Millones de personas que buscaban refugio del peligroso calor en Francia esta semana no han encontrado alivio con la puesta del sol, ya que las temperaturas han batido récords tanto diurnos como nocturnos. En Gran Bretaña, las máximas podrían superar el récord anterior de temperatura para junio en el país, que era de 36°C. Se han emitido alertas por calor desde España hasta Alemania.
El verano apenas comienza, pero Europa Occidental ya está sufriendo su segunda ola de calor severa del año. Los gases de efecto invernadero provenientes de la quema de combustibles fósiles están elevando las temperaturas en todo el mundo, y Europa se está calentando más rápido que cualquier otro continente, lo que la predispone a sufrir olas de calor aún más extremas.
Esto está llevando a los científicos a plantearse una pregunta urgente: ¿Qué tan intensa puede llegar a ser una ola de calor? No en las próximas décadas, a medida que el calentamiento global continúa, sino hoy mismo. Quizás incluso este verano.
"Sabemos que las olas de calor son cada vez más intensas y frecuentes, y que duran más tiempo", afirmó Rebecca Emerton, científica sénior del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo en Reading, Inglaterra. Lo que llama la atención ahora, según Emerton, es la enorme diferencia con la que se están batiendo los récords de temperatura.
En Europa Occidental, esta semana se están batiendo récords de calor por segunda vez en un mes. El martes fue el día más caluroso jamás registrado en Francia, según la agencia meteorológica nacional, con temperaturas que alcanzaron los 44,7°C en el suroeste del país.
Durante la primera ola de calor del año, hace un mes, las temperaturas superaron el récord de calor de mayo en Gran Bretaña por más de 2,2°C. También estuvieron cerca de superar el récord de junio del país, según informó la Oficina Meteorológica Británica.
Y las noches han ofrecido escaso consuelo. Durante la ola de calor del mes pasado, Gran Bretaña experimentó la primera noche registrada en la que la temperatura mínima promedio superó los 20°C.
¿Cuánto más calurosos podrían llegar a ser los veranos?
Europa se está calentando más rápido que el resto del mundo por una combinación de factores. Los países han reducido la contaminación atmosférica, lo que ha mejorado la calidad del aire, pero ha disminuido la cantidad de partículas llamadas aerosoles en la atmósfera, que reflejan la luz solar de vuelta al espacio. La capa de nieve ha disminuido, lo que provoca que la tierra absorba más radiación solar. Además, los cambios en los patrones de circulación atmosférica alrededor de Europa han contribuido a que las olas de calor veraniegas sean más frecuentes e intensas.
Por definición, las temperaturas récord deberían ser raras. Sin embargo, a medida que los humanos calentamos el planeta, el calor extremo se presenta con mucha más frecuencia de la que ocurriría si el clima fuera estable, según han descubierto los científicos. Esto ha llevado a los investigadores a intentar determinar cuáles podrían ser los límites superiores de nuestro clima, afectado por el calentamiento antropogénico.
Puede que no todos los veranos se produzcan olas de calor de tal intensidad, pero saber lo devastadoras que pueden ser podría ayudar a las ciudades, los hospitales y las compañías de servicios públicos a prepararse para lo peor.
Mediante simulaciones informáticas, los científicos han logrado avances sustanciales en la determinación de cómo podrían ser los extremos más extremos en diferentes lugares, afirmó Erich Fischer, climatólogo de la universidad suiza ETH Zúrich. Lo que no está tan claro, añadió, es cuánto tiempo podría persistir un calor tan extraordinario, exponiendo a la población a condiciones sofocantes día tras día, semana tras semana.
“¿Hay algún límite para eso?”, preguntó Fischer. “Ahí es donde creo que todavía tenemos un conocimiento relativamente limitado”.
En un estudio publicado recientemente, Fischer y otra climatóloga, Laura Suárez-Gutiérrez, demostraron que muchas de las olas de calor más severas en Europa, según sus simulaciones por computadora, ocurrieron poco después de otra ola de calor durante el mismo verano. Una de las razones es que una ola de calor puede propiciar que la siguiente sea más intensa: después de que una primera ola de altas temperaturas seca la tierra, en la siguiente ola de calor, una mayor parte de la energía solar se destina a calentar el aire en lugar de evaporar la humedad del suelo.
Las olas de calor consecutivas también dejan menos tiempo para que los seres humanos y las comunidades se recuperen.
“Nos estamos preparando un poco más para ese día en particular en el que la temperatura ronda los 50°C o 40°C, lo que equivale a más de 122 grados Fahrenheit”, dijo Suárez-Gutiérrez, profesora adjunta de dinámica atmosférica en la Universidad de Wageningen en los Países Bajos. “No nos estamos preparando, necesariamente, para un mes de 36°C, o 96,8 grados Fahrenheit”, agregó.
“Sobre el papel no parece tan extremo, pero no creo que nuestros recursos actuales estén preparados para ello”, dijo.
Por Raymond Zhong. Este artículo apareció originalmente en The New York Times.
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