El Museo Oceanográfico es un dolor de cabeza para la Intendencia de Montevideo desde hace años. Y su destino sigue siendo una incertidumbre. Hoy parece haber una contradicción dentro de la administración liderada por Mario Bergara. Mientras el departamento de Desarrollo Económico prepara un pliego para licitar el edificio y explotarlo con fines comerciales, a nivel institucional el gobierno departamental comunica que en noviembre se reabrirá su exposición permanente.
Este 2026 no es un año más para el Museo Oceanográfico: se cumplen 70 años de su inauguración. Desde que abrió sus puertas, ha permanecido en el mismo punto de la rambla de Buceo, en un edificio levantado sobre una vieja morgue y construido originalmente para albergar un local nocturno conocido popularmente como “el cabaret de la muerte”.
Precisamente, con motivo de este aniversario, la administración de Bergara anunció en mayo un plan para revitalizar el museo. Se explicó que se realizaría un recambio integral, con propuestas tecnológicas, nuevos criterios de exhibición y reformas de las instalaciones.
“Ya se está trabajando en el proyecto y esperamos que se cristalice en no más de seis meses, con el comienzo de las obras”, dijo recientemente a la prensa Jorge Repetto, director del zoológico Villa Dolores, que adelantó los planes de la intendencia para el museo.
Sin embargo, en agosto la visión de la comuna sobre el edificio parecía haberse modificado: pretendía hacer un llamado a licitación y evaluaba destinar la totalidad del inmueble a otro fin.
“Estamos estudiando alternativas para la revitalización del ex Museo Oceanográfico”, dijo en ese mes el director de Promoción Económica, Fernando López, en la Junta Departamental.
López contó que procuraban incorporar “nuevos servicios”, respetando “el enorme valor arquitectónico, histórico y patrimonial del edificio”.
El jerarca enmarcó el proyecto en una línea de trabajo orientada a “recuperar espacios que no están desarrollando plenamente su potencial, ordenar su gestión y generar condiciones para que nuevas inversiones puedan devolverle actividad y servicios para la ciudadanía”.
También señaló que había solicitado a Catastro y Avalúo la fijación de valores estimados como referencia, “tanto para una eventual concesión de la totalidad del edificio como para una alternativa limitada a uno de sus sectores”.
“Asimismo, se han recibido propuestas de particulares, que serán consideradas como antecedentes dentro del proceso de análisis”, añadió.
¿Dos caminos?
Dos meses después de ese anuncio ante la Junta Departamental, en los últimos días de octubre, el museo aún permanece cerrado.
En paredes y columnas del edificio, visibles desde el exterior, se advierte que seguirá así “todo octubre por trabajos en salas”.
El País consultó a la Intendencia de Montevideo sobre el plan de renovación anunciado y desde el área de Comunicación señalaron que está previsto que la zona expositiva reabra a mediados de noviembre.
Explicaron que en setiembre comenzaron las obras de impermeabilización y que en octubre se realizaron trabajos en la instalación eléctrica, pintura y arreglos del revestimiento interno.
Tras la reapertura este mes, se espera que continúen las obras de refacción interna. Está previsto que finalicen a fin de año, cuando se presenten los arreglos y la nueva propuesta museográfica.
Sin embargo, la intendencia se contradice. Consultado sobre esta reapertura al parecer inminente, el director de Promoción Económica dijo no estar al tanto de esa información. “Estamos trabajando para hacer una licitación”, dijo a El País.
López contó que la intención es que, en lugar del museo, se instale un emprendimiento gastronómico, como un restaurante o una cafetería. El edificio también podría destinarse a otros fines, como una sala de eventos o una librería.
El jerarca dijo que están preparando los pliegos de la licitación, aunque todavía es temprano para establecer plazos. Primero se debe definir, por ejemplo, adónde se trasladará el museo, que alberga un patrimonio científico de gran valor.
Una vez que se hayan tomado todos los recaudos y se cuente con el acuerdo de los distintos departamentos, se podrá lanzar la licitación.
El cabaret de la muerte
Más allá de si el museo seguirá en el edificio o no, si reabrirá o la infraestructura será utilizada con fines comerciales, lo cierto es que el predio ya tuvo vidas muy diversas.
Entre mediados del siglo XIX y principios del XX, antes de que se construyera el edificio actual, funcionó allí la morgue del Cementerio del Buceo. Luego esta cayó en desuso y, 15 años más tarde, en 1925, Visconti Romano encargó la construcción de un cabaret en ese mismo lugar.
La obra, de estilo morisco y diseñada por los arquitectos Miguel Canale y José Mazzara, comenzó a construirse alrededor de 1930. Pero “el cabaret de la muerte”, como se lo conocía popularmente, no duró mucho.
En 1934, el edificio pasó a ser utilizado por la Armada, que lo rebautizó como Estación Oceanográfica.
En 1956, las autoridades departamentales lo relanzaron como Museo Zoológico Dámaso Antonio Larrañaga, en homenaje a una figura emblemática de la ciencia nacional.
Pero la historia del museo se mantuvo inestable.
En las últimas administraciones de la Intendencia de Montevideo, su destino generó dolores de cabeza. La intendenta comunista Ana Olivera
(2010-2015), manejó la posibilidad de trasladarlo a Villa Dolores, pero finalmente la iniciativa no se concretó.
Unos 10 años después, durante la gestión de Carolina Cosse, el Museo Oceanográfico seguía siendo un tema. “Para nosotros, el Museo Oceanográfico es un problema”, declaró en 2021 la entonces directora de Cultura, María Inés Obaldía, ante la Junta Departamental.
Obaldía relató los problemas de deterioro que presentaba el edificio. También comentó que se había tercerizado el uso de una parte del inmueble para que una empresa instalara allí una cafetería a cambio de realizar refacciones, pero agregó que el proceso de licitación se había detenido.