El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha dicho claramente que “las compañías petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para reparar la infraestructura del sector en Venezuela” -ante una alicaída Pdvsa-, lo que es tremendamente atractivo para estas empresas, considerando el potencial energético del país caribeño, pero tendrán que hacer grandes desembolsos para ello.
Según Inter-American Trends -organización independiente de estudios sobre política económica, energía y seguridad con sede en Washington D.C.- esas compañías regresarán a Venezuela apenas disipada la nube de falta de garantías para sus inversiones por incumplimientos por parte del régimen chavista como en el pasado, y cuando confíen en que podrán recuperar las millonarias sumas que perdieron por expropiaciones de sus proyectos o activos en la Faja del Orinoco (sudeste de Venezuela) en 2007, en tiempos del entonces presidente Hugo Chávez, y posteriormente por otras medidas políticas vinculadas a sus licencias para operar que las impactaron.
Antonio De la Cruz, director Ejecutivo de Inter-American Trends, en entrevista con El País, dijo que ExxonMobil, ConocoPhillips y otras, tienen la capacidad de aumentar el actual casi 1 millón de barriles por día (b/d) que produce Venezuela a 1.300.000 b/d más en solo un año, una vez comiencen a operar nuevamente”.
Por ahora, lo que aún está vigente es la deuda del Estado venezolano con, precisamente, ExxonMovil y de ConocoPhillips (entre otras), las que, si bien demandaron y ganaron sus casos en arbitrajes internacionales, no recibieron todos los pagos correspondientes.
Sobre las revocaciones de licencias para operar en Venezuela (Chevron es la única con una licencia especial), esa fue una medida del gobierno de EE.UU. para presionar económicamente al régimen de Maduro, restringiendo de esa manera los ingresos a Venezuela.
Ahora el panorama ha cambiado y Trump les dará a las compañías estadounidenses el poder de aumentar la producción petrolera en Venezuela, con la “aceptación” de un amenazado régimen chavista aún en el poder. Se desconoce el modelo de negocio, pero se esbozan respuestas o escenarios.
“La visión de Trump es que las petroleras estadounidenses puedan cobrarse lo que Venezuela les debe con lo que produzcan en ese país y que unos 1.100.00 b/d se exporten a EE.UU. a fines de este año, aproximadamente. También estas compañías generarán puestos de trabajo y nuevos ingresos económicos para Venezuela”, proyectó De la Cruz, en base a los contactos que la organización que representa tiene con fuentes del gobierno de la primera administración Trump, aclaró a El País.
De acuerdo a sus informaciones, Estados Unidos no necesariamente invertiría -o lo haría muy poco- en la estatal venezolana Pdvsa durante el período de transición, ya que la explotación será llevada a cabo por las compañías estadounidenses -eventualmente también por algunas provenientes de otros países-, y se refinará en gran parte en EE.UU.; y desde allí la exportación del petróleo al resto del mundo.
De esta manera, Pdvsa mantendría sus actividades en la Faja Petrolífera del Orinoco y en Maracaibo (Zulia) en Venezuela, prácticamente como ahora, por lo menos en primera instancia. “Dependiendo de cómo evolucionen los negocios, los campos manejados por Pdvsa podrían ser objeto de venta en el futuro”, agregó De la Cruz al exponer el plan trumpista, o escenario.
De acuerdo a estudios de Inter-American Trends, el presidente Trump realiza una intervención en Venezuela como si fuera “una empresa” que da malos resultados financieros y tiene vínculos “indeseados” (para los intereses de la administración estadounidense). La “auditoría” dio lugar a un plan para salir de deudas a través de la industria petrolera, con transnacionales que buscarán sanear al país.
Por supuesto que pensar en préstamos internacionales está descartado, en tanto Venezuela no tiene capacidad de crédito por su debacle económico.
Lo cierto es que ahora volverá a abrirse el mercado petrolero venezolano con nuevos jugadores extranjeros en el tablero, además de Chevron, que ha sido fundamental para la producción petrolera en ese país, aunque no suficiente. Además, las reglas cambian.
¿Colonialismo? “No, pienso que no hay que pensar en esos términos en este caso. El mundo ha cambiado. El colonialismo es cuando un imperio se lleva los recursos y el país donde están esos recursos no recibe beneficios. Acá, lo que habrá es una relación de negocios con empresas estadounidenses que dejarán también beneficios en Venezuela. Hay una visión estratégica. Es muy distinto”, opinó De la Cruz.
Más allá del concepto, es claro que las empresas estadounidenses buscarán su rentabilidad en el país que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, estimadas en 300.000 millones de barriles, lo que representa cerca del 17% de las reservas mundiales, según datos la OPEP.
Días pasados, Francisco Monaldi, experto petrolero venezolano y director del Programa Latinoamericano de Rice University, Texas, EE.UU., estimó, en diálogo con El País, que la producción petrolera de Venezuela, con la participación de las multinacionales estadounidenses, podría subir a 4 millones de barriles diarios en un lapso de diez años.
Desde inicios del gobierno chavista, es decir desde 1999, Venezuela ha firmado acuerdos para la explotación de sus pozos petroleros por parte de China y Rusia en su territorio, además de recibir sus préstamos que tampoco fueron pagados. Ante un eventual dominio de EE.UU. en la administración del petróleo venezolano -por lo menos hasta que el país caribeño resuelva su “salida” política y pueda negociar mejor-, cabe esperar una pronta reacción de China y Rusia al respecto. En especial, es esperable algún tipo de respuesta de China, que ha seguido recibiendo el petróleo venezolano a pesar de los bloqueos estadounidenses, en forma clandestina, según fuentes de Estados Unidos.
Por lo pronto, el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró que Washington no permitirá “que la industria petrolera venezolana sea controlada por naciones consideradas adversarias de Estados Unidos”, mostrando así su postura ante la influencia en el sector energético de Venezuela.
Como primeras medidas de todo ésto, entonces, se corta la “canilla libre” de petróleo para Cuba, también las exportaciones del producto a China por vías irregulares, y entrarán nuevos modelos de negocio que favorecerán a EE.UU. y derramarán -se desconoce en qué grado- en Venezuela.
En las últimas horas, después de la captura de Maduro por parte de EE.UU., la industria petrolera de Venezuela entró en una fase de parálisis técnico, Pdvsa cerró algunos pozos y a reducir la producción por su imposibilidad de exportar, según TankerTrackers.com, citado por el diario El Nacional. También se sintieron disparos de fuerzas oficiales en Caracas el martes de noche, una pequeña muestra de resistencia.