El clima que rodea a Peñarol no parece propio del puntero de la Tabla Anual. El hincha no está conforme con el plantel ni con el trabajo del entrenador, todavía le pasa factura por el clásico y por la eliminación temprana de las copas, cuestiona las lesiones y tampoco termina de digerir los planteos conservadores en partidos decisivos.
Esa tensión que baja desde las tribunas de una forma u otra alcanza a los protagonistas y basta con ver la conferencia de Diego Aguirre para percibirlo: a la defensiva, como fastidiado por el cuestionamiento permanente de la gente, los medios y las redes a su trabajo.
Por eso victorias como la de anoche sobre Racing —y la de hace dos partidos con Boston River— adquieren un valor especial al momento de pasar raya: Peñarol no deslumbra ni mucho menos, pero las papas queman y los jugadores dan una muestra de carácter, demuestran que quieren salir campeones y las tribuna —tantas veces crítica— lo valora y lo celebra.
“Porque los jugadores me van a demostrar, que salen a ganar, que quieren salir campeón...”, retumbó en el Centenario instantes después del gol agónico de Matías Arezo, a un minuto del final.
Sacó rebeldía cuando el hincha más lo exigía y ganó en la hora
El experimento de los cuatro zagueros contra Torque no salió bien y la Fiera volvió al 3-4-2-1 que venía dando resultado y que, por algún motivo, no eligió para el partido anterior.
Ayer el equipo no brilló, pero el análisis de los números fríos dice que fue superior al campeón del Apertura: tuvo un gol anulado por un offside fino, un mano a mano que falló Arezo, un remate de Remedi que exigió a Varese, otros de Espinosa y Lemos que fueron afuera y un cabezazo de Umpiérrez.
Le costó llegar con claridad, pero merodeó más el área de Racing que viceversa. Y cuando parecía que se le escapaban dos puntos claves, encontró la solución en el banco aunque pocos aprobaran el cambio, como el propio Aguirre admitió.
“Seguramente fue criticado”, ironizó la Fiera sobre el ingreso de Franco González. Pero el Cepillo fue determinante pese a estar siete minutos en cancha, porque hizo lo que ninguno pudo en los primeros 89: encarar y pasarla al medio. Se metió al área con pelota dominada y trió un buscapié que encontró al goleador en el lugar que había que estar.
Desahogo total de un equipo que parece venir a los tumbos, pero vuelve a demostrar jerarquía cuando el margen de error se achica. Tres puntos vitales y otro paso al frente en la Anual.