Rusia mantiene su secretismo ante la alarma mundial que ha causado el posible brote de peste neumónica en Siberia, actitud ante la que la Organización Mundial de Salud (OMS) ha pedido más transparencia para descartar riesgos epidemiológicos. Tanto Estados Unidos como países vecinos de Rusia, como China o Mongolia, se han interesado o puesto en contacto con las autoridades para conocer la magnitud de la amenaza sanitaria.
El Kremlin ofrece información con cuentagotas e insiste en que tanto la población como los medios se orienten exclusivamente por los comunicados del servicio de defensa del consumidor, Rospotrebnadzor.
La palabra peste (chumá, en ruso) ha desaparecido del vocabulario de los funcionarios. Lo mismo pasa con los medios, que han tenido que retirar informaciones que habían colgado en sus páginas web.
El diario Izvestia informó el pasado viernes de un caso penal iniciado por violación de las reglas sanitario-epidemiológicas como causantes de la muerte de una persona, noticia que después desapareció.
Mientras los medios independientes hablaron de la imposición de cuarentenas en varios hospitales, lo que fue confirmado por residentes locales, las autoridades lo negaron tajantemente. “Los medios ahora dan muchas noticias y la gran mayoría de las que publican sobre esa situación son información falsa”, dijo Dmitri Peskov, portavoz presidencial, sobre la supuesta muerte de un segundo paciente.
Rospotrebnadzor mantiene que la fallecida el 2 de octubre -una mujer de 28 años que trabajaba en el Instituto de Investigaciones de la Peste de Irkutsk y el Lejano Oriente- murió a causa de una “neumonía de etiología desconocida”.