“Hay que ponerle motor al velero”, porque si bien Uruguay ha ido disminuyendo riesgos, no puede seguir moviéndose solo con los vientos que, además, lo llevan a su antojo. Esta fue una metáfora compartida entre los panelistas del evento “Los hitos de tres décadas”, en ocasión de los 30° aniversario del suplemento Economía y Mercado del El País. También apuntaron que "los políticos" uruguayos "convergieron a la mediocridad" y que "faltan liderazgos". Participaron en la discusión sobre “qué tanto cambió Uruguay” en este período los columnistas de la publicación: Aldo Lema (socio de Vixion Consultores); Javier de Haedo (director del Observatorio de la Coyuntura Económica de la Universidad Católica); Isaac Alfie (exdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y exministro de Economía y Finanzas); y Jorge Caumont (director general del estudio Jorge Caumont & Asociados).
También participó Marcel Mordezki, catedrático de Gestión Tecnológica e Innovación de la Universidad ORT, con una charla sobre la “Inteligencia Artificial (IA) y los negocios, ¿estamos prontos para el impacto?”.
La imagen del “velero sin motor” sobre la situación de Uruguay en el mundo, apareció varias veces en la discusión. Por ejemplo, consultado sobre qué tanto cambió Uruguay en las últimas tres décadas, Caumont sorprendió con unos segundos de silencio y su respuesta fue: “No hemos cambiado”.
Posteriormente, otros panelistas enumeraron los cambios más visibles, como la reforma jubilatoria, bajar la inflación a un dígito y otros “hitos”, aunque al decir de De Haedo, “es cierto que nos comimos la pastilla de que, con la estabilidad macro y política, alcanza. Y no es así”.
Caumont fundamentó su observación en que la inversión en el país era del 16% del Producto Interno Bruto (PIB) hace 30 años y hoy también está en ese nivel; además, el número de personas en el sector público era alto y lo sigue siendo, entre otras situaciones.
Lo cierto es que el clima del panel se caldeó cuando profundizaron un poco en el tema de los impuestos. “Hubo inversiones grandes en el país, como las de las tres (plantas de producción de) celulosas, pero no dejaron pago de impuestos”, observó Caumont.
Para De Haedo, es claro que sin el atractivo de las zonas francas —con exoneración impositiva—, es muy difícil que lleguen grandes inversiones al país.
Lema, por su parte, enumeró cómo Uruguay ha ido en sentido contrario del mundo, muchas veces para bien. Mientras el mundo fue de la gran moderación a la alta volatilidad, Uruguay se movió de la volatilidad a la moderación, gracias al desarrollo de sus políticas macroeconómicas. Uruguay también tiende a globalizarse —con sus unicornios DLocal, PedidosYa y Nowports— y a diversificarse, en tanto el mundo busca “desglobalizarse”, apuntó.
“El partido técnico-económico de Uruguay en 1996 era de arco a arco, no se jugaba en el centro de la cancha, los debates eran más divergentes; ahora hay más coincidencia tanto técnica como política”, afirmó, valorando la “moderación actual”, sin tanto peso de la derecha o izquierda extremas.
“Es por cosas así que se ven resultados, como el bajo riesgo país, que fue muy acelerado en comparación con otros comparables”, dijo Lema.
De Haedo, a su turno, dio otro matiz al tema que planteó Lema y agregó que “hubo convergencia técnica, pero los políticos convergieron hacia la mediocridad. Juegan en la mitad de la cancha y no tiran a ningún arco”.
“Hacia 1996, veníamos de un gobierno más reformista desde el retorno a la democracia. Antes (en la dictadura) hubo un gran ministro de Economía y Finanzas, quizás el mejor que hayamos tenido, Alejandro Végh Villegas, quien hizo reformas muy importantes que siguen hasta el día de hoy. Y tuvimos otro gobierno (el segundo de Julio María Sanguinetti) que completó las reformas del anterior: la reforma jubilatoria y llevar la inflación a un dígito”, retomó
De Haedo fue incisivo en varias aristas: que “desde sus primeros pasos, se veía que el Mercosur es un fiasco, donde ha predominado el desvío del comercio sobre su creación”; que cuando el Frente Amplio llegó al poder lo hizo “sin dramas y sin que temblaran las raíces de los árboles”; que “tuvimos vientos de cola y tiempos de vacas gordas, pero no se ahorró”; y que “se crearon los llamados ‘espacios fiscales adicionales’ y se gastó todo”, afirmó. Finalmente, mencionó a la pandemia del covid-19, que a su entender el presidente Luis Lacalle Pou gestionó muy bien, bajo el concepto de “libertad responsable”.
“Tenemos un velero, no le hemos puesto motor y, cuando hay viento andamos bien y cuando no lo hay, no andamos. Pero hay otras imágenes. Otro columnista de El País, Francisco Faig, habla del ‘país del agua tibia’. Otro, Ignacio de Posadas, habla de ‘el pacto de la penillanura’. Y yo me refiero al ‘país del lucro cesante’ (en el sentido de que se dejan pasar oportunidades de desarrollo) o del ‘ADN estatista batllista’”, dijo De Haedo, aclarando que todo apunta a la misma película de la “mediocridad”, sentenció.
Para Alfie, Uruguay tuvo en la década de los 90 grandes impulsos de cambio con distintos gobiernos, principalmente con Luis Lacalle Herrera, Jorge Batlle y Sanguinetti en lo político, entre otros.
Habló de la revolución agrícola con la llegada de argentinos desde 2004, la restricción de impuestos a las importaciones que tuvo gran impacto y otros cambios económicos fundamentales. En línea con De Haedo, reconoció que los “espacios fiscales fueron terribles”. “Pero eso no vino de Danilo Astori, sino del Fondo Monetario Internacional (FMI)”, apuntó.
Lo que ven a futuro: "faltan liderazgos", "más impuestos"
Mirando al futuro, Alfie proyectó que la deuda uruguaya va a subir rápidamente “si no hacemos un acomodamiento, y eso significa mover el avispero”, advirtió.
Destacó la importancia de encarar la educación, hizo énfasis en que la inversión en vivienda no genera inversión, y en cómo abordar estos asuntos para, siguiendo las palabras del titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Gabriel Oddone, “sostener el modelo de convivencia nacional”.
Por su lado, Lema invitó a reforzar la calidad de la política. “No se puede afirmar que en Uruguay la política se deterioró a la velocidad que lo hizo en el mundo, pero acá faltan liderazgos”, observó.
De Haedo, planteó que si bien la sociedad uruguaya tiene valores, modelos de convivencia y red de protección social, se expone a una desigualdad mayor con el advenimiento de la Inteligencia Artificial, por lo que habrá que "poner más impuestos". “Y eso será el menor de los problemas que vamos a tener”, alertó.
Caumont, en el cierre sobre la visión de futuro, prefirió ir por otro lado y criticar al proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida”, por no incluir temas como Ancap, El Correo y AFE. “¿Para qué querés un correo? Hasta Mercado Libre te trae las cosas antes de que uno las encargue”, ironízó.
La IA y el “tecno-optimista crítico”
Marcel Mordezki, quien se definió como un “tecno-optimista crítico”, hizo una presentación aparte y comenzó desmitificando algunos supuestos, como que la IA se va a convertir en un “fenómeno Terminator”, aunque reconoció los riesgos asociados en materia de ciberseguridad y autonomía.
“Hemos gastado mucho en alineamientos, queriendo que la IA adopte los valores humanos, pero también estamos trabajando bastante en sandbox (pruebas sin poner en peligro el sistema principal)”, afirmó.
El ingeniero proyectó que, con la IA, habrá puestos de trabajo que se van perder y otros que van a aumentar su demanda, pero que aún no se puede realizar un balance neto, aunque recalcó que es optimista.
Mordezki entiende a la IA como una “burbuja buena”, reconociendo que algunas empresas que hoy están en los titulares de los diarios pueden quebrar.
Mordezki habló sobre robots humanoides, autos autónomos voladores, cohetes espaciales, biología personalizada con dispositivos médicos especializados y otras invenciones que ya están en producción. “Manténganse vivos en los próximos años, porque en un futuro próximo no se van a morir, si no quieren”, lanzó al hablar sobre los avances de la biotecnología.
De cara al futuro, proyectó que Uruguay, que no está en el grupo de países de mayor desarrollo, va a tener que esperar “la ola de crear aplicaciones basadas en IA”.
Opinó que el negocio de los humanoides será el mayor en las industrias, así como el de genética y salud, que “generarán trillonarios y cuatrillonarios”, dijo, aunque también gran pobreza a quienes no se sumen a los nuevos negocios.
El evento de Economía y Mercado tuvo lugar en el Hyatt Centric con la empresa Navios como sponsor.