"A las puertas de una nueva etapa": el banco Citi proyecta una década histórica para la región pero advierte a Uruguay

Un reporte del banco estadounidense Citi señala que la región reúne las mejores condiciones en décadas para un despegue económico por la debilidad del dólar, aunque advierte sobre el rezago de Uruguay

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Oficita de Citi en Nueva York.

Con diferentes situaciones según los países, "la confluencia de condiciones externas favorables, gobiernos amistosos para los negocios y la ventaja de estar en una posición estratégica para un mundo en plena reconfiguración" América Latina está "a las puertas de una posible nueva etapa de desarrollo, capaz de lograr esa esquiva convergencia hacia niveles de ingresos más elevados", sostuvo un informe del banco estadounidense Citi titulado "Latinoamérica, lista para despegar. El ciclo macroeconómico se inclina a favor de América Latina", al que accedió El País.

"América Latina está lista para despegar. O, para ser más precisos: las condiciones para que América Latina alcance una tasa de crecimiento más elevada son las mejores en décadas, y es momento de aprovechar la oportunidad", afirmó el Citi.

"La última vez que la región logró una aceleración sostenida del crecimiento fue entre 2003 y 2008. En aquel entonces, un dólar débil y unos precios de las materias primas elevados se combinaron para crear el escenario propicio para el crecimiento. Esas condiciones, y otras más, están presentes nuevamente hoy", sostiene el reporte.

Para el banco "el principal problema económico de América Latina es la falta de convergencia. Es decir, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de la región no ha aumentado hacia el nivel del PIB per cápita de Estados Unidos —es decir, no ha convergido con él—, tal como predeciría la teoría económica básica dado el mayor potencial de crecimiento de una economía menos desarrollada".

"En 1990, el PIB per cápita de América Latina representaba el 28% del de Estados Unidos. En 2025, esa cifra se situaba en el 26,4%. Esto significa que el nivel de vida relativo del latinoamericano promedio frente al estadounidense promedio no solo no se ha mantenido estable, sino que ha retrocedido ligeramente tras 34 años. El contraste con las economías emergentes de Asia y de Europa y Asia Central es marcado, y la tendencia se asemeja más a la del África subsahariana", marcó.

"Si bien el éxito de las economías emergentes de Asia (+20 puntos porcentuales) es extraordinario e imposible de replicar, revertir el estancamiento de América Latina y lograr cierta convergencia constituiría un logro significativo. Lo que está en juego es mucho para los 660 millones de habitantes de la región, para los inversores cuya suerte está ligada al futuro de la misma y para las generaciones venideras", añadió.

"Es necesario que los astros se alineen", señaló el Citi y explicó que "para comprender por qué América Latina se encuentra ahora ante un abanico de posibilidades, es preciso entender la combinación de factores que estuvieron presentes en episodios anteriores de alto crecimiento" y "el entorno actual brinda a América Latina una oportunidad única, ya que las piezas están encajando tras un largo periodo".

Según el banco "no es fácil identificar características comunes en los episodios de alto crecimiento. En el caso de América Latina, por lo general se considera que un crecimiento elevado requiere precios sólidos de las materias primas, estabilidad política interna —o al menos continuidad en las políticas— y gobiernos pragmáticos. Estas características vuelven a estar presentes (en muchos países)".

"No obstante, al analizar la historia, no se observan muchos denominadores comunes en las etapas de gran crecimiento. La trayectoria de crecimiento de la región desde la Segunda Guerra Mundial puede dividirse en tres grandes periodos: la industrialización impulsada por el Estado (1950-1980. "el periodo de mayor crecimiento registrado" con "inversión y urbanización en máximos históricos y que "finalizó con el 'shock Volcker'" de suba de tasas "y la crisis de México de 1982"), la era del Consenso de Washington (1990-1997, con "rápida apertura comercial, reformas institucionales reales con bancos centrales, privatizaciones y principalmente recuperación, no nuevo crecimiento; terminó en una cascada de crisis" entre 1994 y 2001) y el súper ciclo de las materias primas (2003-2013, con "el mejor marco macroeconómico de todos los periodos; impulsado por las materias primas, oportunidad desaprovechada: sin inversión ni crecimiento de la productividad" y "finalizó con el episodio de volatilidad del mercado de 2013)", agregó.

Según el informe "al examinar la situación más de cerca, se aprecia que la evolución del dólar estadounidense tuvo un impacto significativo en la trayectoria de América Latina".

"En la historia de América Latina, el factor principal que explica una parte importante del desarrollo de la región es el comportamiento del dólar estadounidense en sentido amplio. En cierto modo, el ciclo del dólar es la variable determinante para la suerte de América Latina" ya que "actúa como espejo del PIB per cápita en relación con el de EE.UU. (nuestra métrica de convergencia). Rara vez se encuentra una relación tan clara en economía, y particularmente en la economía del crecimiento", argumentó el Citi.

"El único periodo de convergencia sostenida que América Latina ha logrado en los últimos 35 años (+4 puntos porcentuales, pasando del 26% al 30% de los ingresos de EE.UU. entre 2002 y 2011) tuvo lugar durante la década de debilidad del dólar. En la década de 2000, EE.UU. registraba grandes déficits comerciales, los tipos de interés eran bajos tras el estallido de la burbuja de las 'puntocom' y la crisis financiera mundial, y el rápido crecimiento de China y de los mercados emergentes desvió las inversiones de capital fuera de EE.UU., generando a su vez una fuerte demanda de materias primas. La década de fortaleza del dólar (2011-2024) revirtió toda esa convergencia. Si está comenzando una década de dólar débil, América Latina debe aprovechar la oportunidad", sostuvo el banco.

"Un dólar débil se asocia con un mayor crecimiento en América Latina, ya que implica condiciones financieras más favorables para los mercados emergentes. Los flujos de capital aumentan a medida que los inversores buscan divisas más fuertes y mayores rendimientos, el servicio de la deuda resulta menos costoso (dado que los mercados emergentes tienen una parte importante de su deuda denominada en dólares) y los precios de las materias primas son más elevados", añadió.

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"Además, se reduce la inflación importada (al fortalecerse la moneda local), lo que permite a los bancos centrales locales relajar los tipos de interés, mientras que la tecnología y los bienes de capital extranjeros se abaratan en términos de moneda local. Por tanto, no sorprende que las etapas de debilidad del dólar beneficien a los mercados emergentes y les permitan acelerar su convergencia con las economías avanzadas (o con EE.UU. en particular) durante esos periodos", fundamentó.

El informe recordó que "entre enero de 2025 y agosto de 2026, el dólar se depreció cerca de un 9%. La gran incógnita para América Latina es cuánto durará esta etapa de dólar débil (o más débil). ¿Se trata de un fenómeno cíclico o estructural? Dado que los pasivos de EE.UU. están denominados en dólares y sus activos externos en moneda extranjera, un dólar débil actúa como mecanismo que limita el crecimiento exponencial de la Posición de Inversión Internacional Neta (PIIN). En segundo lugar, una mayor incertidumbre política en EE.UU. no implica necesariamente la liquidación de posiciones en dólares; sin embargo, sí conlleva un aumento en los ratios de cobertura para dichas posiciones, lo que provoca una depreciación de la moneda. Puesto que los ratios de cobertura eran bajos antes de 2025, existe margen para un incremento gradual pero significativo hacia nuevos niveles. En tercer lugar, al analizar los ciclos prolongados del dólar, parece que el debilitamiento observado entre 2002 y 2012 fue, en parte, una corrección de la tendencia de sobrevaloración acumulada en años anteriores".

Según el Citi "dada la cotización del dólar, que se mantiene en niveles históricamente elevados, no resultaría sorprendente una corrección prolongada. Al fin y al cabo, la reversión a la media de los tipos de cambio efectivos reales (TCER) a largo plazo —en periodos de entre cinco y 10 años— es una de las pocas regularidades observadas en las finanzas globales. En cuarto lugar, aunque las recientes intervenciones en el mercado de divisas (como la realizada con el yen japonés) respondieran a motivos distintos a la voluntad directa de debilitar el dólar —por ejemplo, aliviar la presión sobre los tipos de interés a largo plazo en EE.UU.—, estas señales indican una mayor disposición a aceptar un cambio de régimen más acorde con un entorno de dólar débil".

El reporte indicó que "la madurez institucional en el ámbito macroeconómico sienta las bases para el crecimiento", ya que "uno de los factores que, en América Latina, permitió que el súper ciclo de la década de 2000 generara un fuerte crecimiento fue la adopción de un marco macroeconómico más moderno en comparación con el de la segunda mitad del siglo XX: bancos centrales que aplicaban políticas monetarias basadas en metas de inflación y regímenes cambiarios flexibles, una sólida acumulación de reservas, reglas fiscales y una regulación financiera adecuada".

"Dicho marco macroeconómico ha perdurado, ha madurado y ha demostrado su eficacia. El proceso de desinflación posterior a la pandemia está prácticamente concluido y ha puesto de manifiesto la sofisticación de los bancos centrales de la región. Actualmente, los tipos de interés reales en América Latina se sitúan entre los más altos del mundo —lo que resulta atractivo para los inversores en renta fija—; esto implica un elevado rendimiento actual (carry), pero también un margen considerable para recortar tasas, lo que impulsaría el crecimiento económico", agregó.

Mejor que el súper ciclo de las materias primas

"¿Por qué esta etapa podría ser mejor que el súper ciclo de las materias primas?" se preguntó el Citi y justificó su respuesta en que "América Latina podría estar ante otra década de fuerte crecimiento, ya que se repiten las condiciones favorables de la década de 2000, pero sumando vientos a favor adicionales y las lecciones aprendidas. La debilidad del dólar estadounidense y los elevados precios de las materias primas preparan el escenario. No obstante, la gestión macroeconómica se ha consolidado aún más, como demuestra el éxito de los bancos centrales latinoamericanos al combatir el repunte inflacionario posterior a la pandemia (actuando antes que otras regiones y que los bancos centrales de las economías avanzadas)".

"Además, a diferencia de los gobiernos de la 'marea rosa' de los años 2000, en esta ocasión la región ha girado hacia la derecha, con gobiernos más abiertamente favorables a las empresas y que buscan reformas microeconómicas. De hecho, al desglosar el crecimiento de la década de 2000 según factores externos e internos, se observa que los primeros fueron positivos y predominantes, mientras que los segundos restaban dinamismo al crecimiento. En otras palabras, América Latina logró crecer en esa década gracias al súper ciclo y a pesar de contar, en ocasiones, con gobiernos que no favorecían dicho crecimiento", agregó.

"Nuestro indicador de 'lugar y momento adecuados' para América Latina pone de relieve el enorme potencial de las economías pequeñas y medianas, así como la necesidad de que las economías más grandes hagan más para aprovechar esta oportunidad", indicó. El banco incluyó un indicador al respecto en el que combinó "indicadores de cuatro categorías que reflejan la narrativa antes mencionada: (1) factores de crecimiento, para identificar qué países tienen impulso y exposición a materias primas, inversión extranjera directa (IED) e inteligencia artificial; (2) condiciones macroeconómicas, para evaluar el margen de maniobra fiscal, monetario y cambiario; (3) instituciones y reformas, para estimar la capacidad de implementar reformas; y (4) comercio y nearshoring, para determinar quiénes pueden beneficiarse más de la reconfiguración comercial".

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En ese indicador, Uruguay aparece en el último lugar de la lista en la región según "el lugar y momento adecuados". Los mejores son El Salvador, Chile y República Dominicana.

No obstante, el Citi extrajo como "conclusión principal" que "cada país cuenta con alguna ventaja competitiva dadas las reconfiguraciones multidimensionales en curso. El desafío radica en identificarla y aprovecharla. Los países pequeños que crecen rápidamente, beneficiándose de la Inversión Extranjera Directa y de una orientación hacia los servicios, pueden prosperar a pesar de carecer de materias primas".

En el caso de Uruguay, el informe identificó que sus ventajas comparativas están en contar con el "mayor nivel de preparación en Inteligencia Artificial de la región", ser un "referente destacado en materia de Estado de derecho" y su "calificación de grado de inversión y perfil crediticio en mejora".

El banco señaló que "los países exportadores de materias primas, así como México y la región de Centroamérica y el Caribe, se benefician de las tendencias evidentes ya comentadas. Aunque Brasil enfrenta importantes desafíos fiscales, representaría una apuesta de alta sensibilidad respecto a nuestra tesis: cuenta con una divisa barata y ofrece el mayor rendimiento ajustado por inflación (carry trade con tasas reales elevadas), por lo que está altamente expuesto a los efectos de un cambio de tendencia en el dólar".

"Chile y Perú encabezan el índice compuesto de materias primas y fortaleza fiscal, aunque ambos presentan puntos débiles: en Chile se ha agotado el impulso derivado de los dividendos, mientras que en Perú la inestabilidad política crónica impide una mayor confianza de los inversores —situación que cabe esperar cambie bajo la actual administración y el nuevo Congreso bicameral—", añadió.

"Argentina avanza por la senda reformista adecuada (y más ventajosa), pero la política de cara a 2027 podría acabar derivando en un escenario de todo o nada. Por su parte, los fundamentos macroeconómicos más débiles de Colombia constituyen ahora un lastre que requiere atención", concluyó.

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