada en precio, no queremos vivienda suntuaria, no queremos vivienda que genere especulación”. Estará destinada a familias que compren su primera vivienda. El crédito del BHU será de hasta el 95% del valor con la posibilidad de un subsidio sobre la cuota de hasta el 30%. El Estado cobrará su parte en unidades (el 10%), que serán destinadas a planes sociales.

En breve la Agencia Nacional de Vivienda lanzará los primeros llamados para la construcción de vivienda.

O con iniciativas como la de Sábados en Ciudad Vieja (con un catálogo de actividades culturales cada tercer sábado del mes), planificada codo a codo con la Intendencia de Montevideo —el único actor que tiene el reconocimiento de los vecinos y comerciantes-—y que fue un éxito de público comparable al Día del Patrimonio. Resume la alcaldesa Patricia Soria: “No se reportó ni un incidente y los comerciantes recaudaron tres veces más que cualquier otro sábado”.

En uno de sus peores momentos, la revitalización del barrio se ha vuelto una senda que transitar para revivirlo y empoderarlo de una vez por todas como casco histórico. Bruno Tripodi, de la asociación Paseo Cultural Ciudad Vieja —integrada por el Sodre, el Solís y el Radisson Victoria Plaza como actor privado—, está convencido que hay una efervescencia rondando el barrio.

Christian Di Candia y otras autoridades en la Ciudad Vieja.
Christian Di Candia y otras autoridades en la Ciudad Vieja.
Foto: Presidencia.

“Somos conscientes de los desafíos que hay, por eso apuntamos a generar movimiento. Si esperamos a que esté todo bien para hacerlo, es como el huevo y la gallina”, plantea.

Este es otro frente que tienen abierto los mismos comerciantes, vecinos e inversores que se reúnen por la seguridad y la convivencia. La meta está en generar una gestión específica para el casco histórico, incluso una identidad gráfica, que se conforme un gabinete para tratar los problemas que tiene el barrio más antiguo con una frecuencia que le haga justicia a su potencial. Quieren convertirlo en una marca.

Van por todo.

“Es un momento de impulso nuevo, dice Tripodi, “más allá de los problemas, hay algo moviéndose. Tenemos que mirar las dos caras de esta moneda”.

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