LasNaciones Unidas (ONU)señala que el crecimiento mundialha sido de 2,8% en 2025, proyecta que será de 2,7% este año y de 2,9% el próximo, lo que es muy poco para las necesidades que existen.
La ONU destaca que el crecimiento mundial está incluso por debajo del promedio 2010-2019 (3,2%) y que los riesgos a la baja pueden acentuarse, debido a las tensiones geopolíticas, una política comercial más restrictiva y elevada incertidumbre, además de limitado espacio fiscal y elevado endeudamiento de los países.
Si se desglosa el año 2026, los países en desarrollo crecerán 4,2% (como media) y los más desarrollados 1,6% (media).
Esto surge del informe “Situación y perspectivas de la economía mundial 2026”, elaborado por la ONU y presentado en un zoom para periodistas latinoamericanos en la tarde de ayer.
Según el organismo, Uruguay tuvo un crecimiento de su PIB de 2,2% en 2025, proyecta que será de 2,1% en 2026 y 2,4% en 2027. Para la ONU, un aumento de la economía menor a 2,4% es muy insuficiente, para cualquier país de la región en este momento.
Inflación mundial
Como temas álgidos del informe, la ONU destaca la inflación mundial, que tiende a la baja en 2026, pero hay que hacer aclaraciones. “La inflación seguirá bajando en 2026, a menor ritmo que en 2025, pero los niveles de precios seguirán siendo elevados”, apuntó Sebastián Vergara, oficial de Asuntos Económicos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU.
El experto señaló que la inflación global fue de 3,4% en 2025 y se espera que baje a 3,1%, pero habrá mayores costos en alimentos, energía y vivienda que afectarán sobre todo a los hogares de bajos ingresos, por lo que la desigualdad aumentaría en el mundo y también en la región.
La ONU considera que existe una “nueva dinámica de inflación”, caracterizada por precios con mayor volatilidad e incertidumbre, lo que representará desafíos a nivel de políticas públicas.
Esta nueva dinámica de inflación ocurre fundamentalmente por la fragmentación geopolítica y las barreras comerciales (léase, la dinámica Trump, el proteccionismo y otros fenómenos asociados) y los desastres climáticos.
Cabe señalar que los precios de los alimentos afectarán sobre todo a las economías de ingreso medio, y mucho más a las de ingreso bajo, lo que explica el aumento de las desigualdades a las que hace referencia el estudio.
La ONU prevé que continúe la flexibilización monetaria, pero con desafíos fiscales persistentes. En 2025 hubo amplios recortes de las tasas de interés (tasas de política monetaria por encima de niveles prepandemia) y se prevé que los recortes continúen, aunque suavizados, en 2026.
Asimismo, proyecta —siempre a nivel global— que las condiciones financieras mejoren, aunque con elevados riesgos. En tanto, las presiones fiscales se mantendrán, por una elevada deuda y pagos de intereses. En América Latina y el Caribe, el servicio de la deuda equivale al 17,5% de los ingresos públicos.
Los expertos señalan que muchos países de la región han pagado muy altas tasas de interés con recursos que podrían haberse destinado a temas sociales u otras necesidades domésticas.
El comercio mundial tuvo un sólido crecimiento en 2025 (3,8%) y se moderará significativamente en 2026 (2,2%), según se prevé. Se desvanece el impulso por adelanto de operaciones y acumulación de inventarios. El crecimiento robusto en el comercio de servicios sí se mantendrá este año.
Las inversiones, a nivel mundial, estarán afectadas por la elevada incertidumbre, exceptuando las asociadas a inteligencia artificial en algunos países (aparecen concentradas). La depreciación del dólar y la baja de las tasas de interés podrían ser de cierto estímulo para las inversiones, pero no suficiente.
Tal como ya se señaló, el espacio fiscal limitado (tanto a nivel regional como global) restringirá la inversión, sobre todo en economías en desarrollo.
La región
El crecimiento económico esperado para América Latina y el Caribe es de 2,3% para 2026, según la ONU, lo que es muy bajo para satisfacer las demandas existentes. El año pasado, el crecimiento del PIB regional estuvo en 2,4%.
“Se confirma la trayectoria de bajo crecimiento observada por más de una década”, dijo Ramón Pineda, jefe de la Unidad de Estudios del Empleo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Efectivamente, el crecimiento regional del período 2017-2025 fue de 1,6%.
En otras palabras, la región continuará con lo que se ha dado en llamar “la trampa de la baja capacidad para crecer”.
Esto será así por el bajo crecimiento del PIB mundial y del comercio, los riesgos geopolíticos (aranceles imprevistos y demás, ya citados) y una débil demanda interna dependiente del consumo privado.
Según la ONU, la inflación en la región —al igual que a nivel global— tendrá una tendencia a la baja; la mediana regional de este indicador fue de 2,4% en 2025. Y el déficit de la cuenta corriente estuvo en 1,6% del PIB ese año.
La situación se complicará, además, considerando que el espacio fiscal de gran parte de los países de América Latina y el Caribe es limitado, por mayores pagos de intereses por concepto de sus deudas; los intereses han ido creciendo en los últimos años.