Uno de los bancos más grandes del mundo ve a Uruguay entre países en "zona difícil" y alerta por capacidad de reformas

El banco Citi, uno de los más grandes del mundo, emitió un informe acerca de la situación actual en América Latina, que contiene un apartado sobre Uruguay.

Citigroup es una empresa de servicios financieros con sede en Estados Unidos. Foto: Reuters.
Sede del grupo Citi en Estados Unidos.
Foto: Archivo El País.

El banco Citi, uno de los más grandes del mundo, emitió un informe acerca de la situación en América Latina -que contiene un apartado sobre Uruguay-, donde hizo hincapié en que el ciclo político (al que definió como "complejo y desafiante") se caracteriza por "minorías legislativas" y presidentes "relativamente impopulares" lo que dificulta la aprobación de reformas necesarias. En este aspecto, Uruguay aparece entre los de menor calificación en un Índice de Estabilidad Política desarrollado por el banco, debido a la baja aprobación del presidente Yamandú Orsi y el hecho de que el Frente Amplio no cuenta con mayoría propia en el Parlamento (en la Cámara de Diputados).

"En Latinoamérica se desarrolla un ciclo político complejo y desafiante. Este ciclo se caracteriza por una combinación de un fuerte sentimiento anti-gobernante, una profunda polarización social y un vaivén político de izquierda a derecha que, en ocasiones, genera gobiernos frágiles y fragmentados", indicó el banco en un informe.

"En toda la región, los ciclos electorales recientes han castigado sistemáticamente a los partidos gobernantes, impulsando a figuras ajenas al sistema que, a pesar de ganar la presidencia, a menudo carecen del apoyo legislativo necesario para gobernar con eficacia. Esta dinámica genera riesgos de estancamiento político y descontento social, lo que dificulta la aprobación de las reformas cruciales (y a menudo impopulares) necesarias para la estabilidad económica a largo plazo, principalmente en el ámbito fiscal", expresó el reporte elaborado por el economista jefe de Citi para América Latina, Ernesto Revilla y por el economista para México y América Latina del banco, Felipe Juncal.

Los economistas recordaron que "la historia electoral reciente confirma una fuerte ola anti-gobernante, con votantes que rechazan sistemáticamente a los partidos en el poder en favor de la oposición, una tendencia que se aceleró tras el fin del auge de las materias primas".

"Si bien la década de 2000, impulsada por el auge de las materias primas, experimentó un período de relativa estabilidad con un número significativo de victorias de los gobernantes en ejercicio, la era posterior a dicho auge (2015-presente) se ha caracterizado por un marcado aumento de los triunfos de la oposición. Años como 2015, 2018, 2019, 2021 y 2023 estuvieron dominados por victorias de la oposición, reflejo del descontento generalizado de los votantes ante el estancamiento económico, los escándalos de corrupción y la gestión de la pandemia de covid-19. Este voto castigo constante es el principal motor de los gobiernos fragmentados y los presidentes ajenos al sistema que ahora definen el panorama político de la región", añadieron.

"Si bien esta ola de descontento contra los gobernantes en ejercicio podría interpretarse como ideológicamente neutral, su momento le ha otorgado una clara tendencia. Este voto castigo ha coincidido con el fin de un ciclo de gobiernos de izquierda que lidiaron con la recuperación económica posterior a la pandemia, la creciente inflación y el deterioro de la seguridad pública. Como resultado, la oposición que se ha beneficiado de este descontento proviene predominantemente de la centro-derecha y la derecha del espectro político. En consecuencia, la tendencia antisistema no solo genera fragmentación política, sino que también impulsa una realineación ideológica más amplia en toda la región, a medida que el péndulo se inclina hacia la derecha", afirmó el informe

"Este profundo sentimiento antisistema se explica, además, por una creciente y profunda desilusión con el propio sistema democrático. Los datos de la encuesta Latinobarómetro, revelan una tendencia preocupante: durante la mayor parte de las últimas tres décadas, la mayoría de los latinoamericanos se ha mostrado insatisfecha con la democracia. Esta insatisfacción crónica crea un terreno fértil para los discursos antisistema y la búsqueda constante de nuevas alternativas políticas. Esto se ve agravado por el debilitamiento de las identidades políticas tradicionales", explicaron Revilla y Juncal.

Ernesto Revilla, economista jefe del banco estadounidense Citi para América Latina
Ernesto Revilla, economista jefe del banco estadounidense Citi para América Latina.
Foto: Francisco Flores

"En muchos países, una parte significativa del electorado no se identifica con la izquierda, el centro ni la derecha, optando en cambio por la opción 'ninguna'. Este amplio bloque de votantes ideológicamente desvinculados es más volátil y susceptible al atractivo de candidatos ajenos al sistema que prometen romper con la clase política tradicional, la cual no ha logrado resultados", agregaron.

Para los autores, "en toda la región, los presidentes recién elegidos se enfrentan a una limitación común: las minorías legislativas que dificultan la implementación de agendas de reforma duraderas. Las coaliciones gobernantes en países como Chile, Brasil, Perú, Argentina y Colombia controlan menos del 50% de las bancas en el Congreso, lo que las obliga a negociar con una oposición fragmentada y a menudo hostil".

"Esta debilidad legislativa es un componente fundamental de nuestro sencillo 'Índice de Estabilidad Política'. Este índice suma el apoyo al gobierno en el Congreso y la aprobación presidencial para determinar la capacidad potencial de llevar a cabo reformas. Los países con bajo apoyo en el Congreso y presidentes relativamente impopulares, como Perú, Guatemala, Uruguay y Colombia, obtienen una baja calificación", indicó el reporte.

En ese indicador, Uruguay solo supera a Guatemala y Perú y está en un nivel similar al de Argentina. El índice lo lidera El Salvador, seguido de República Dominicana y México.

"Los presidentes recién electos en toda América Latina se enfrentan a desafíos de gobernabilidad, ya que sus mandatos populares, a menudo obtenidos por márgenes estrechos en contiendas profundamente polarizadas, no se han traducido en mayorías funcionales en el Congreso, lo que crea un riesgo de parálisis legislativa y una crisis política constante", advirtió el banco.

"La consolidación fiscal es el principal desafío político para muchos de los nuevos gobiernos de la región, y el costo político de los ajustes necesarios probablemente pondrá a prueba (o incluso romperá) las frágiles coaliciones legislativas que los llevaron al poder", estimó el reporte.

Identificó que países como "Colombia, Uruguay, Brasil y Panamá, enfrentan una difícil combinación de alta fragilidad política y una necesidad significativa de controlar la acumulación de deuda. Esta es la 'zona difícil', donde la capacidad política para implementar reformas fiscales impopulares pero necesarias es mínima".

En contraste, El Salvador y la República Dominicana se encuentran en una posición más favorable, con menor riesgo político y desafíos de deuda más moderados. Argentina es un caso atípico, ya que muestra una reducción de la deuda bruta, pero enfrenta una alta inestabilidad política, lo que resalta la naturaleza de alto riesgo y alta recompensa de su actual proceso de ajuste económico.

Esa "necesidad de consolidación fiscal" en la región "choca con la realidad política de gobiernos débiles y polarizados, creando un círculo vicioso potencialmente negativo. Los países requieren reformas para garantizar la sostenibilidad de la deuda, pero estas medidas son políticamente difíciles y prácticamente imposibles de aprobar sin un amplio consenso legislativo", alertaron Revilla y Juncal.

"No abordar los desequilibrios fiscales aumentará los riesgos macroeconómicos, lo que erosionaría aún más el capital político de estos gobiernos ya limitados. Por ello, el proceso de reforma fiscal será observado de cerca por los participantes del mercado para evaluar las perspectivas de estas economías. El giro político a la derecha en América Latina sienta las bases para una mejor confianza empresarial, pero las reformas necesarias y una gobernabilidad sencilla aún no están garantizadas", afirmaron.

Uruguay: "dinámica positiva" en indicadores, pero "limitaciones de competitividad"

El apartado sobre Uruguay fue elaborado por el economista jefe de Citi Research para Argentina, Uruguay y Paraguay, Ricardo Dessy.

El informe señaló que "Uruguay continúa mostrando una dinámica positiva en sus indicadores macroeconómicos, con una inflación en alza que se mantiene por debajo de la meta y una recuperación de la actividad en el primer trimestre. Sin embargo, el entorno global incierto derivado del conflicto en Medio Oriente, sumado a ciertas limitaciones de competitividad, sugiere que no se deben anticipar indicadores que superen significativamente las expectativas".

Respecto a los precios, el Citi indicó que "la inflación continuó su tendencia alcista en mayo, alcanzando el 3,77% interanual. Si bien se encuentra dentro del rango (de tolerancia) del Banco Central (BCU), se mantiene por debajo de la meta del 4,5% para 2026, consolidando 10 meses consecutivos por debajo de la meta". El banco prevé que la suba de precios en 2026 sea de 4,2% y en 2027 alcance a 4,5%.

Ricardo Dessy
Ricardo Dessy, economista jefe de Citi Research para Argentina, Uruguay y Paraguay, en las oficinas del banco en Montevideo.
Foto: Darwin Borrelli/Archivo El Pais

En tanto, Dessy recordó que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se situó en el 0,8% trimestral desestacionalizado y en el 0,9% interanual. "Esta recuperación sugiere que la actividad podría estar superando el estancamiento observado durante gran parte de 2025", estimó el reporte. Para este año el Citi proyecta una expansión del PIB de 1,8% y para 2027 de 2%.

Respecto al dólar, Dessy explicó que "el tipo de cambio en Uruguay ha vuelto a subir en las últimas semanas, situándose ahora un 8% por encima de los mínimos alcanzados antes del inicio del conflicto en Medio Oriente. Este movimiento es coherente con una apreciación global más amplia del dólar, impulsada por las expectativas de una postura más restrictiva por parte de la Reserva Federal. Se observó una dinámica similar en Brasil y Argentina, donde el dólar se apreció un promedio del 3% en las últimas semanas. En consonancia con estos movimientos internacionales, el peso uruguayo ha experimentado la mayor depreciación nominal entre las monedas de la región durante este período".

La estimación de Citi del valor del dólar en Uruguay a fin de año es de $ 42,54 y para el cierre de 2027 es de $ 44,24.

En tanto, el déficit fiscal se ubicaría en 4,2% del PIB en 2026 y bajaría a 3,9% del Producto en 2027.

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