En marzo de este año, un equipo de Google publicó un estudio según el cual para descifrar la protección de Bitcoin alcanzaría con una computadora cuántica unas 20 veces más chica de lo que se calculaba en 2023. Apenas un mes después se festejó como un hito la primera “ruptura” de una clave con una computadora cuántica real, aunque la clave en cuestión era diminuta comparada con las de Bitcoin y otros desarrolladores probaron enseguida que el mismo resultado se obtenía con números elegidos al azar.
Con advertencias que suman además a la inteligencia artificial como posible acelerador, el ahorrista que ya aguantó caídas de más del 70% tiene derecho a preguntarse si esto es un nuevo capítulo de FUD (sigla en inglés de miedo, incertidumbre y duda) o un riesgo capaz de destruir el valor de su inversión. En el Finanzas de Bolsillo de hoy veremos cuánto hay de cierto en cada amenaza y qué están haciendo las distintas comunidades para enfrentarlas.
Cómo se protege
Los fondos de Bitcoin se protegen mediante condiciones criptográficas que determinan quién puede gastarlos. En el caso más habitual, intervienen una clave privada, que permite autorizar las operaciones, y una clave pública, que sirve para verificar las firmas correspondientes. Si la privada funciona como la llave de una caja fuerte, la pública se parece al plano de la cerradura: cualquiera puede verlo, pero con las computadoras actuales reconstruir la llave a partir de ese plano llevaría más tiempo que la edad del universo.
Una computadora cuántica (una máquina que aprovecha la física de partículas para resolver problemas inabordables para un equipo común) lo suficientemente grande podría calcular la clave privada a partir de la clave pública en minutos o en días. Pero ojo: en los formatos de dirección más usados, lo que queda registrado en la blockchain es un resumen matemático de la clave pública (técnicamente, un hash), y la clave misma recién se revela cuando el dueño gasta esos fondos.
Otros formatos, en cambio, la dejan a la vista desde el primer momento. Lamentablemente, una parte importante de la oferta ya tiene su clave pública expuesta. Las estimaciones más citadas ubican en torno al 30% los bitcoins en esa situación, ya sea por el formato en que están guardados o porque sus dueños reutilizaron direcciones, y en ese grupo figuran las monedas atribuidas a Satoshi Nakamoto, el creador anónimo de la red (entre 600.000 y 1,7 millones de bitcoins, según quién haga la cuenta).
Un ataque de este tipo apuntaría principalmente a las firmas, el mecanismo que demuestra que quien mueve las monedas está autorizado a hacerlo. Las funciones hash, en las que se apoyan la minería y buena parte de las direcciones, enfrentan una amenaza cuántica mucho menor, aunque eso tampoco deja a los fondos con clave oculta completamente a salvo: mientras una operación espera ser confirmada, la clave pública queda visible y una máquina lo bastante rápida podría intentar adelantarse.
Ruido y peligro real
Las computadoras cuánticas más avanzadas manejan algunas decenas de qubits lógicos (las unidades de cálculo protegidas contra errores), y el ataque estimado por Google necesita más de 1.200 trabajando sin pausa durante millones de pasos.
En cuanto a la inteligencia artificial, a comienzos de octubre Justin Drake, investigador de la Fundación Ethereum, planteó que en el corto plazo (habló de “meses y no años”) podría dar con un atajo matemático para romper estas claves sin pasar por una computadora cuántica. El jefe de criptografía de Coinbase lo calificó como FUD sin evidencia, y Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, pidió no apresurarse. Por ahora no existe ningún trabajo científico que muestre a la IA debilitando la matemática que protege a Bitcoin. Donde la IA sí preocupa es en otro terreno: en pruebas controladas mostró una eficacia creciente para encontrar y aprovechar fallas en programas, billeteras y contratos inteligentes (los programas que ejecutan operaciones automáticas sobre una blockchain). Ahí están hoy las pérdidas concretas: los cerca de US$ 3.400 millones robados en el ecosistema cripto durante 2025 salieron de errores humanos y fallas de seguridad operativa, sin que en ningún caso se rompiera la criptografía.
La defensa
El problema es que las defensas demoran años. Las estimaciones de recursos para un ataque bajan con cada publicación, mientras que migrar todos los bitcoins a formatos más seguros podría demandar entre 76 y 568 días de capacidad de la red según Chaincode Labs, y eso una vez que exista el mecanismo para hacerlo, algo que todavía no fue aprobado.
En agosto de 2024 el NIST (el instituto de estándares de los Estados Unidos) publicó los primeros sistemas de firma poscuántica, es decir, resistentes a estas computadoras. Su desventaja es el tamaño, decenas de veces mayor que el de las actuales (y por ende más caro en comisiones). En Bitcoin, la propuesta más avanzada es la BIP-360 (BIP es la sigla en inglés de propuesta de mejora de Bitcoin), incorporada como borrador en febrero, que crea un nuevo formato que no expone la clave pública vulnerable y abriría la puerta a sumar firmas poscuánticas.
Bastante más polémica resulta la BIP-361, que propone congelar, pasado un plazo, las monedas que no migren. Para sus defensores es la única forma de impedir que el primero con una máquina capaz se quede con las monedas de Satoshi; para sus detractores, es una confiscación que rompe la promesa central de la red, según la cual nadie puede disponer de fondos ajenos. Mientras esa discusión siga abierta, Bitcoin difícilmente acelere. Ethereum tiene más fondos expuestos (más del 65% según un análisis de Deloitte, porque sus cuentas revelan la clave pública desde la primera operación que firman), pero se mueve más rápido. Su fundación armó en enero un equipo dedicado, fijó 2029 como meta para proteger su infraestructura central y programó para la actualización prevista en 2027 una mejora (la EIP-8141) que permitirá a cada cuenta elegir un sistema de firma resistente. Bitcoin, en cambio, todavía no tiene calendario. [La Nación/GDA]
El misterio de Satoshi Nakamoto
La billetera con la mayor cantidad de Bitcoins pertenece al enigmático creador de la criptomoneda, Satoshi Nakamoto. Se estima que contiene alrededor de un millón de BTC, una suma colosal que ha permanecido completamente inactiva desde la desaparición de Satoshi en 2011. La incertidumbre sobre si estos Bitcoins alguna vez serán movidos o utilizados añade un aire de misterio al ecosistema de Bitcoin. El riesgo de que Satoshi Nakamoto regrese y decida vender esos Bitcoins es una preocupación constante entre los inversores, ya que el impacto en el mercado podría ser devastador, provocando una caída abrupta en el precio de Bitcoin. Sin embargo, muchos analistas creen que, si Satoshi realmente tuviera la intención de vender, ya lo habría hecho hace tiempo, o bien, que el creador puede haber tomado medidas para evitar alterar el mercado significativamente.
Por lo tanto, aunque la posibilidad no puede descartarse por completo, es considerada por muchos como una amenaza poco probable en el corto plazo. Además, se estima que alrededor del 20% de los Bitcoins existentes están perdidos para siempre, debido a contraseñas olvidadas, dispositivos dañados o billeteras inaccesibles. Esto significa que más de cuatro millones de BTC nunca podrán ser recuperados, lo que reduce efectivamente la oferta total de la criptomoneda y acentúa su escasez. Este fenómeno subraya la importancia crucial de aprender a custodiar tus tenencias de Bitcoin de manera segura. Utilizar hardware wallets es una forma efectiva de proteger tus criptomonedas.