Casi tres años alcanzaron para que Alejo Macelli pasara de llegar a un club del que tenía pocas referencias a transformarse en uno de sus referentes y portar la cinta de capitán. El argentino encontró en Cerro un lugar en el que se siente como en casa y esa identificación llegó a tal punto que sus propios compañeros comenzaron a bromear con su nacionalidad y le pusieron un particular apodo: “Uru”.
En diálogo con Ovación, habló del presente deportivo y la pelea por la permanencia, destacó el cambio que generó la llegada de Alejandro Cappuccio al cuerpo técnico y repasó su vínculo con un club al que reconoce por haberle abierto las puertas cuando atravesaba “un momento complicado” de su carrera.
También contó que tuvo posibilidades de continuar su carrera fuera de Cerro y reveló una decisión que tomó respecto a su futuro: no marcharse a un rival directo y salvo que apareciera una propuesta muy importante seguiría en lo que hoy ya es "su casa".
—¿Cómo estás viviendo este presente con Cerro y la lucha por la permanencia?
—Es una situación compleja que ya me ha tocado atravesar otras veces en el club. Es una situación en la que no podés dejar nada librado al azar, tenés que estar 100% atento a todo. Creo que el grupo lo está llevando de una manera madura, sabiendo lo que nos jugamos, siendo inteligentes y tratando de asegurar la mayor cantidad de puntos posible para salir de esta situación lo antes posible.
—¿Hablaron de esa situación con Alejandro cuando llegó?
—Sí, obviamente. Cuando llegó sabía la situación en la que estábamos. Nos planteó y nos dio la confianza de que él confiaba mucho en nosotros, que teníamos un buen equipo y buen material, y que solamente teníamos que confiar. Nos dijo que sabía a lo que venía y la situación en la que estábamos. Eso lo tenía muy claro y para nosotros fue fundamental. Nos dio esa confianza que por ahí estábamos necesitando y creo que le hizo bien al grupo.
—Llevás varias temporadas en Cerro y te convertiste en capitán. ¿Qué encontraste en el club para sentirte tan cómodo?
—Llegué a un club del que, sinceramente, tenía poco conocimiento, pero desde el día uno me integraron, me trataron de una manera maravillosa y me hicieron sentir uno más. Me hicieron sentir una persona importante y eso para el jugador es buenísimo, más cuando sos extranjero. De a poco se fue convirtiendo en un lugar en el que nos gusta estar, tanto a mí como a mi familia. Es nuestra casa.
—También dijiste que Cerro apareció en un momento particular de tu carrera.
—Nunca dejo de decir que me dio una oportunidad en un momento complicado de mi carrera, cuando las cosas por ahí no estaban tan bien. Creo que una manera de agradecer es tratando de dar el máximo de mí y aportar desde donde me toque.
—Antes de llegar, ¿tenías algún prejuicio sobre Cerro?
—Cuando salió la oportunidad, algunas personas que conocían el club me dijeron que era complicado, que por ahí no estaba al día y que podían pasar cosas que no estaban buenas, pero me encontré con todo lo contrario. En su momento no estaba al día —hoy sí, gracias a Dios—, pero cuando llegué los dirigentes me lo dejaron claro y decidí aceptar la propuesta y el desafío sabiendo eso.
—¿Y qué encontraste después de casi tres años en el club?
—Jamás tuve un apriete ni tuve que pasar por un mal momento. En Argentina muchas veces estábamos acostumbrados a esas cosas. Me encontré con un club muy familiar, donde la gente siempre apoyó y tiró para adelante. Obviamente puede haber disconformidad cuando el equipo no gana porque el hincha lo siente, pero me encontré con un club hermoso, muy familiar, que a mí y a mi familia nos trató de una manera maravillosa.
—Venías del ascenso argentino. ¿Te costó adaptarte a un fútbol con menos público en algunos partidos?
—No, porque para mí venir a jugar a Cerro, a la Primera División del fútbol uruguayo, era una gran oportunidad. Yo jugaba en el ascenso y llegar a Primera era algo que había soñado siempre. Tenía que aprovecharlo al máximo. Si lo comparás con Argentina, obviamente va mucha más gente allá, pero también somos muchísimos más habitantes. Acá se vive el fútbol con mucha pasión y de una manera muy linda. Me encanta y el fútbol uruguayo me sorprendió para bien.
—Te transformaste en capitán siendo extranjero. ¿Qué significa para vos?
—La cinta de capitán es importante, pero no es algo que me cambie. Hoy me toca llevarla, pero en nuestro plantel hay muchos capitanes, con trayectorias increíbles y que transmiten un mensaje y bajan una línea que hay que seguir. Están el "Zorro" Suárez, Brahian Alemán, el "Monito" Irrazábal, Gianni Rodríguez. A mí me toca llevar la cinta, pero ellos también son capitanes y todos los días aprendo de ellos. Es un orgullo ser esa figura dentro del club, más siendo extranjero.
—Hay algo particular: tus compañeros te dicen “Uru” pese a que sos argentino. ¿Cómo surgió?
—Todo empezó con el Coco Rodríguez, nuestro entrenador de arqueros. Me decía: “Vos sos uruguayo”, y empezó a decirme “Uru, Uru”. Quedó como una chicana. Cuando me preguntan: “¿Vos sos argentino?”, yo digo: “No, soy uruguayo”. Quedó como una joda con el Coco. Él me grita “Uru”, no me dice por mi nombre, y yo lo jodo y le digo: “Decime Uru, decime Uru”.
—Entonces también encontraste un lugar en Uruguay en el que estás cómodo junto a tu familia.
—Encontramos un lugar hermoso, que nos trató bien y nos hizo sentir como en casa desde el primer día. Mi hijo hizo todo el jardín acá en Uruguay y siempre decimos que nos sentimos muy felices. Vivo en el Centro, pero cada vez que tenemos la oportunidad o viene familia vamos para el Cerro, a conocer la Fortaleza. También tratamos de aprovechar el tiempo libre para conocer diferentes partes de Uruguay porque nos gusta mucho.
—Además estás atravesando un momento muy especial a nivel familiar.
—Sí, la verdad que muy feliz. Junto con el nacimiento de mi primer hijo, Román, estas son las etapas más felices de mi vida. La nena nació acá en Uruguay y, más allá de ser extranjeros, nos atendieron de una manera maravillosa. Estamos recontra agradecidos con toda la salud y con toda la gente que nos ayudó porque, nuevamente, nos hicieron sentir como en casa.
—Por tu rendimiento, ¿tuviste posibilidades de salir de Cerro en algún período de pases?
—Sí, tuve chances, pero no se dieron o elegí quedarme en Cerro ante alguna otra oportunidad. A los dirigentes les había dicho que no me iba a ir a un rival directo de Cerro o que tenía que aparecer una propuesta muy buena para irme. Llegaron oportunidades, pero la elección siempre fue quedarme, tanto por mi parte como por la gente del club, que me demostró que quería que estuviera.
—¿Cómo manejás personalmente cuando aparecen esas posibilidades?
—Trato de mantenerme al margen, preocuparme por jugar y que, cuando surjan esas cosas, hablen mis representantes o la gente del club. Porque te altera la realidad y el momento. Uno, por ahí sin querer y sin darse cuenta, se va de cabeza a esas cosas y creo que sería una falta de respeto para el grupo y para el club.
—Después de estos años, ¿qué impresión te dejó el fútbol uruguayo?
—Me sorprendió muchísimo la cantidad de jugadores que se van de Uruguay al exterior y cuántos vienen a buscarlos. Es una vidriera hermosa para los jóvenes uruguayos. Me sorprendió para bien y me alegra que el fútbol uruguayo esté creciendo tanto.
—Si tuvieras que explicarle a un amigo o familiar argentino qué es Cerro en Uruguay, ¿cómo lo describirías?
—Es hermoso. Es un club popular, luchador y que siempre trata de salir adelante más allá de cualquier dificultad que se pueda presentar. Como dice siempre la gente de Cerro, es un club que con garra y valentía siempre va para adelante.
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