Peñarol sigue sin reaccionar. Cambian los nombres, las variantes tácticas y los protagonistas, pero los problemas se repiten partido tras partido. El equipo de Diego Aguirre volvió a mostrar una versión muy alejada de la que necesita para pelear por el Campeonato Uruguayo y apenas rescató un empate 1 a 1 frente a Wanderers en el Parque Saroldi. Un resultado que, por cómo se dio el encuentro, terminó siendo un alivio, aunque está lejos de conformar a un equipo que acumula cinco partidos consecutivos sin conocer la victoria.
El Carbonero tuvo oportunidades para ponerse en ventaja durante la primera mitad, pero volvió a quedar en evidencia su falta de efectividad. Abel Hernández desperdició una ocasión inmejorable, Eric Remedi tampoco pudo resolver un mano a mano y un ajustado fuera de juego de Javier Cabrera dejó sin efecto un espectacular cabezazo de la Joya. Peñarol generó situaciones, pero otra vez se fue al descanso sin convertir.
Sin embargo, el problema aurinegro va mucho más allá de la definición. Al equipo le cuesta elaborar juego, encontrar sociedades y sostener una idea colectiva. Por momentos depende demasiado de las individualidades y, cuando el rival consigue incomodarlo, aparecen las imprecisiones y los errores defensivos. Wanderers lo entendió y, con una presión intensa y una propuesta valiente, consiguió complicarlo durante varios pasajes del encuentro.
El Bohemio, que llegó golpeado por tres derrotas consecutivas y con la necesidad imperiosa de sumar para escapar del descenso, encontró espacios para lastimar. Facundo Labandeira aprovechó una desatención defensiva y convirtió el gol que parecía encaminar una victoria fundamental para los dirigidos por Mathías Corujo. Peñarol, una vez más, quedó obligado a correr de atrás y mostró enormes dificultades para encontrar respuestas desde el funcionamiento.
Cuando parecía que la tarde terminaría con otra derrota, apareció Luis Miguel Angulo. El colombiano sacó un remate que sorprendió a Agustín Buffa y estableció la igualdad sobre el final. Fue una solución individual en medio de un funcionamiento colectivo que continúa dejando demasiadas dudas. El propio Angulo terminó expulsado después del encuentro, sumando otro problema para el próximo compromiso.
El VAR también tuvo un protagonismo determinante en una tarde cargada de polémicas. Un penal anulado a Wanderers, el gol invalidado a Abel Hernández, la expulsión de Nicolás Fernández que terminó transformándose en amarilla y la convalidación del tanto de Labandeira fueron algunas de las intervenciones que marcaron el desarrollo del partido.
Pero más allá de las decisiones arbitrales, Peñarol tiene problemas propios que debe resolver con urgencia. El equipo perdió confianza, carece de claridad en los momentos decisivos y no consigue sostener un rendimiento convincente. Lo que semanas atrás parecía una ventaja importante en la Tabla Anual hoy se transformó en una preocupación, porque Deportivo Maldonado tiene la posibilidad de alcanzarlo en la cima.
Wanderers tampoco se fue conforme. Estuvo a minutos de conseguir tres puntos de enorme valor para su permanencia, pero terminó dejando escapar una victoria que tenía prácticamente asegurada.
El empate dejó dos sensaciones diferentes, aunque ninguna de satisfacción. Para Wanderers significó perder dos puntos fundamentales en su lucha por quedarse en Primera División. Para Peñarol fue evitar una derrota, pero también confirmar que el equipo sigue sin encontrar el rumbo. Y lo más preocupante para Diego Aguirre es que el campeonato entra en su etapa decisiva mientras las respuestas futbolísticas siguen sin aparecer.
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