El Bitcoin perdió aproximadamente la mitad de su valor en menos de nueve meses. Tras haber tocado un máximo histórico cercano a los US$ 126.200 el seis de octubre de 2025, cotiza por estos días por debajo de los US$ 60.000. Ante tamaña caída, en foros, programas y reportes de research aparecen explicaciones que van desde lo geopolítico hasta lo casi metafísico. En el Finanzas de Bolsillo de hoy intentaremos ordenar el ruido para separar dos planos que suelen mezclarse: por un lado, las teorías que intentan explicar la caída a partir de eventos concretos (riesgos tecnológicos, demoras regulatorias, rotación de capital) y, por otro, el patrón cíclico que el activo viene mostrando desde hace más de una década y que, si vuelve a cumplirse, tendría implicancias muy específicas sobre cuándo podría terminar este movimiento bajista.
Teorías que circulan
La primera teoría que ganó tracción este año es la del riesgo de computación cuántica. En marzo de 2026, un trabajo de Google Quantum AI redujo de manera sustancial la cantidad de recursos teóricos necesarios para vulnerar la criptografía de curva elíptica que protege las llaves privadas del Bitcoin (la diferencia respecto de estimaciones previas fue del orden de veinte veces).
Pocas semanas después, el estratega de Jefferies Christopher Wood retiró una asignación del 10% en Bitcoin de su modelo de cartera “Greed & Fear” para reasignarla a oro físico y acciones mineras, citando explícitamente la amenaza cuántica. La consultora Bernstein y Ark Invest moderaron el alarmismo (estiman entre tres y cinco años, y hasta diez o quince, según el escenario, antes de que exista una computadora cuántica capaz de romper la encriptación), pero coincidieron en algo incómodo para los tenedores: alrededor de 6 a 7 millones de bitcoins descansan en direcciones con claves públicas ya expuestas, sobre todo en wallets antiguas, y la migración de ese stock hacia esquemas resistentes requiere actualizaciones del protocolo y coordinación social del ecosistema, dos cosas que en Bitcoin no son rápidas.
El oro reflejó parte de esa narrativa al inicio del año (tocó un máximo histórico de US$ 5.589 la onza el 28 de enero de 2026), aunque desde entonces corrigió aproximadamente un 27% y cotiza estos días en la zona de los US$ 4.050, en parte por el giro de la Fed en cuanto a potenciales subas de tasas. El movimiento muestra que la prima por riesgo cuántico es real, pero también que está sujeta a los mismos vaivenes macro que cualquier otro activo.
La segunda teoría apunta al frente regulatorio. La Clarity Act (el Digital Asset Market Clarity Act, aprobada por la Cámara de Representantes el 17 de julio de 2025) lleva meses empantanada en el Senado norteamericano. Recién el 1 de junio de 2026 ingresó formalmente al calendario legislativo de la cámara alta, después de meses de disputas sobre tres puntos sensibles (la prohibición a las stablecoins de pagar rendimiento, las reglas éticas que limitarían a funcionarios con intereses cripto y el alcance de las protecciones para desarrolladores de software).
La senadora Cynthia Lummis advirtió en junio que si la ley no se aprueba en 2026, posiblemente haya que esperar hasta 2030 para volver a tratarla, y firmas como Galaxy Digital estiman las chances de sanción en torno al 50% (los mercados de predicción son algo más optimistas, en un rango del 59% al 72%). El mercado había descontado una claridad regulatoria que destrabaría inversiones institucionales largamente postergadas; cada semana sin avance funciona como retiro silencioso de esa prima, y los flujos negativos en los ETF de Bitcoin spot que se vienen observando desde mayo refuerzan la lectura.
La tercera teoría es probablemente la más estructural y la menos comentada en medios generalistas: las mineras de Bitcoin están abandonando la actividad para reconvertirse en centros de datos de inteligencia artificial. Compañías como Core Scientific, IREN, Hut 8, TeraWulf, Riot y MARA firmaron contratos de provisión de cómputo de IA por más de US$ 70.000 millones en los últimos doce meses (Hut 8 incluso cerró en diciembre de 2025 alquiler a quince años por US$ 7.000 millones con Fluidstack en Luisiana). El motivo es de pura economía: el costo total promedio de producción de un bitcoin se ubicó en enero de 2026 en torno a los US$74.300 (CoinDesk, sobre datos de la industria), por encima del precio spot durante buena parte del segundo trimestre, mientras los contratos de IA ofrecen tarifas fijas a largo plazo y márgenes notoriamente superiores. Para financiar esa reconversión, varias mineras vendieron parte de sus tenencias de bitcoin (Core Scientific liquidó cerca de US$ 175 millones en marzo) y eso, sumado a la caída del hashrate global (5,8% en el segundo trimestre, según KuCoin), introdujo una presión vendedora persistente y una pregunta de fondo sobre la seguridad de la red.
Patrones repetidos
Mientras las teorías ocupan los titulares, el Bitcoin viene mostrando desde su tercer halving una secuencia que ya se repitió tres veces. La suba fuerte arranca aproximadamente un año antes del halving (el evento que cada cuatro años reduce a la mitad la emisión de nuevos bitcoins), continúa marcando máximos históricos sucesivos hasta cerca de un año después del halving, y luego entra en una corrección profunda. La magnitud de esa corrección fue del 85% entre 2013 y 2015 (de unos US$ 1.127 a US$ 172), del 83% entre 2017 y 2018 (de 19.666 a alrededor de 3.250) y del 77% entre 2021 y 2022 (de 69.000 a 15.500 tras el colapso de FTX). El promedio simple ronda el 82%, pero hay una tendencia decreciente clara: con cada ciclo, la maduración del activo y el ingreso de capital institucional achican el porcentaje de caída. Un escenario del orden del 70% para este ciclo sería consistente con esa progresión.
A esa regularidad en la magnitud se suma una regularidad temporal. En los tres ciclos previos el piso bajista se ubicó aproximadamente un año después del máximo histórico, seguido por una fase de consolidación lateral de unos seis meses, hasta que un año antes del siguiente halving empezó una nueva aceleración alcista. [La Nación/GDA]
El "Pizza Day", la transacción inicial y las pérdidas
El 22 de mayo de 2010, Laszlo Hanyecz, un programador con antojo de pizza, decidió gastar 10.000 Bitcoins para comprarse dos pizzas. En ese entonces, Bitcoin era una rareza tecnológica sin mucho valor, pero hoy, con un valor de US$ 57.000 por BTC, esas dos pizzas costarían la asombrosa cifra de US$ 570 millones. Esta transacción se convirtió en un hito tan famoso que cada año, los entusiastas de las criptomonedas celebran el “Bitcoin Pizza Day”, recordándonos que lo que hoy parece un capricho trivial, mañana podría valer una fortuna.
Por otro lado, la primera transacción en la historia de Bitcoin ocurrió en enero de 2009, cuando Satoshi Nakamoto, el enigmático creador de Bitcoin, envió 50 BTC a Hal Finney, un reconocido criptógrafo y uno de los primeros en creer en el potencial de esta nueva tecnología. En aquel momento, esos 50 BTC no tenían un valor real en el mercado. Sin embargo, si miramos su valor hoy, estaríamos hablando de US$ 2,85 millones. Esta modesta transferencia marcó el inicio de lo que se convertiría en una revolución financiera global, demostrando que incluso las grandes ideas comienzan con pequeños pasos.
También se estima que alrededor del 20% de los Bitcoins existentes están perdidos para siempre, debido a contraseñas olvidadas, dispositivos dañados o billeteras inaccesibles. Esto significa que más de cuatro millones de BTC nunca podrán ser recuperados, lo que reduce efectivamente la oferta total de la criptomoneda. Este fenómeno subraya la importancia de aprender a custodiar tus tenencias de Bitcoin.