El titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Gabriel Oddone, considera que gobernar en la incertidumbre del mundo actual no exime de tener que dar algunas certezas como país. De hecho, en un evento organizado por el Círculo Uruguayo para la mejor Gobernanza de las Organizaciones (CUGO), destacó que desde su cartera procuran dar certezas tributarias y evitar distorsiones de precios que posterguen, por ejemplo, decisiones de inversión.
El ministro señaló que éste es el primer gobierno que no tiene mayoría parlamentaria desde el año 1985, sin embargo, avanza con su sistema político, que es valorado también en el exterior. Por ejemplo, en la más reciente Rendición de Cuentas el 70% de los artículos fueron aprobados por el Poder Legislativo. “El sistema funciona y eso es parte de los activos que tenemos que cuidar”, dijo Oddone.
“Pero la penetración de outsiders moviliza la sociedad y genera otro ruido, por eso no hay que descuidarse”, advirtió. Esto es, según explicó, porque los sistemas políticos se pueden deteriorar muy rápidamente, como ha ocurrido en la región con "elementos que contaminan".
Según opinó el ministro al ser entrevistado por el economista y presidente de CUGO, Javier de Haedo, la fortaleza de los partidos políticos y las coaliciones en Uruguay hacen que la penetración de los outsiders sea más difícil, pero no por ello el riesgo deja de existir.
El evento que se realizó ayer en la sede de la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe tuvo como tema de convocatoria “Gobernar en la incertidumbre: decisiones de directorio en nuevos escenarios”. El mismo contó con la participación de autoridades nacionales, empresariales y diplomáticos.
Así como destacó De Haedo, Oddone conoce “los dos lados del mostrador”, dado que antes de ser gobernante, fue socio de la consultora CPA Ferrere. Con ese bagaje, los economistas enumeraron los factores de incertidumbre mundial, en materia de costos de capital, tasas de interés (que están subiendo), el precio de la energía y de las materias primas, problemas de abastecimiento, impactos de la inteligencia artificial en el trabajo, ataques al multilateralismo, elementos migratorios, climáticos, intereses por minerales críticos y tierras raras en una nueva geopolítica, entre otros. “Son tiempos difíciles para gestionar gobiernos”, resumió De Haedo.
Con esa introducción, Oddone explicó que gran parte de esos procesos se iniciaron con la crisis del año 2008, con la insatisfacción de las clases medias en el mundo globalizado occidental que, de alguna manera, han dado lugar a respuestas de alta fragmentación política y retorno de ideas populistas, jalonados por procesos migratorios que a su vez despertaron reacciones xenófobas que no se veían desde los años 40.
“Es importante que en Uruguay seamos conscientes de que la configuración de la gobernanza de los países en el sistema internacional está en manos de gente que piensa muy distinto de lo que pensó la mayoría de las élites de los 40 en adelante”, afirmó Oddone, refiriéndose a personas con alta vinculación en el mundo de los negocios o con soluciones ante problemas autoritarios y populistas en esa época.
Ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone.
“Si yo les hubiera dicho en diciembre pasado el desenlace que tuvo Venezuela en enero (la captura de Maduro), les habría sorprendido a unos y otros. Si les hubiera dicho hace unos cinco años que Europa iba a estar bajo la sombra de una guerra y de una ocupación (rusa), era difícil de creer. También con el conflicto en Medio Oriente y el conflicto de Ormuz con el impacto en los combustibles”, señaló, además de mencionar que los avances de sistemas de gobierno se ven desafiados también por factores ambientales, tecnológicos y por la fuerza de China.
“No hay un evento disruptivo cada día, pero sí todos los días surge algo sobre lo cual hay que posicionarse”, apuntó en relación a los desafíos específicamente para Uruguay, un país pequeño, abierto al mundo, y que se adhiere al multilateralismo.
El ministro compartió el fuero interno de lidiar con estos asuntos y tomar decisiones que tocan intereses, al reconocer que no se sabe cómo pueden reaccionar los agentes políticos, porque “son nuevos, intempestivos en su proceder y a veces impredecibles”, sin mencionarlos. Esto sobre todo en una región donde también ha ido cambiando sus liderazgos recientemente y, por lo tanto, “están en proceso de conocerse”. Diferenció esta situación a los años 80 y 90, cuando Julio María Sanguinetti interactuaba con personas que ya conocía de otros períodos de gobierno.
Aterrizando a las políticas económicas, De Haedo destacó tres dimensiones: el crecimiento de la economía, los precios relativos (inflación, tipo de cambio real, salarios, transables y no transables), y la sostenibilidad fiscal.
Al respecto, Oddone consideró que la base de todo eso es la estabilidad macroeconómica. “No se conoce ningún proceso histórico exitoso en términos de bienestar, que no esté asentado en estabilidad económica y fiscal”, dijo el ministro, resaltando la importancia de dar certezas a los agentes económicos.
Según la política que defiende, hay que evitar dar “sorpresas tributarias”, que tranquen o generen problemas en las decisiones de inversión.
De esta forma, la prioridad es que Uruguay garantice estabilidad financiera y, a su entender, puede hacerlo después de haber vivido las crisis en 1965, 1982 y 2002, a partir de las cuales el país construyó una arquitectura de gestión económica que en la región todavía no está generalizada.
Otro aspecto fundamental que destacó Oddone es el desafío demográfico de Uruguay, por lo que entiende que la clave es aumentar la productividad, en especial en la economía no transable. “El 80% de la población trabaja en el sector no transable”, recordó, y reconoció que cualquier cambio -también a ese nivel- es políticamente costoso y, por lo tanto, lento.
“En la medida en que el país funciona, no hay ningún gobernante que tenga mandato para hacer cambios radicales y profundos, sino transiciones moderadas”, sostuvo Oddone.
Asimismo, dijo que al sector privado “le cuesta entender” que los tiempos de Uruguay son lentos, porque se gestiona el disenso y “éste es un país garantista”.
“Uruguay no tiene un sistema bipartidista hoy, pero me da la impresión que estamos convergiendo a eso”, agregó Oddone en otro momento de la conversación.
Sobre ese punto, De Haedo observó que los bloques políticos en el país suelen resolver sus diferencias en lo interno y muchas veces no habilitan otro tipo de intercambios. El ministro reconoció este tipo de situaciones ante las que, según dijo, “no se pueden construir mayorías sin tener en cuenta la voluntad de los votantes; eso supondría una afectación a la credibilidad”.
En tal sentido, consideró que Uruguay ha logrado de esta manera políticas de Estado en materia energética, fiscal y otros asuntos que resolvió, aunque mantiene problemas de seguridad y competitividad. “Tenemos problemas, pero muchos están resueltos. Hay que reconocer eso. Uruguay tiene exceso de falta de autoestima”, concluyó.
Directorios empresariales en jaque
En uno de los paneles del evento, se abordó “cómo debe gobernar un directorio en un entorno incierto”. Participaron Nicolás Albertoni, exvicecanciller de Uruguay; Laura Raffo, directora de Antel; Bárbara Mainzer, directora ejecutiva de la Asociación de Bancos Privados (ABPU); y Fernando Jiménez de Aréchaga, asesor estratégico de Dentons Jiménez de Aréchaga.
Albertoni habló de la acumulación de coyunturas críticas que se vive, por lo que quienes ejercen la gobernanza cada vez necesitan más formación holística.
“Antes se hablaba mucho tiempo de las predicciones, pero estamos en un país que, por ejemplo, tiene más diversidad por la migración que llega y la gobernanza no suele integrar ese tema nuevo en el directorio”.
Asimismo, instó a dejar de lado las planificaciones estructuradas, porque los resultados hoy son mejores cuando hay reacciones rápidas ante la “avalancha”, afirmó haciendo una analogía con los equipos que escalan el Himalaya. “Se preparan, pero sobre todo reaccionan”, reafirmó.
Por su lado, Raffo hizo hincapié en el impacto de la inteligencia artificial en los negocios y trajo a colación los riesgos aparejados, como el caso de Anthropic y la filtración masiva de información sin control. Señaló que la seguridad ha pasado a ser un tema central para la gobernanza, no solo técnico.
También hizo foco en la nueva competencia que se ha surgido con empresas pequeñas, ágiles y basadas en inteligencia artificial (IA), y mencionó un estudio de PwC que indica que el 80% de los directores de empresas siente que no reciben la información necesaria sobre IA y su incidencia en las empresas.
Según manifestó, la gobernanza debe incluir más temas de esta tecnología y de geopolítica en la formación continua empresarial.
En tanto, Mainzer se refirió a la buena resiliencia y actualización tecnológica de los bancos en Uruguay, gran parte de los cuales tienen matrices en el exterior y, por ende, funcionan con estándares internacionales.
Ante la gran incertidumbre del entorno, “el desafío para los directores es no paralizarse”, recomendó, al tiempo que invitó a hacer cambios aún sabiendo que no se van a ver los resultados sino hasta próximas generaciones.
Finalmente, Jiménez de Aréchaga se concentró en la importancia del compliance en los directorios, hoy más que nunca. Lo valoró como ordenador mundial y advirtió, si las empresas no adoptan compromisos de la alta calidad, quedan fuera de mercado.
“Si piensas que invertir en compliance es caro, no hacerlo lo es mucho más”, parafraseó. Recordó en tal sentido que actualmente no se ganan contratos sin sistemas de gestión y compromiso respaldados por mediciones de calidad ISO.
La experiencia argentina
Santiago Gallichio, presidente del Instituto de Gobernanza Empresarial y Política (IGEP) de Argentina, consideró que hoy en día los directorios deben actuar más como empresarios o accionistas que como directores o gerentes, asumiendo que se requieren cambios estructurales ante la creciente incertidumbre.
Opinó que en Argentina, en este momento, existen focos de estabilidad interna, pero también “división de aguas” en los directorios, ya que algunos consideran que “no se va a volver atrás”, mientras que otros están esperando “que la ola pase”. El no haber actitud unívoca de base, complejiza las proyecciones. “Ya se verá cuál de las dos partes está equivocada”, agregó.
“En Argentina hay más agilidad que en Uruguay, pero asociada al cortoplacismo, que no es bueno”, lanzó.
Proyectó, asimismo, que las presiones tensan las relaciones entre directorios y accionistas, por lo que hay que aprender a gestionarlas.
Como cierre, observó que a nivel internacional los temas de salud mental en el trabajo son más recurrentes, debido a que los procesos que se viven son altamente estresantes, incluyendo cuando la IA se siente como una amenaza.