Veintidós kilómetros de distancia separaban dos mitades de Brasil que no se hablan. En Copacabana, una multitud roja abarrotó este sábado la avenida atlántica para apoyar la "virada" (remontada) del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT); en Barra da Tijuca, otra multitud amarilla y verde acompañó a Flávio Bolsonaro (PL), convencida de que en horas le pondrán la lápida al PT. Los candidatos coincidían en una sola certeza: "Mañana seré elegido presidente de la República otra vez”, dijo Lula. "Mañana, a esta hora, ya voy a ser su nuevo presidente", aseguró Flávio.
Con apenas un par de horas de diferencia, el presidente y el senador se midieron en Río en el último día de la campaña más reñida en dos décadas. Las encuestas no se animan a definir el balotaje: los últimos sondeos de Datafolha y Quaest, divulgados este sábado, le dan a Flávio el 51% de los votos válidos contra el 49% de Lula, empate técnico dentro del margen de error. Es la menor diferencia en las encuestas previas a una segunda vuelta desde 2006.
El acto de Lula, que después cerró en San Pablo, estaba convocado a las 10 de la mañana, mientras su rival hacía campaña en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais. El presidente tardó unos 40 minutos en aparecer. Mientras tanto, el animador del PT enumeraba medidas del mandatario una y otra vez. Algunas, aprobadas al filo de la elección, como el aumento del Bolsa Família y el fin de la escala 6x1. Otras, de los años de bonanza, como la creación del programa Farmácia Popular en 2004. La gente aclamaba bajo un sol pleno.
Al llegar, el presidente se dirigió a la prensa. Cargó directo contra Bolsonaro. "Una persona así no tiene condiciones políticas, morales y éticas de llegar a la Presidencia de la República", afirmó ante los periodistas. A sus casi 81 años (su cumpleaños es el próximo martes), dijo que jamás imaginó disputar unas elecciones "con un mentiroso, un miliciano y un no calificado como este joven". Enseguida se subió a la caja de una camioneta y empezó la marcha rodeado de devotos.
Río de Janeiro es la casa de los Bolsonaro. En la primera vuelta, el candidato del PL a gobernador, Douglas Ruas, ganó con el 50,88% de los votos, contra el 44,16% de Eduardo Paes (PSD), apoyado por Lula. El presidente reconoció esa debilidad cuando tomó brevemente la palabra en la caravana. Agradeció “a la gente de Río de Janeiro” y a sus candidatos, y admitió: “No todos ganan las elecciones, pero a menudo, incluso sin ganar, es una victoria cuando la campaña está bien organizada”.
El clima era de optimismo, de "virada". Sería histórico: ningún presidente de Brasil, desde la redemocratización, ganó el balotaje habiendo perdido la primera vuelta. Un seguidor de Lula reconoció a El País la probabilidad de que gane Flávio. "Mi deseo es que gane Lula. Espero que gane Lula, que así sea", dijo de todos modos.
Es la primera vez que Lula llega a una segunda vuelta desde atrás. El 4 de octubre, Flávio obtuvo el 47,03% de los votos válidos contra el 45,16% del presidente, una diferencia de apenas 2,2 millones de votos.
Flávio y su tropa
La caminata de Flávio fue convocada desde una plaza en Barra da Tijuca hasta el condominio Vivendas da Barra, donde vivía Jair desde antes de llegar a la presidencia, en 2018. Su hijo prometió indultarlo si gana en las urnas. En los últimos años, el portón del condominio fue punto de encuentro de bolsonaristas en vigilia.
Ataúdes con la sigla “PT”, caricaturas de Lula preso y del juez Alexandre de Moraes marcaban la tónica combativa de un movimiento que acumuló 56,1 millones de votos en primera vuelta, una cifra que ninguna encuestadora ni el propio Lula vieron venir. “Datafolha fake news”, gritaba una militante.
En este acto, a diferencia del de Lula, no había un lugar específico para la prensa. Solo 20 personas, entre periodistas y fotógrafos, lograron subir a uno de los camiones de la campaña para trabajar desde allí. Flávio Bolsonaro no necesita a los periodistas. Su imponente dominio de las redes sociales y el ejército de influencers que lo acompañan —entre ellos Nikolas Ferreira y Lucas Pavanato, que este mes se convirtieron en los diputados más votados de la historia de Brasil— le alcanzan para hablarle directo a sus votantes.
El candidato aprovechó su último recorrido para ironizar sobre Lula, que en el debate de TV Globo del viernes había repetido “googleen”, apuntando al público joven. Y de paso respondió a la primera dama, Janja Lula da Silva, que en setiembre, en un acto en Belo Horizonte, había llamado “piá de bosta” a Ferreira, de 30 años. En el sur de Brasil, “piá” quiere decir niño. “Googlealo: ¿quién es el ‘piá’ más querido de Brasil? Googlealo: ¿quién va a ser el próximo presidente de Brasil?”, gritaba el senador.
Carteles con la palabra “piá” se repetían entre la multitud y en los balcones de los edificios de la costa. "Ninguém segura os piá" (Nadie detiene a los muchachos); “Somos todos piá”. “Ella (Janja) lo usó como un insulto, pero nosotros lo tomamos y lo transformamos, ahora es nuestro. Por eso vas a ver ‘piá’ en todas partes”, explicó a El País un militante de Flávio.
Otro, "disfrazado" del juez Alexandre de Moraes, contó que suele caracterizarse como tal en cada acto que va. Dijo que el magistrado, que condenó al expresidente a 27 años de prisión por intento de golpe y se convirtió en el principal enemigo del bolsonarismo, tiene "sangre en las manos". "Esa prisión de Jair Messias Bolsonaro es injusta, yo deseo que él suba la rampa de Planalto y reciba la banda junto a su hijo, presidente de Brasil", exclamó.
La caravana llegó a destino y terminó con un padrenuestro. Al mismo tiempo, Lula cerraba en su propio territorio, la avenida paulista. En pocas horas, el Brasil de los próximos cuatro años se habrá definido.
Las claves del balotaje
Unos 158,7 millones de brasileños están habilitados para votar hoy, entre las 8 y las 17 horas, la misma franja horaria que en Uruguay. Además de presidente, se eligen gobernadores en cinco estados y el Distrito Federal. Con una diferencia de dos puntos en las encuestas, la abstención puede ser decisiva: en la primera vuelta no votaron más de 33 millones de personas, un 21%, la cifra más alta desde 1998. Gane quien gane, el Congreso ya quedó definido: el PL de Bolsonaro tendrá las bancadas más grandes de las dos cámaras desde 2027.
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